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lunes, octubre 05, 2009
Dr. Abel Albino - Desnutrición en la Argentina
Video fantástico del Dr. Albino en una clase magistral donde expone el problema de la desnutrición en la República Argentina. Les recomiendo que vean el video completo, es imperdible.
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Jose María
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Etiquetas: Video
domingo, septiembre 13, 2009
EL VALIOSO TIEMPO DE LOS MADUROS.
Mensaje de Mario de Andrade
(Poeta, novelista, ensayista y musicólogo brasileño)
“..Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora...
Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido. Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades. No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a maniobreros y ventajeros. Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo. Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos. Mi tiempo es escaso como para discutir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa.........
Sin muchas golosinas en el paquete...
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír de sus errores.
Que no se envanezca con sus triunfos.
Que no se considere electa antes de hora.
Que no huya de sus responsabilidades.
Que defienda la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena. Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas….. Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí…. tengo prisa… por vivir con la intensidad, que solo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna, de las golosinas que me quedan… Estoy seguro que serán más exquisitas, que las que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia. Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás......"
Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido. Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades. No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a maniobreros y ventajeros. Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo. Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos. Mi tiempo es escaso como para discutir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa.........
Sin muchas golosinas en el paquete...
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír de sus errores.
Que no se envanezca con sus triunfos.
Que no se considere electa antes de hora.
Que no huya de sus responsabilidades.
Que defienda la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena. Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas….. Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí…. tengo prisa… por vivir con la intensidad, que solo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna, de las golosinas que me quedan… Estoy seguro que serán más exquisitas, que las que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia. Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás......"
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Jose María
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5:49 PM
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El mejor monumento
Por Osvaldo BayerMi último día de estada en Alemania me deparó una alegría inmensa, increíble, un sentimiento de que por fin se acercaba la paz, la sabiduría, al ser humano. En la ciudad de Köln (Colonia) se inauguraba el primer monumento en la historia mundial dedicada a los desertores y a los que se habían negado a disparar sus armas contra el llamado “enemigo” en la última guerra mundial. Un monumento, ¿se imagina algo así el lector? Los archivos no dejan mentir. En la última guerra, de un total de treinta mil jóvenes desertores, o que se negaron a cumplir órdenes que podrían llevar a la muerte de otros, que fueron detenidos, veinte mil de ellos terminaron ejecutados, por fusilamiento o por la guillotina. El resto fueron condenados a penas de prisión.
El monumento es una pérgola justamente enfrente del antiguo edificio de la Gestapo (la policía política nazi) y de los juzgados donde fue impartida parte de esas penas de muerte. Todo un ejemplo.
Entre los condenados a muerte hubo casos de una valentía y un coraje civil increíbles. Están también los que se negaron a formar parte de los pelotones de fusilamiento de otros condenados, como judíos o prisioneros enemigos que trataron de huir. Para hacer todo eso se necesitaba más coraje que ir y obedecer como oveja de un rebaño las órdenes militares de enfrentar al llamado “enemigo”.
Muchos de esos valientes “desertores” condenados también sufrieron el castigo de la memoria porque sus familiares, aun después de la guerra, ocultaron esa verdad avergonzándose de que sus hijos o sus hermanos no hubieran cumplido las órdenes de sus superiores.
