sábado, marzo 12, 2011

¿Iguales?

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jueves, agosto 26, 2010

Humberto Maturana: “Los seres humanos estamos en un presente trágico”

La visión que tiene Humberto Maturana -premio nacional de Ciencias 1994- sobre la sociedad actual y acerca de la responsabilidad que cada individuo debe tener ante sus actos, queda reflejada en la conversación que sostuvo con El Ciudadano.

El biólogo, hoy en día dedica sus horas a la consolidación de su proyecto de la Escuela Matríztica de Santiago, entidad que busca posicionar el tema de la biología del amor en organizaciones para, de esa manera, influir sobre los individuos y la sociedad.

-¿Cuál es su visión del estado actual de la humanidad?

Estamos en un problema. Y los problemas surgen cuando hay deseos contradictorios. Por una parte queremos vivir bien, aumentar la riqueza y la población, y, por otra, nos damos cuenta de que esto no puede ser indefinido; hay un momento en que la Tierra no puede entregar más. En nuestras acciones estamos dañando la biósfera y, por ende, destruyendo las opciones de coexistencia para nosotros. Puede que no acabemos con todos los seres vivos, pero sí que terminemos con nosotros mismos.

-Hoy se habla mucho de los peligros del cambio climático, pero no todos los científicos coinciden en que la humanidad sea la responsable; algunos hablan de que son más importantes otros factores, como los ciclos solares, por ejemplo.

Todo eso puede ser cierto, pero el verdadero tema no está en si esto es cíclico; ciertamente en la historia de la Tierra ha habido cambios climáticos gigantescos muchas veces, y cada vez que han ocurrido se han extinguido ciertas clases de organismos y han resurgido cosas nuevas con lo que queda de esa extinción; pero ninguno de esos organismos se daba cuenta -porque no tenían cómo hacerlo- de lo que estaba sucediendo, pero nosotros sí; así que el tema en primera instancia es que nosotros nos damos cuenta de que participamos también y, claro, es muy fácil decir: si aparecen manchas solares y aumentan las radiaciones y llega un meteorito, se va a destruir gran parte de la humanidad; pero resulta que a los seres humanos les importa eso; nosotros no queremos ser partícipes -pienso yo- de nuestra propia destrucción; el que esto pueda pasar espontáneamente no justifica el que no nos hagamos cargo de lo que puede pasar si podemos saber lo que puede pasar, y una cosa que sabemos es que el crecimiento indefinido de la población genera inevitablemente pobreza donde quiera que fuese; y si usted cree que esto se soluciona solamente mejorando la tecnología, va a tener usted gente muy rica y muy poderosa y gente muy pobre y muy miserable como pasa en estos momentos en el mundo.

ENRIQUECIMIENTO Y POBREZA

-¿Y si esta tecnología está también al servicio de los pobres y no sólo de la élite?

Para eso se requiere un cambio psíquico, un cambio en el cual no vivamos los cambios tecnológicos como oportunidades de enriquecimiento, porque cada vez que hay enriquecimiento, hay generación de pobreza en algún otro lugar; la riqueza no es “en sí”, el enriquecimiento surge de la acumulación de bienestar, de energía, de lo que quiera que fuere.

Entonces, lo que se requiere es un cambio de entendimiento, y para que ello ocurra tenemos que darnos cuenta en qué situación nos encontramos y aceptar su legitimidad y una de las formas es ver que el crecimiento ilimitado de la población es inevitablemente generador de pobreza; podemos paliarlo un poquito con las tecnologías, pero mientras no cambie nuestra actitud, mientras usemos las tecnologías con un criterio mercantil, como un procedimiento para hacernos ricos, eso no va a pasar.

-¿Es un problema para la humanidad el crecimiento de la población?

Absolutamente. Y es el problema más grave, ya que todas las condiciones que satisfacen el desarrollo de la población tienen que ir creciendo con ella. Más temprano que tarde, va a ser tan grande la población, que ya no habrá espacio para otros seres vivos ni tampoco para la satisfacción de estas condiciones mínimas que los seres humanos requieren. Y esto ya se puede ver.

