martes, octubre 30, 2007

La Fuente de la Vida...


Cuentan que un día, un hombre heredó un vasto territorio, yermo y seco, formado por interminables dunas de arena. Con el fin de sacar algún rendimiento de aquel terreno, decidió buscar agua y así, comenzó a cavar un pozo.

Tras unos días de intensa labor bajo un ardiente sol no manaba ni una sola gota. Contrariado, decidió probar en otro lugar, unos cuantos metros más allá; pero el nuevo pozo también estaba seco. Como era un hombre tenaz siguió intentándolo cavando un pozo tras otro sin obtener ningún resultado.

Un día, abatido, volvía a su casa tras otra jornada de infructuoso trabajo cuando, en un cruce de caminos, halló a un anciano con una gran barba blanca y un cayado con el que se ayudaba a caminar. El anciano, al ver el rostro apesadumbrado de nuestro hombre, se detuvo a su paso y le preguntó:

- ¿Qué te ocurre? ¿Por qué estás tan abatido?

El hombre respondió: - Soy dueño de todo este territorio pero no me sirve de nada pues no tiene agua.

- ¿Por qué no cavas un pozo?, contestó el anciano.

- ¡Un pozo!...!Pero si llevo ya cuarenta y nueve y no he hallado ni una gota de agua!, replicó.

El anciano se sentó sobre una roca, apoyado sobre su cayado y respondió:

- ¡Quizá no has cavado lo suficiente! Elige uno de tus pozos y olvida el resto. Cava en él sin descanso, a todas horas, todos los días. No importa que no brote el agua. No desfallezcas. Sigue cavando y, cuando creas que ya no te quedan fuerzas, entonces… ¡continúa cavando!.

Tras estas palabras, el anciano prosiguió su camino y se alejó. Nuestro hombre quedó pensativo y se marchó a su casa con el firme propósito de hacer lo que le había dicho el anciano. Así que, al día siguiente, eligió uno de los pozos y comenzó a cavar donde antes lo había dejado.

Un día, otro día, una semana, otra semana, ...

- ¡Esto es inútil!, decía. - Estoy trabajando para nada.

Sin embargo seguía cavando. Así pasaron los meses y de aquel pozo seguía sin brotar una sola gota de agua.

- ¡Dios mío!; exclamó, - ¡me estoy dejando las manos en este pozo!.

El hombre se detuvo y lloró amargamente. El anciano volvió a pasar por allí y encontró de nuevo a nuestro hombre, abatido y sin esperanza.

- ¿Qué te ocurre? ¿Has encontrado ya el agua?, le dijo el anciano.

- No, respondió aquél. - Llevo casi un año ahondando en ese pozo pero todo mi esfuerzo ha sido en vano. Este es un terreno árido y seco.

Tras escucharle con atención, el anciano apoyó su mano en el hombro derecho de aquel hombre mientras le decía: - Si de verdad quieres encontrar agua, sigue cavando ese pozo. El anciano prosiguió su andadura hasta que se alejó definitivamente.

Al día siguiente, nuestro hombre volvió de nuevo al pozo y siguió cavando. El pozo era ya muy profundo. Al poco rato, el agua comenzó a manar abundantemente del suelo ante los ojos atónitos del hombre.

Así es la vida. Así somos los seres humanos. Buscamos agua porque tenemos sed; nuestra alma está sedienta de vida, pero nos cansamos muy pronto de ahondar en nuestro pozo. Picoteamos aquí y allá pero no profundizamos lo suficiente. Perdemos la fe y la esperanza sin saber que, un poco más abajo, está la fuente de la vida. Se halla en nuestro interior.

Somos nosotros mismos. Tan solo hace falta persistir en la búsqueda y levantarse de nuevo tras una caída. El agua puede estar muy cerca pero si abandonamos el pozo y comenzamos a buscar el agua en otro lado, quizá nunca la encontremos.

En ti está la fuente de la vida.