De todos aquellos desertores sólo queda un sobreviviente, Ludwig Baumann, de 87 años, que intentó como soldado alejarse de sus tropas en el frente francés pero fue capturado. Condenado a muerte, estuvo diez meses atado de pies y manos, tirado en una celda, esperando cada día que fueran a buscarlo para fusilarlo. La justicia militar, luego de ese tiempo, lo condenó a doce años de prisión. Cuando, después de la guerra, fue liberado, sufrió entonces el desprecio de la sociedad vencida que lo trataba como un traidor. Pese a eso fundó una organización por la paz y por la rehabilitación de todos aquellos que se habían negado a disparar sus armas contra otros seres humanos. Ahora tuvo la íntima alegría de concurrir a la inauguración del monumento en Colonia. Un reconocimiento al valor de la vida. Recién ahora, 64 años después del fin de la guerra, han sido rehabilitados esos seres que dijeron no a la bala, a la violencia, al bombardeo de ciudades, a la muerte. Durante esos 64 años el partido político mayoritario alemán, la Democracia Cristiana, se negó a la rehabilitación de esos héroes civiles. El argumento era que podían servir de mal ejemplo a los soldados del nuevo ejército alemán, la Bundeswehr, que actualmente actúa en la ocupación de Afganistán apoyando a las fuerzas de Estados Unidos. Pero la ética triunfó finalmente sobre los intereses políticos. La palabra del desertor también tiene el derecho de ser escuchada frente a la del que acepta el uniforme y el arma como única razón. Ya no basta cubrirlos con las palabras de “traidor a la patria” y “cobarde”; la desobediencia ante la razón militar puede valer como un gesto individual de coraje civil. ¿En quién se puede creer más: en quien acepta callado lo que le ordenan, como ocurre con la mayoría, o los que hacen valer su derecho a discutir y poner en duda las órdenes del poder de turno?
Una frase del último desertor sobreviviente quedó para siempre en el acto de inauguración del monumento: “¿Qué mejor cosa puede haber que traicionar a la guerra?” Es hermoso pasear por debajo de esa pérgola donde uno puede leer: “Homenaje a los seres humanos que se negaron a apretar el gatillo, a los seres humanos que se negaron a torturar, a los seres humanos que se negaron a reprimir”. Y ésta, muy de actualidad. “¿En qué momento el ser humano tiene que negarse a obedecer órdenes de represión y a imponerse su propio camino a seguir ante la violencia?”
El recorrido me dejó muy contento conmigo mismo. Una buena despedida de Alemania. De Auschwitz a la pérgola de Colonia, pienso. Siempre nacen esperanzas para un mundo nuevo, pienso.
Regreso a mi país. En el camino de Ezeiza debemos detenernos: una larga cola de automóviles impide pasar. Nos bajamos para preguntar. La policía está reprimiendo a los obreros de Terrabusi, me informan. Casi creo que es una broma: “¿A los obreros de Terrabusi? ¿A los que elaboran las masitas?” pregunto casi con inocencia. Y agrego: “¿Cómo se puede reprimir a quienes hacen cosas tan ricas? Me acuerdo de chico, la alegría al masticarlas...” Me miran como si yo fuese de otro mundo.
Sí, luego me enteraré de todos los detalles: Terrabusi ahora se llama Kraft, una empresa de Estados Unidos, que ha despedido a 160 trabajadores. Comenzaron las conversaciones y se declaró la conciliación obligatoria. Cuando los trabajadores fueron al comedor de la empresa notaron la presencia de efectivos policiales. Afuera había más de cien carros de asalto. Los responsables policiales dijeron que actuaban por orden de la fiscal Laura Capra, del Juzgado No 1 de San Isidro. Los trabajadores lo tomaron como una inútil demostración de violencia en pleno período de conciliación obligatoria. Se inició la discusión y sufrieron una violenta represión policial, con gases lacrimógenos y balas de goma. Hubo obreros heridos, entre ellos una obrera con una seria herida en la cabeza. Página/12 tituló, al día siguiente el hecho como “Una lluvia de balas de goma y de gases”.
Esas primeras horas argentinas me llenaron de desazón. Venía con la alegría de haber vivido la inauguración del monumento alemán a los desertores, a los que se habían negado a emplear las balas como medio de persuasión. Y llego a mi país y lo primero que veo es una represión antiobrera, con protagonistas de uniformes, palos, gases y balazos de goma. Y una fiscal que ordenó tal forma de brutal represión, aunque posteriormente negó haber dado esa orden.