La pobreza no es una condición, es una relación dinámica entre deseo y disponibilidad, entre lo que se quiere consumir y lo que el entorno provee. Desde el minuto en que el entorno deje de proveer espontáneamente lo que la población requiere, aparece la pobreza.

-¿Cómo se puede frenar el crecimiento de la población?

Por medio de la cultura, el entendimiento, de las enseñanzas. Por medio de cualquier fórmula que les permita a las personas entender y comprender que la población no puede seguir creciendo desmedidamente y son ellos los llamados a controlar. De modo que la procreación sea coherente, también, con las medidas de sobrevivencia y de bienestar de los niños que nacen.

-¿Y esto se aplica sólo a lo cultural y social o también a las políticas públicas?

Bueno, las políticas públicas tienen que estar para que se entreguen los conocimientos y los entendimientos a las personas. Ahora, si su pregunta se orienta a que tengamos un sistema tiránico donde a las personas se les obligue a tomar decisiones con presión… eso no estaría acorde si lo que deseamos es una democracia. Sólo puede ser por medio de un sistema de educación que les permita a las personas escoger, desde su entendimiento, el número de hijos o deseos que anhelen concretar.

Es importantísimo tener el entendimiento para armonizar el vivir que uno desea y las circunstancias en las cuales las condiciones de ese vivir se puedan satisfacer.

-Al mismo tiempo del problema del crecimiento de la población, tenemos el problema del hiperconsumo de una parte de ésta, en especial de los países industrializados…

Claro, pero esas personas no tienen idea del volumen que están consumiendo. Para ellos es importante acumular riquezas materiales o corporales, sin tener idea de que existen otros que no pueden.

-En ese caso, entonces ¿Hay que actuar para cambiar los estándares de vida o las motivaciones de las personas?

Sin duda que es necesario, por eso hay que entender que esto se trata de una relación y no de una condición. Para una familia que desea tener hijos, debe saber que podrá tener los niños que pueda mantener. Y para controlar eso deberán ser ellos, por medio de sus libertades y el debido entendimiento y cultura, los que medirán sus acciones. No otros.

Lamentablemente, los seres humanos nos encontramos en un presente trágico; tenemos los conocimientos científicos y tecnológicos para desarrollar cualquier propósito, pero la pregunta es: ¿Queremos hacer cualquier cosa que se nos ocurra? Este es un tema de responsabilidad personal, ya que estamos centrados en una psiquis motivada por el mercantilismo, por el éxito personal, por el enriquecimiento y no nos deja ver más allá.

NEGOCIOS, RESPONSABILIDAD Y CIENCIAS

-Hoy, los estados están al amparo y beneplácito de las empresas transnacionales y que, además, dañan el medio ambiente ¿Qué visión tiene de eso?

Si las empresas transnacionales se han adueñado de los recursos naturales de este país es porque el Estado chileno lo ha permitido y porque nosotros hemos dejado que lo hagan.

-¿Y qué responsabilidad tenemos nosotros como ciudadanos?

La de opinar… Pero yo veo a una ciudadanía que es esencialmente ignorante de lo que sucede y que está atrapada en el vivir mejor, de tener un mejor bienestar, sin darse cuenta de las consecuencias que eso tiene cuando se proyecta en forma infinita.

Todos tenemos el deber de actuar cuando nuestras acciones comprometan las de otras personas, ya sea el bienestar o la subsistencia.

Cuando una persona logra asumir su responsabilidad tiene muchas cosas a su favor… y si una persona ve que en su entorno la mayoría de los individuos son responsables de sus actos y decisiones, lo más seguro es que adopte esa misma actitud.

-Hay científicos que trabajan en laboratorios desarrollando una vacuna y, a la vez, asesoran al Estado en desarrollar políticas públicas para suministrar esos medicamentos, entrando en un claro conflicto de intereses ¿Qué opinión le merece esto?

Los laboratorios son manejados por personas, al igual que las empresas, y no son ni los laboratorios ni las empresas las que toman decisiones, sino las personas y ese es nuestro tema. ¿Qué pasa con las personas que están dispuestas a hacer cualquier cosa con tal de hacerse ricos? ¿Cuáles son las condiciones que hacen que las personas mientan, engañen? Es ahí donde nosotros debemos poner nuestra atención.

-Queda la sensación de que el conocimiento científico se utiliza más para hacer negocios que para solucionar problemas o satisfacer necesidades…

Eso siempre ha pasado. Si miramos la historia, cada vez que se ha hecho un descubrimiento de algo notable afloran dos tipos de personas: las que verán de qué forma se apropian de eso y sacan riquezas; y las que verán de qué forma se puede aprovechar este descubrimiento y transformarlo en un bien común.

Cual sea la actitud que se tenga depende mucho de la educación que se haya recibido, tanto en la familia como en la escuela, por lo que es trascendental cómo una sociedad concibe su sistema educativo: orientado al “éxito” y la competición o enfocado al cooperar para el bien común.

“TODOS TENEMOS UN TRASFONDO SOCIAL”

-¿Usted cree que si no tenemos un cambio de conciencia, estamos al borde del precipicio?

Desde el punto de vista de las cosas que puedan ocurrir y no podamos prever, como los terremotos, siempre estaremos al borde del precipicio, porque la dinámica de los fenómenos naturales es independiente a los propósitos nuestros. Pero, por otro lado, en cosas que sí nos damos cuenta y son consecuencia de lo que hacemos, sí podemos actuar.

-Se ha dicho que en el último terremoto afloró lo mejor y lo peor de la sociedad chilena: Por un lado se vio la solidaridad y por otro la ambición, el acaparamiento y el aprovechamiento de las circunstancias para generar dinero ¿Usted considera que ha sido así?

Yo creo que cualquier situación crítica produce eso en la sociedad. Si hay un accidente de un camión, unas personas ayudarán a los heridos y otras sacarán los productos del camión. Y si usted les pregunta, todos tendrán su visión al respecto, y si se justifican en sus actos, quiere decir que tienen duda. Al tener duda, son accesibles a la reflexión. Vimos personas que saquearon y luego devolvieron los productos. Ahí entendemos que tuvieron reflexión.

-¿Y esa reflexión no se dio por medio de la coerción de las autoridades?

Claro, pero igual se abrió el espacio para que devolvieran los productos sin que les pasara nada.

Todos los seres humanos somos inteligentes y tenemos un trasfondo de sentido social, pero no todos estamos dispuestos a actuar así. Cuando nos tocan la fibra de ese trasfondo, actuamos guiados por un sentido social; lo ocultarán algunos, pero en definitiva todos somos sensibles a esto.

20 AÑOS DE LA CONCERTACIÓN

-¿Cuál es su visión del término de los veinte años de gobiernos de la Concertación?

Durante esos 20 años hubo un progresivo incremento de la preocupación por asegurarse las reelecciones y eso trae consigo, inevitablemente, ceguera. Primero se dio la oportunidad de hacer y mejorar cosas, pero también de tener éxito y hacerse ricos. Este oportunismo dijo: “fracasó el socialismo que no tuvimos y ahora es la época del neoliberalismo, de las oportunidades”, que son justificaciones teóricas, pero el eje principal fue siempre: “Tenemos que ser reelegidos”.

Esta ceguera provocó que se dejaron de hacer cosas que pudieran ser inadecuadas para la posibilidad de una reelección. Todavía, en la Concertación, después de la elección de Piñera, lo central es “qué hicimos mal que no salimos reelegidos”, como si eso fuese lo único importante.

Yo pienso que uno las cosas tiene que hacerlas con seriedad, y esto significa hacerlas con conocimiento, entendimiento y responsabilidad. Si uno ha sido serio, puede ver sus errores y corregirlos, pero en función de la responsabilidad social que se tiene como político.

Por Claudia Pedreros, Cristian Sotomayor y Francisco Luna

El Ciudadano N°83

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martes, agosto 17, 2010

Todos son mis maestros

Respeta el punto de evolución en que te encuentras,

lo que significa aceptar el lugar en que estás.


Luchar contra las circunstancias o quejarse de ellas,

diciendo que no eres tan privilegiado como los demás,

disgustarte porque no tienes toda la fuerza

física o el conocimiento que necesitarías,

todo eso es un malgasto de energía y una falta

de respeto a tu Yo espiritual. Es algo sin propósito,

auto indulgente y débil.