Me nació en ese momento toda clase de preguntas: ¿Cómo una empresa extranjera permite en su predio una cosa así? ¿Acaso, justamente una empresa extranjera no tendría que mostrar gestos de mano abierta por la misma razón de estar en tierras distintas? ¿Por qué el despido sin indemnización a 160 obreros sabiendo la violencia que representa eso para esas 160 familias? ¿Cómo quieren que reaccionen esos hombres cuando se ven de esa manera aislados de todo derecho? Y otra pregunta: luego de la experiencia de los desertores que se negaron a disparar contra el llamado enemigo, ¿cómo la policía reaccionó así, con toda increíble violencia en vez de ser mediadores, de tratar de persuadir a los protagonistas, de buscar soluciones honorables? ¿Por qué siempre la defensa del poder y la culpabilidad del proletario? ¿Esa policía no aprende de la historia? ¿A qué lugar pasaron en esa historia los represores de las tragedias obreras argentinas como la Semana Trágica, la Patagonia Rebelde, y la de los hacheros de La Forestal (para mencionar apenas tres grandes injusticias cometidas por el poder contra los que hacen el pan y ajustan el riel)? ¿Por qué ningún oficial o agente de policía se negó alguna vez a cumplir la orden de reprimir con métodos feroces un reclamo obrero en la calle?
Las manos obreras que elaboran galletitas son cortadas por los que cumplen órdenes de los que quieren ganar más. Los obreros quieren trabajar, quieren llevar el pan de todos los días a sus hogares. Comprender eso es buscar soluciones, cómo se puede hacer un plan para que todos tengan derecho a vivir en paz y sin que sus familias pasen necesidades. Total, para llegar a ese arreglo tal vez un ejecutivo de la empresa, en vez de ganar cien mil dólares por mes tendría que aceptar un diez por ciento menos y renunciar este año a un viaje en yate por el Caribe, nada más. Y justamente ahora los medios informan que la dueña de esa empresa Kraft, Irene Rosenfeldt, ha ofrecido 16.730.000 millones de dólares a la empresa Cadbury, de chocolates, para comprarla. Le voy a escribir que ofrezca unos miles menos así puede dejar en paz a sus obreros argentinos. Acordarse de que la ética de la historia no perdona las pequeñeces y egoísmos. La paz se logra con la no violencia y no con despidos de obreros.
Nos informan que la empresa ha ordenado el alambre de púa para proteger la fábrica. El alambre de púa, símbolo del egoísmo y la represión. En vez de eso, señores ejecutivos, hagan jardines donde puedan jugar los niños de sus obreros y una escuela en las cercanías, para aprender la palabra convivencia entre todos. En vez de policía adentro, crear un lugar de esparcimiento para los obreros cuando terminen la jornada y puedan venir sus esposas a pasar un buen momento. Eso es la vida generosa, para eso tiene que estar el trabajo, y no para la ganancia, la protección policial individual y el alambre de púa.
Ojalá que alguna vez los argentinos tengamos oportunidad de levantar un monumento a policías que se nieguen a la represión de los hijos del pueblo.
Fuente: pagina 12
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Jose María
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lunes, agosto 31, 2009
miércoles, agosto 26, 2009
jueves, agosto 06, 2009
La prueba final
"Dime a quién amas, y te diré quién eres."
(Houssaye)
John Blanchard se levantó del banco, arreglando su uniforme, y estudió la multitud de gente que se abría paso hacia la Gran Estación Central. Buscó la chica cuyo corazón el conocía pero cuya cara nunca había visto, la chica de la rosa...
Su interés en ella había comenzado 13 meses antes en una Biblioteca de Florida. Tomando un libro del estante, se encontró intrigado, no por las palabras del libro sino por las notas escritas en el margen. La escritura suave reflejaba un alma pensativa y una mente brillante. En la parte del frente del libro descubrió el nombre de la dueña anterior, la señorita Hollys Maynell. Con tiempo y esfuerzo localizó su dirección.