Si te vas a convertir en un guerrero espiritual

y a honrar la fuerza divina acuerda en aceptar

las circunstancias tal y como te las encuentras,

recordando por supuesto, que casi todo puede

mejorarse y que las cosas cambian.

Lo que no puedas cambiar, probablemente

no necesitas cambiarlo.


Puedes simplemente ir más allá

de preocuparte por ello. Di:

"El infinito dentro de mí,

esa parte mía que es Dios,

ama y respeta esta evolución humana mía.

Ama y respeta donde me encuentro

y mis actuales circunstancias,

así que yo haré lo mismo,

incluso si mis circunstancias no son las mejores.

Todo esto es parte de mi evolución.

Puedo trascenderlo e ir más allá.".


Si estás rodeado de un grupo de gente negativa

y desagradable, a veces llamados parientes,

o quizás amigos, o compañeros de trabajo,

o lo que quiera que sean, mejor que luchar

contra esa fealdad alrededor de ti

y verla como una desgracia, ámala.


Mira a la gente, al trabajo, a tus circunstancias,

la familia, la tribu, tu casa, y di,

"Gracias, Dios,

gracias por enviarme estos maestros.

Ellos me están volviendo loco,

me están enseñando a no reaccionar.

Me fortalecen enseñándome a transmutar

las energías negativas en positivas.

Usando a estas gentes, convertiré mi enfado,

odio y reacción en, por lo menos,

una energía neutral de pasividad o, si me es posible,

en amor. Gracias por permitirme estar en este plano terrestre."


¡¡Qué experiencia tan increíble.

Es fantástico, y casi gratis,

estoy rodeado de tantas personas

que están enseñándome un montón

acerca de mí mismo!!


Stuart Wilde - 33 Pasos para reclamar tu poder interior.

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lunes, octubre 05, 2009

Dr. Abel Albino - Desnutrición en la Argentina

Video fantástico del Dr. Albino en una clase magistral donde expone el problema de la desnutrición en la República Argentina. Les recomiendo que vean el video completo, es imperdible.

video
Albino con Lanata parte 1

Albino con Lanata parte 2

Albino con Lanata parte 3

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domingo, septiembre 13, 2009

EL VALIOSO TIEMPO DE LOS MADUROS.


Mensaje de Mario de Andrade
(Poeta, novelista, ensayista y musicólogo brasileño)

“..Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora...

Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido. Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades. No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.

No tolero a maniobreros y ventajeros. Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.

Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo. Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos. Mi tiempo es escaso como para discutir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa.........

Sin muchas golosinas en el paquete...

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.

Que sepa reír de sus errores.

Que no se envanezca con sus triunfos.


Que no se considere electa antes de hora.


Que no huya de sus responsabilidades.


Que defienda la dignidad humana.


Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.


Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena. Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas….. Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.

Sí…. tengo prisa… por vivir con la intensidad, que solo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna, de las golosinas que me quedan… Estoy seguro que serán más exquisitas, que las que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia. Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás......"

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El mejor monumento




Por Osvaldo Bayer

Mi último día de estada en Alemania me deparó una alegría inmensa, increíble, un sentimiento de que por fin se acercaba la paz, la sabiduría, al ser humano. En la ciudad de Köln (Colonia) se inauguraba el primer monumento en la historia mundial dedicada a los desertores y a los que se habían negado a disparar sus armas contra el llamado “enemigo” en la última guerra mundial. Un monumento, ¿se imagina algo así el lector? Los archivos no dejan mentir. En la última guerra, de un total de treinta mil jóvenes desertores, o que se negaron a cumplir órdenes que podrían llevar a la muerte de otros, que fueron detenidos, veinte mil de ellos terminaron ejecutados, por fusilamiento o por la guillotina. El resto fueron condenados a penas de prisión.

El monumento es una pérgola justamente enfrente del antiguo edificio de la Gestapo (la policía política nazi) y de los juzgados donde fue impartida parte de esas penas de muerte. Todo un ejemplo.

Entre los condenados a muerte hubo casos de una valentía y un coraje civil increíbles. Están también los que se negaron a formar parte de los pelotones de fusilamiento de otros condenados, como judíos o prisioneros enemigos que trataron de huir. Para hacer todo eso se necesitaba más coraje que ir y obedecer como oveja de un rebaño las órdenes militares de enfrentar al llamado “enemigo”.

Muchos de esos valientes “desertores” condenados también sufrieron el castigo de la memoria porque sus familiares, aun después de la guerra, ocultaron esa verdad avergonzándose de que sus hijos o sus hermanos no hubieran cumplido las órdenes de sus superiores.

Ludwig Baumann

De todos aquellos desertores sólo queda un sobreviviente, Ludwig Baumann, de 87 años, que intentó como soldado alejarse de sus tropas en el frente francés pero fue capturado. Condenado a muerte, estuvo diez meses atado de pies y manos, tirado en una celda, esperando cada día que fueran a buscarlo para fusilarlo. La justicia militar, luego de ese tiempo, lo condenó a doce años de prisión. Cuando, después de la guerra, fue liberado, sufrió entonces el desprecio de la sociedad vencida que lo trataba como un traidor. Pese a eso fundó una organización por la paz y por la rehabilitación de todos aquellos que se habían negado a disparar sus armas contra otros seres humanos. Ahora tuvo la íntima alegría de concurrir a la inauguración del monumento en Colonia. Un reconocimiento al valor de la vida. Recién ahora, 64 años después del fin de la guerra, han sido rehabilitados esos seres que dijeron no a la bala, a la violencia, al bombardeo de ciudades, a la muerte. Durante esos 64 años el partido político mayoritario alemán, la Democracia Cristiana, se negó a la rehabilitación de esos héroes civiles. El argumento era que podían servir de mal ejemplo a los soldados del nuevo ejército alemán, la Bundeswehr, que actualmente actúa en la ocupación de Afganistán apoyando a las fuerzas de Estados Unidos. Pero la ética triunfó finalmente sobre los intereses políticos. La palabra del desertor también tiene el derecho de ser escuchada frente a la del que acepta el uniforme y el arma como única razón. Ya no basta cubrirlos con las palabras de “traidor a la patria” y “cobarde”; la desobediencia ante la razón militar puede valer como un gesto individual de coraje civil. ¿En quién se puede creer más: en quien acepta callado lo que le ordenan, como ocurre con la mayoría, o los que hacen valer su derecho a discutir y poner en duda las órdenes del poder de turno?

Una frase del último desertor sobreviviente quedó para siempre en el acto de inauguración del monumento: “¿Qué mejor cosa puede haber que traicionar a la guerra?” Es hermoso pasear por debajo de esa pérgola donde uno puede leer: “Homenaje a los seres humanos que se negaron a apretar el gatillo, a los seres humanos que se negaron a torturar, a los seres humanos que se negaron a reprimir”. Y ésta, muy de actualidad. “¿En qué momento el ser humano tiene que negarse a obedecer órdenes de represión y a imponerse su propio camino a seguir ante la violencia?”

El recorrido me dejó muy contento conmigo mismo. Una buena despedida de Alemania. De Auschwitz a la pérgola de Colonia, pienso. Siempre nacen esperanzas para un mundo nuevo, pienso.

Regreso a mi país. En el camino de Ezeiza debemos detenernos: una larga cola de automóviles impide pasar. Nos bajamos para preguntar. La policía está reprimiendo a los obreros de Terrabusi, me informan. Casi creo que es una broma: “¿A los obreros de Terrabusi? ¿A los que elaboran las masitas?” pregunto casi con inocencia. Y agrego: “¿Cómo se puede reprimir a quienes hacen cosas tan ricas? Me acuerdo de chico, la alegría al masticarlas...” Me miran como si yo fuese de otro mundo.