Ella vivía en Nueva York. El le escribió una carta para presentarse y para invitarla a corresponderle. Al día siguiente, John fue enviado por barco para servir en la Segunda Guerra Mundial. Durante un año y un mes, los dos se conocieron a través del correo, y un romance fue creciendo. John le pidió una fotografía, pero ella se negó. Ella sentía que si a él de verdad le importaba, no importaría como ella luciera.
Cuando por fin llegó el día en que él regresaría de Europa, arreglaron su primer encuentro: a las 7:00 pm en la Gran Estación Central de Nueva York. "Tú me reconocerás" dijo ella, "por la rosa roja que llevaré en la solapa". Así que a las 7 John estaba en la estación buscándola.
Dejaré que el señor Blanchard les diga lo que sucedió: "Una joven mujer vino hacia mí, su figura alta y esbelta. Su cabello rubio y rizado se encontraba detrás de sus delicadas orejas; sus ojos eran azules como flores. Sus labios y su mentón tenían una gentil firmeza y en su traje verde pálido era como la primavera en vida. Yo comencé a caminar hacia ella sin darme cuenta que no llevaba la rosa.
Mientras me movía, una pequeña y provocativa sonrisa curvó sus labios: "¿Vas por mi vía, marinero?", murmuró ella. Casi incontrolablemente di un paso hacia ella y entonces vi a Hollys Maynell. Estaba parada casi directamente detrás de la chica. Una mujer ya pasada de sus 40, con cabello grisáceo bajo un sombrero gastado. Era más que regordeta, sus pies con gruesos tobillos descansaban en zapatos de suela baja.
La chica en el traje verde se iba rápidamente. Sentí como si me partiera en dos: mi deseo tan agudo de seguirla y a la vez tan profundo mi anhelo por la mujer cuyo espíritu me había acompañado y apoyado. Y ahí estaba ella. Su pálida y rolliza cara era gentil y sensible, sus ojos grises tenían un brillo cálido y amigable. No vacilé. Mis dedos apretaron la pequeña y usada copia de cuero del libro que era para identificarme con ella. Esto no sería amor, pero sería algo preciado, algo quizá mejor que el amor, una amistad por la que había y debía estar siempre agradecido.
Cuadré mis hombros, saludé y le ofrecí el libro a la mujer, aunque mientras hablaba me sentí ahogado por la amargura de mi decepción... "Soy el Teniente John Blanchard, y usted debe ser la Srta. Maynell. Estoy muy contento de que nos pudiéramos conocer; ¿la puedo llevar a cenar?"
La cara de la mujer se ensanchó en una sonrisa tolerante. "No sé de qué se trata esto, hijo", respondió, "pero la señorita de traje verde que se acaba de ir me rogó que usara esta rosa en mi abrigo. Y ella dijo que si usted me invitaba a cenar yo le diría que lo está esperando en el restaurante de enfrente. Ella dijo que era una clase de prueba."
No es difícil de entender y admirar la sabiduría de la Srta. Maynell. La verdadera naturaleza de un corazón se ve en su respuesta a lo no atractivo.
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Su interés en ella había comenzado 13 meses antes en una Biblioteca de Florida. Tomando un libro del estante, se encontró intrigado, no por las palabras del libro sino por las notas escritas en el margen. La escritura suave reflejaba un alma pensativa y una mente brillante. En la parte del frente del libro descubrió el nombre de la dueña anterior, la señorita Hollys Maynell. Con tiempo y esfuerzo localizó su dirección.
Ella vivía en Nueva York. El le escribió una carta para presentarse y para invitarla a corresponderle. Al día siguiente, John fue enviado por barco para servir en la Segunda Guerra Mundial. Durante un año y un mes, los dos se conocieron a través del correo, y un romance fue creciendo. John le pidió una fotografía, pero ella se negó. Ella sentía que si a él de verdad le importaba, no importaría como ella luciera.