Sí, luego me enteraré de todos los detalles: Terrabusi ahora se llama Kraft, una empresa de Estados Unidos, que ha despedido a 160 trabajadores. Comenzaron las conversaciones y se declaró la conciliación obligatoria. Cuando los trabajadores fueron al comedor de la empresa notaron la presencia de efectivos policiales. Afuera había más de cien carros de asalto. Los responsables policiales dijeron que actuaban por orden de la fiscal Laura Capra, del Juzgado No 1 de San Isidro. Los trabajadores lo tomaron como una inútil demostración de violencia en pleno período de conciliación obligatoria. Se inició la discusión y sufrieron una violenta represión policial, con gases lacrimógenos y balas de goma. Hubo obreros heridos, entre ellos una obrera con una seria herida en la cabeza. Página/12 tituló, al día siguiente el hecho como “Una lluvia de balas de goma y de gases”.

Esas primeras horas argentinas me llenaron de desazón. Venía con la alegría de haber vivido la inauguración del monumento alemán a los desertores, a los que se habían negado a emplear las balas como medio de persuasión. Y llego a mi país y lo primero que veo es una represión antiobrera, con protagonistas de uniformes, palos, gases y balazos de goma. Y una fiscal que ordenó tal forma de brutal represión, aunque posteriormente negó haber dado esa orden.

Me nació en ese momento toda clase de preguntas: ¿Cómo una empresa extranjera permite en su predio una cosa así? ¿Acaso, justamente una empresa extranjera no tendría que mostrar gestos de mano abierta por la misma razón de estar en tierras distintas? ¿Por qué el despido sin indemnización a 160 obreros sabiendo la violencia que representa eso para esas 160 familias? ¿Cómo quieren que reaccionen esos hombres cuando se ven de esa manera aislados de todo derecho? Y otra pregunta: luego de la experiencia de los desertores que se negaron a disparar contra el llamado enemigo, ¿cómo la policía reaccionó así, con toda increíble violencia en vez de ser mediadores, de tratar de persuadir a los protagonistas, de buscar soluciones honorables? ¿Por qué siempre la defensa del poder y la culpabilidad del proletario? ¿Esa policía no aprende de la historia? ¿A qué lugar pasaron en esa historia los represores de las tragedias obreras argentinas como la Semana Trágica, la Patagonia Rebelde, y la de los hacheros de La Forestal (para mencionar apenas tres grandes injusticias cometidas por el poder contra los que hacen el pan y ajustan el riel)? ¿Por qué ningún oficial o agente de policía se negó alguna vez a cumplir la orden de reprimir con métodos feroces un reclamo obrero en la calle?

Las manos obreras que elaboran galletitas son cortadas por los que cumplen órdenes de los que quieren ganar más. Los obreros quieren trabajar, quieren llevar el pan de todos los días a sus hogares. Comprender eso es buscar soluciones, cómo se puede hacer un plan para que todos tengan derecho a vivir en paz y sin que sus familias pasen necesidades. Total, para llegar a ese arreglo tal vez un ejecutivo de la empresa, en vez de ganar cien mil dólares por mes tendría que aceptar un diez por ciento menos y renunciar este año a un viaje en yate por el Caribe, nada más. Y justamente ahora los medios informan que la dueña de esa empresa Kraft, Irene Rosenfeldt, ha ofrecido 16.730.000 millones de dólares a la empresa Cadbury, de chocolates, para comprarla. Le voy a escribir que ofrezca unos miles menos así puede dejar en paz a sus obreros argentinos. Acordarse de que la ética de la historia no perdona las pequeñeces y egoísmos. La paz se logra con la no violencia y no con despidos de obreros.

Nos informan que la empresa ha ordenado el alambre de púa para proteger la fábrica. El alambre de púa, símbolo del egoísmo y la represión. En vez de eso, señores ejecutivos, hagan jardines donde puedan jugar los niños de sus obreros y una escuela en las cercanías, para aprender la palabra convivencia entre todos. En vez de policía adentro, crear un lugar de esparcimiento para los obreros cuando terminen la jornada y puedan venir sus esposas a pasar un buen momento. Eso es la vida generosa, para eso tiene que estar el trabajo, y no para la ganancia, la protección policial individual y el alambre de púa.

Ojalá que alguna vez los argentinos tengamos oportunidad de levantar un monumento a policías que se nieguen a la represión de los hijos del pueblo.

Fuente: pagina 12

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lunes, agosto 31, 2009

Pajaro pescador


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miércoles, agosto 26, 2009

Tres monos


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jueves, agosto 06, 2009

La prueba final

"Dime a quién amas, y te diré quién eres."

(Houssaye)

John Blanchard se levantó del banco, arreglando su uniforme, y estudió la multitud de gente que se abría paso hacia la Gran Estación Central. Buscó la chica cuyo corazón el conocía pero cuya cara nunca había visto, la chica de la rosa...

Su interés en ella había comenzado 13 meses antes en una Biblioteca de Florida. Tomando un libro del estante, se encontró intrigado, no por las palabras del libro sino por las notas escritas en el margen. La escritura suave reflejaba un alma pensativa y una mente brillante. En la parte del frente del libro descubrió el nombre de la dueña anterior, la señorita Hollys Maynell. Con tiempo y esfuerzo localizó su dirección.

Ella vivía en Nueva York. El le escribió una carta para presentarse y para invitarla a corresponderle. Al día siguiente, John fue enviado por barco para servir en la Segunda Guerra Mundial. Durante un año y un mes, los dos se conocieron a través del correo, y un romance fue creciendo. John le pidió una fotografía, pero ella se negó. Ella sentía que si a él de verdad le importaba, no importaría como ella luciera.

Cuando por fin llegó el día en que él regresaría de Europa, arreglaron su primer encuentro: a las 7:00 pm en la Gran Estación Central de Nueva York. "Tú me reconocerás" dijo ella, "por la rosa roja que llevaré en la solapa". Así que a las 7 John estaba en la estación buscándola.

Dejaré que el señor Blanchard les diga lo que sucedió: "Una joven mujer vino hacia mí, su figura alta y esbelta. Su cabello rubio y rizado se encontraba detrás de sus delicadas orejas; sus ojos eran azules como flores. Sus labios y su mentón tenían una gentil firmeza y en su traje verde pálido era como la primavera en vida. Yo comencé a caminar hacia ella sin darme cuenta que no llevaba la rosa.

Mientras me movía, una pequeña y provocativa sonrisa curvó sus labios: "¿Vas por mi vía, marinero?", murmuró ella. Casi incontrolablemente di un paso hacia ella y entonces vi a Hollys Maynell. Estaba parada casi directamente detrás de la chica. Una mujer ya pasada de sus 40, con cabello grisáceo bajo un sombrero gastado. Era más que regordeta, sus pies con gruesos tobillos descansaban en zapatos de suela baja.

La chica en el traje verde se iba rápidamente. Sentí como si me partiera en dos: mi deseo tan agudo de seguirla y a la vez tan profundo mi anhelo por la mujer cuyo espíritu me había acompañado y apoyado. Y ahí estaba ella. Su pálida y rolliza cara era gentil y sensible, sus ojos grises tenían un brillo cálido y amigable. No vacilé. Mis dedos apretaron la pequeña y usada copia de cuero del libro que era para identificarme con ella. Esto no sería amor, pero sería algo preciado, algo quizá mejor que el amor, una amistad por la que había y debía estar siempre agradecido.

Cuadré mis hombros, saludé y le ofrecí el libro a la mujer, aunque mientras hablaba me sentí ahogado por la amargura de mi decepción... "Soy el Teniente John Blanchard, y usted debe ser la Srta. Maynell. Estoy muy contento de que nos pudiéramos conocer; ¿la puedo llevar a cenar?"

La cara de la mujer se ensanchó en una sonrisa tolerante. "No sé de qué se trata esto, hijo", respondió, "pero la señorita de traje verde que se acaba de ir me rogó que usara esta rosa en mi abrigo. Y ella dijo que si usted me invitaba a cenar yo le diría que lo está esperando en el restaurante de enfrente. Ella dijo que era una clase de prueba."

No es difícil de entender y admirar la sabiduría de la Srta. Maynell. La verdadera naturaleza de un corazón se ve en su respuesta a lo no atractivo.