Cuando por fin llegó el día en que él regresaría de Europa, arreglaron su primer encuentro: a las 7:00 pm en la Gran Estación Central de Nueva York. "Tú me reconocerás" dijo ella, "por la rosa roja que llevaré en la solapa". Así que a las 7 John estaba en la estación buscándola.
Dejaré que el señor Blanchard les diga lo que sucedió: "Una joven mujer vino hacia mí, su figura alta y esbelta. Su cabello rubio y rizado se encontraba detrás de sus delicadas orejas; sus ojos eran azules como flores. Sus labios y su mentón tenían una gentil firmeza y en su traje verde pálido era como la primavera en vida. Yo comencé a caminar hacia ella sin darme cuenta que no llevaba la rosa.
Mientras me movía, una pequeña y provocativa sonrisa curvó sus labios: "¿Vas por mi vía, marinero?", murmuró ella. Casi incontrolablemente di un paso hacia ella y entonces vi a Hollys Maynell. Estaba parada casi directamente detrás de la chica. Una mujer ya pasada de sus 40, con cabello grisáceo bajo un sombrero gastado. Era más que regordeta, sus pies con gruesos tobillos descansaban en zapatos de suela baja.
La chica en el traje verde se iba rápidamente. Sentí como si me partiera en dos: mi deseo tan agudo de seguirla y a la vez tan profundo mi anhelo por la mujer cuyo espíritu me había acompañado y apoyado. Y ahí estaba ella. Su pálida y rolliza cara era gentil y sensible, sus ojos grises tenían un brillo cálido y amigable. No vacilé. Mis dedos apretaron la pequeña y usada copia de cuero del libro que era para identificarme con ella. Esto no sería amor, pero sería algo preciado, algo quizá mejor que el amor, una amistad por la que había y debía estar siempre agradecido.
Cuadré mis hombros, saludé y le ofrecí el libro a la mujer, aunque mientras hablaba me sentí ahogado por la amargura de mi decepción... "Soy el Teniente John Blanchard, y usted debe ser la Srta. Maynell. Estoy muy contento de que nos pudiéramos conocer; ¿la puedo llevar a cenar?"
La cara de la mujer se ensanchó en una sonrisa tolerante. "No sé de qué se trata esto, hijo", respondió, "pero la señorita de traje verde que se acaba de ir me rogó que usara esta rosa en mi abrigo. Y ella dijo que si usted me invitaba a cenar yo le diría que lo está esperando en el restaurante de enfrente. Ella dijo que era una clase de prueba."
No es difícil de entender y admirar la sabiduría de la Srta. Maynell. La verdadera naturaleza de un corazón se ve en su respuesta a lo no atractivo.
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Jose María
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martes, agosto 04, 2009
Natasha Binder: un prodigio del piano
Tiene 8 años. Es bisnieta de antonio de Raco. Toda su familia se dedica a la música. Hoy actúa, con entrada libre, en La Plata.
fuente: Clarin.com
Natasha Binder es el último eslabón de una dinastía pianística iniciada en Buenos Aires por sus bisabuelos, Antonio De Raco y Elizabeth Westerkamp e impulsada por la infatigable Lyl, hija mayor de ese matrimonio, madre y maestra de los notables Karin Lechner y Sergio Tiempo.
Natasha es hija de Karin. Tiene ocho años y un talento musical indiscutible. Toca el piano desde siempre y hace dos años, cuando tenía siete, ofreció un concierto con una orquesta londinense. Vino a Buenos Aires para presentarse en el Teatro Argentino de La Plata, en un concierto con orquesta que la epidemia de la gripe A obligó a cancelar. Sin embargo, contra viento y marea, Natasha se presenta hoy con un programa que recorre la historia del instrumento, en la platense Asociación de Amigos del Conservatorio Provincial Gilardo Gilardi.
Aunque no nació en Argentina, su perfecto dominio del castellano -en su variante porteña, con giros lunfardos incluidos- y su debilidad por el dulce de leche y los Havannets hacen olvidar que Natasha nació en Bruselas.