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martes, agosto 04, 2009

Natasha Binder: un prodigio del piano

Tiene 8 años. Es bisnieta de antonio de Raco. Toda su familia se dedica a la música. Hoy actúa, con entrada libre, en La Plata.

fuente: Clarin.com

Natasha Binder es el último eslabón de una dinastía pianística iniciada en Buenos Aires por sus bisabuelos, Antonio De Raco y Elizabeth Westerkamp e impulsada por la infatigable Lyl, hija mayor de ese matrimonio, madre y maestra de los notables Karin Lechner y Sergio Tiempo.

Natasha es hija de Karin. Tiene ocho años y un talento musical indiscutible. Toca el piano desde siempre y hace dos años, cuando tenía siete, ofreció un concierto con una orquesta londinense. Vino a Buenos Aires para presentarse en el Teatro Argentino de La Plata, en un concierto con orquesta que la epidemia de la gripe A obligó a cancelar. Sin embargo, contra viento y marea, Natasha se presenta hoy con un programa que recorre la historia del instrumento, en la platense Asociación de Amigos del Conservatorio Provincial Gilardo Gilardi.

Aunque no nació en Argentina, su perfecto dominio del castellano -en su variante porteña, con giros lunfardos incluidos- y su debilidad por el dulce de leche y los Havannets hacen olvidar que Natasha nació en Bruselas.

Las rutinas de Natasha no se diferencian de la de cualquier chico que va a la escuela jornada completa. "Vuelvo a casa, meriendo -porque allá el colegio es de doble jornada obligatoria así que tengo ocho horas de clase- y hago las tareas antes de sentarme a tocar", cuenta.

Sin embargo, la casa a la que regresa no podría definirse como un hogar convencional. "Tiene varios pisos, y en cada piso hay un piano", describe. Actualmente en la casa hay cinco piano y uno de ellos está en el sótano, equipado como un pequeño auditorio en el que los alumnos de Karin y Lyl toman clases y ofrecen recitales. Como si este estímulo no fuera suficiente, del otro lado de la medianera Natasha escucha sonar el piano de una vecina notable, Martha Argerich, amiga íntima de su abuela Lyl y entusiasta testigo de los progresos de la niña.

Practicás todos los días, ¿siempre con el mismo entusiasmo?
A veces no me dan tantas ganas de sentarme a estudiar. En realidad no es que no quiera tocar el piano sino que tengo ganas de hacer también alguna otra cosa. Pero no es que me dé pereza. Para mí tocar el piano es muy divertido.

¿Y qué son esas otras cosas que también te dan ganas de hacer?
Jugar, jugar a que soy otra persona o que soy un animal, también al ajedrez con mi abuela. Me gustaría jugar con mi tío Sergio pero para eso voy a tener que esperar unos años porque todavía no puedo ganarle. Y también, cuando está lindo el tiempo, me gusta salir con mi papá al parque, a jugar al frisbee.

¿Ni siquiera te abruma el trabajo con una obra nueva?
No... La última obra que armé fue un Impromptu de Schubert. Y sí, al principio siempre decís que es muy difícil, pero después las cosas empiezan a salir y cuando ya empezó a sonar te da ganas de saberlo cada vez mejor y ahí ya no podés dejarlo, querés más y más.

¿Te pone nerviosa el momento de tocar frente al público?
Al principio me ponía nerviosa. Cuando tenía tres años tenía que tocar el primer concierto de esos que organiza mi abuela con sus alumnos y no quise, dije que no quería y no toqué. Pero al año siguiente me dio ganas y la pasé muy bien tocando y después siempre quise, siempre me gustó. Ahora tocar frente al público es una fiesta y para mejor después de tocar viene la otra fiesta que es comer los sandwichitos.

¿Hay algún repertorio con el que te sentís más cómoda, algún compositor que te guste más?
Con cada uno de los compositores me siento cómoda por alguna razón. Por ejemplo, de Bach me gusta la técnica y con Mozart me hace sentir bien el ritmo.

¿Pensaste que te gustaría ser cuando seas grande?
Uff, muchísimas cosas: cantante, actriz, pianista, fotógrafa, estilista, neurocirujana, camarera, vendedora de pianos, vendedora de discos, abogada... Si me das 40 minutos más te digo la lista completa.-

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jueves, julio 23, 2009

Mujer invisible


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