Las rutinas de Natasha no se diferencian de la de cualquier chico que va a la escuela jornada completa. "Vuelvo a casa, meriendo -porque allá el colegio es de doble jornada obligatoria así que tengo ocho horas de clase- y hago las tareas antes de sentarme a tocar", cuenta.
Sin embargo, la casa a la que regresa no podría definirse como un hogar convencional. "Tiene varios pisos, y en cada piso hay un piano", describe. Actualmente en la casa hay cinco piano y uno de ellos está en el sótano, equipado como un pequeño auditorio en el que los alumnos de Karin y Lyl toman clases y ofrecen recitales. Como si este estímulo no fuera suficiente, del otro lado de la medianera Natasha escucha sonar el piano de una vecina notable, Martha Argerich, amiga íntima de su abuela Lyl y entusiasta testigo de los progresos de la niña.
Practicás todos los días, ¿siempre con el mismo entusiasmo?
A veces no me dan tantas ganas de sentarme a estudiar. En realidad no es que no quiera tocar el piano sino que tengo ganas de hacer también alguna otra cosa. Pero no es que me dé pereza. Para mí tocar el piano es muy divertido.
¿Y qué son esas otras cosas que también te dan ganas de hacer?
Jugar, jugar a que soy otra persona o que soy un animal, también al ajedrez con mi abuela. Me gustaría jugar con mi tío Sergio pero para eso voy a tener que esperar unos años porque todavía no puedo ganarle. Y también, cuando está lindo el tiempo, me gusta salir con mi papá al parque, a jugar al frisbee.
¿Ni siquiera te abruma el trabajo con una obra nueva?
No... La última obra que armé fue un Impromptu de Schubert. Y sí, al principio siempre decís que es muy difícil, pero después las cosas empiezan a salir y cuando ya empezó a sonar te da ganas de saberlo cada vez mejor y ahí ya no podés dejarlo, querés más y más.
¿Te pone nerviosa el momento de tocar frente al público?
Al principio me ponía nerviosa. Cuando tenía tres años tenía que tocar el primer concierto de esos que organiza mi abuela con sus alumnos y no quise, dije que no quería y no toqué. Pero al año siguiente me dio ganas y la pasé muy bien tocando y después siempre quise, siempre me gustó. Ahora tocar frente al público es una fiesta y para mejor después de tocar viene la otra fiesta que es comer los sandwichitos.
¿Hay algún repertorio con el que te sentís más cómoda, algún compositor que te guste más?
Con cada uno de los compositores me siento cómoda por alguna razón. Por ejemplo, de Bach me gusta la técnica y con Mozart me hace sentir bien el ritmo.
¿Pensaste que te gustaría ser cuando seas grande?
Uff, muchísimas cosas: cantante, actriz, pianista, fotógrafa, estilista, neurocirujana, camarera, vendedora de pianos, vendedora de discos, abogada... Si me das 40 minutos más te digo la lista completa.-
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Jose María
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jueves, julio 23, 2009
martes, julio 21, 2009
Vínculos que sanan
La amistad tiene un sorprendente poder curativo. Lo dice el autor del best seller La inteligencia emocional
NUEVA YORK.– Un querido amigo estuvo luchando contra el cáncer durante la última década o más. Incluso, con una demoledora mezcla de quimioterapia, radiación y todo el resto de las necesarias indignidades oncológicas ha seguido viviendo, a pesar de los graves pronósticos que sostenían lo contrario.
Mi amigo era ese tipo de profesor que sus estudiantes recuerdan con cariño: no sólo los inspiraba durante la clase, sino que además se preocupaba genuinamente por ellos, por sus estudios, su progreso en la vida, sus miedos y esperanzas. Un amplio círculo de ex estudiantes se contaba entre sus mejores amigos. El y su mujer siempre le daban la bienvenida en su hogar a una corriente constante de visitantes.
A pesar de que nadie pudo probarlo nunca, sospecho que uno de los muchos ingredientes que contribuyeron a su longevidad fue ese flujo de gente que lo quería.
Investigaciones en el campo de las conexiones entre las relaciones afectivas y la salud física establecieron que la gente con una rica red de amistades personales –gente que está casada, que posee una buena relación con su familia y amigos, que tiene participación activa en grupos sociales y religiosos- se recupera más rápidamente de las enfermedades y vive más. Pero ahora el emergente campo de las neurociencias sociales, que estudian cómo actúa el cerebro de las personas cuando éste interactúa con otros, agrega a esta información una pieza que estaba faltando.
El descubrimiento más importante fue el hallazgo de "neuronas espejo", una clase de células cerebrales ampliamente dispersas que operan como "redes neuronales inalámbricas". Las neuronas espejo rastrean el flujo emocional, el movimiento e incluso las intenciones de la persona con la que estamos, y reeditan en nuestro propio cerebro el estado detectado, al alborotar en él las mismas áreas que están activas en el de la otra persona.
Contagio emocional
Las neuronas espejo ofrecen un mecanismo neuronal que explica el contagio emocional, esto es, la tendencia de una persona a adoptar los sentimientos de otra, particularmente cuando éstos se expresan de manera vehemente. Esta conexión de cerebro a cerebro también puede funcionar respecto de los sentimientos de compenetración que, según los descubrimientos de investigaciones, dependen en parte de sincronizaciones extremadamente veloces de la postura, el ritmo vocal y los movimientos de las personas mientras éstas interactúan.
En resumen, estas células cerebrales parecen permitir la orquestación interpersonal de cambios fisiológicos.
Semejante coordinación de emociones, reacciones cardiovasculares o estados cerebrales entre dos personas ha sido estudiado en madres con niños, en matrimonios e incluso entre gente que se reúne.
Al revisar décadas de este tipo de información, Lisa M. Diamond y Lisa G. Aspinwall, psicólogas de la Universidad de Utah, ofrecen el término "unidad de regulación psicobiológica mutua" para describir la fusión de dos psicologías discretas en un circuito conectado. Hasta el momento en que esto ocurre, afirman Diamond y Aspinwall, la cercanía emocional permite a la biología de una persona influir en la de otra.
John T. Cacioppo, director del Centro de Neurociencia Cognitiva y Social de la Universidad de Chicago, hace una propuesta paralela: el estado emocional de nuestras relaciones afectivas principales posee un impacto significativo en nuestro diseño general de la actividad cardiovascular y neuroendócrina. Esto expande radicalmente la perspectiva de la biología y la neurociencia, que de enfocarse en un solo cuerpo o cerebro pasan a observar la interrelación entre dos al mismo tiempo. Vale decir, mi hostilidad hace subir tu presión sanguínea, tu amor hace bajar la mía. Potencialmente, somos los aliados o enemigos biológicos de los otros.
El sugerir, aunque sea de manera remota, que estas interconexiones tienen beneficios para la salud generará, sin duda, revuelo en los círculos médicos. Nadie puede jactarse de contar con información sólida que demuestre un efecto médico significativo de la interrelación de las psicologías.
Al mismo tiempo, ya no hay dudas de que esta misma conectividad puede ofrecer un consuelo emocional con bases biológicas. Más allá del sufrimiento físico, una presencia curadora puede mitigar el sufrimiento.
Un caso significativo es el estudio por imágenes de una resonancia magnética funcional de una mujer que esperaba un electroshock. Cuando soportaba su aprehensión sola, subía la actividad en las regiones neuronales que incitan las hormonas del estrés y también la ansiedad. Como reportó James Coan el año pasado en un artículo en Psicofisiología, cuando un extraño le sostenía la mano mientras esperaba, la mujer encontraba poco alivio. Cuando su esposo le sostenía la mano, no sólo ella se sentía calma, sino que sus circuitos cerebrales se tranquilizaban, revelando la biología del rescate emocional.
Pero tal como bien saben las personas con enfermedades crónicas severas, los seres queridos pueden desaparecer, dejándolos que enfrenten las dificultades en una soledad aislada. El rechazo social activa las mismas zonas del cerebro que generan, entre otras cosas, el dolor físico. Matthew D. Lieberman y Naomi Eisenberg, de la Universidad de California en Los Angeles (en un capítulo de Neurociencia Social: gente pensando en gente , MIT Press, 2005) propusieron que los centros cerebrales del dolor pueden ser particularmente sensibles al destierro social porque la exclusión fue una sentencia de muerte en la prehistoria humana. Afirman que en muchas lenguas las palabras que describen un "corazón roto" a causa del rechazo toman prestado el léxico del dolor físico.
De manera que cuando la gente que se preocupa por un paciente no aparece, puede ser una decepción doble: al dolor del rechazo se le suma la privación de los beneficios del contacto cariñoso. Sheldon Cohen, psicólogo en la Universidad de Carnegie-Mellon que estudia los efectos de las conexiones personales en la salud, enfatiza el hecho de que la familia y los amigos de un paciente hospitalizado ayudan con sólo visitarlo, sepan o no qué decirle.
Mi amigo llegó a un punto en que los doctores ya no saben qué más probar. En mi última visita, él y su mujer me dijeron que entraría en una residencia para enfermos terminales.
Uno de los desafíos, me comentó, sería canalizar el río de personas que quieren visitarlo en el pequeño espacio horario de una semana en el que él todavía tiene energía para verlos.
Cuando dijo esto, sentí que me desgarraba por dentro, y le respondí: "Sabes, al menos es mejor tener ese problema. Hay tanta gente que atraviesa esto sola".
El guardó silencio durante un momento, pensativo. Luego me contestó suavemente: "Tienes razón".
Por Daniel Goleman
De The New York Times
Daniel Goleman es el autor del libro La inteligencia emocional
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Jose María
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lunes, julio 20, 2009
Amistad
Que no te falte tiempo
para comer con los amigos
partir el pan,
reconocerse en las miradas.
Deseo que la noche
se te transforme en música
y la mesa en un largo
sonido de campanas.
Que nada te desvíe,
que nada te disturbe
que siempre tengas algo
de hoy para mañana
y que lo sepas dar
para regar las plantas
para cortar la leña,
para encender el fuego,
para ganar la lucha,
para que tengas paz.
que es la grave tarea
que me he impuesto esta noche
hermano mío.
Hamlet Lima Quintana
(1923-2002)
"Teoría de los buenos deseos"
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Jose María
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jueves, julio 16, 2009
Escuela y creatividad
Un video que plantea algunas preguntas:
- ¿plantea la creatividad formas específicas de acercarse al conocimiento?
- ¿Necesita en ese sentido la creatividad ser enseñada, cómo y a partir de qué criterios puede lograrse esto?
- ¿Se manejan metodologías específicas, tanto en el aspecto creativo como en el de ejecución y reflexión, que favorezcan la inserción en un modelo cultural, pero que respeten y fomenten un alto grado de libertad creativa, así como la producción (y ya no sólo transmisión) de conocimientos?
- ¿Cómo, de qué forma, a través de qué disyunciones y conjunciones puede la creatividad convertirse en instrumento pedagógico capaz de transgredir las barreras disciplinarias, los modelos rígidos, dialogar y enriquecerse con aportaciones científicas, humanísticas y sociales?
Para pensar los roles formadores en todos los ámbitos, aún el familiar. Especialmente lo referido a la manera de ahogar las opciones... Cuantas veces lo hacemos impidiendo que surgan caminos diferentes a los que hemos pensado nosotros !... En fin, para disfrutar
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Jose María
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Etiquetas: Creatividad, Video
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