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viernes, octubre 26, 2007

Cuando te das cuenta de que estás vivo

De pronto te das cuenta de que estás vivo, de que existes. ¿Qué haces? Intentas encontrar algún significado, algunas respuestas. Tienes muchas preguntas, pero muy pocas respuestas. Muchas cosas que no entiendes y muy pocas que comprendes realmente. Muchos problemas, pero muy pocas soluciones. Y sin embargo, el tiempo es como una gran mano que no deja de empujarte. Quieres parar, pero la mano del tiempo no te deja, ni siquiera un minuto. No está permitido. Entonces, ¿qué haces?

Un día naciste, ahora estás vivo y un día tendrás que irte. Pero antes de partir, tienes la oportunidad de alcanzar la plenitud. Ésa ha sido la posibilidad que todos los seres humanos han tenido a través de la Historia, y ahora es tu posibilidad.

¿Por qué deberías alcanzar la plenitud? La respuesta a esa pregunta está en las escrituras de tu corazón. Ésas son las únicas escrituras para las que no hace falta que sepas leer y escribir. La gente se expresa de formas diferentes, pero lo que dicen es lo mismo. Todos somos seres humanos y, en definitiva, todos tenemos la misma pasión. A fin de cuentas, lo que queremos es estar en paz, sentirnos satisfechos, sentirnos felices. Queremos sentir esa alegría interior, esa paz interior. Algo que no sólo viene y va, sino que podemos decir que es nuestro.

¿Qué es realmente tuyo? Te aferras a tantas cosas: “Esto es mío”. Pero un día desaparece y te preguntas qué ha pasado. ¿Qué es lo verdaderamente tuyo? Algo que no te abandonará hasta el mismísimo final. Una cosa que es real, no una fantasía, sino algo que no te abandonará nunca, vayas adonde vayas y suceda lo que suceda. Ocurren cosas, hay tiempos buenos y malos. Los caminos cambian de dirección. El mundo cambia en un instante y todo lo que pensabas que era de una manera, ya no es así. Los sabios han llamado a esto “la gran ilusión”, porque parece muy real.

Así pues, ¿qué es lo que haces para alcanzar la plenitud? Hay cosas que sacan lo mejor de nuestra naturaleza y otras que sacan lo peor. ¿Cuál es tu naturaleza? ¿Eres amable? No hay duda de que hay amabilidad en ti, y no hay duda de que también hay ira. No hay duda de que en ti hay amor, y no hay duda de que también hay odio. Todo lo que desprecias en otras personas está en ti, y todo lo que te encanta de ellas, también está en ti.

¿Qué es lo que se manifiesta? ¿La amabilidad o el odio? ¿Con qué estás en contacto? ¿Estás frustrado y lleno de justificaciones o encantado de estar vivo? ¿Estás frustrado intentando razonar dónde te encuentras en esta autopista de la vida? ¿Intentando buscar respuestas a por qué ocurrió esto y lo otro?

Todas las herramientas que necesitas para encontrar la plenitud están a tu disposición. No estás incompleto, sino completo. Tu naturaleza es querer sentirte satisfecho, y yo ayudo a la gente en eso. El mundo te ha preparado para las preguntas; deja que yo te prepare para la respuesta. El problema que veo en este mundo es que las personas están tan obsesionadas con sus preguntas que, incluso después de obtener la respuesta, no quieren soltar la pregunta. Suéltala encantado cuando encuentres la respuesta.

Cuando rezo, rezo para que la gratitud llene mi corazón. Eso es todo. Mis deseos serán muchos. Puedo desear más cosas de lo que este mundo podría imaginar, pero algunas veces ni siquiera yo sé lo que quiero. Sin embargo, cuando rezo para estar lleno de gratitud, eso me va muy bien. Sentirme agradecido por estar vivo.

Hace poco estaba teniendo uno de esos días en que todo va mal. Todo. Y entonces sonreí. “¿Sabes qué? Hoy es un buen día para recordar que este aliento acaba de entrar en mí y que todo está bien”. Todo está bien. Del mismo modo que este aliento no es permanente, los problemas de este mundo tampoco lo son.

Consuélate, anímate. Tus problemas también desaparecerán algún día porque también son transitorios. Lo único que es permanente por naturaleza está en tu corazón. Reconoce eso y siéntete satisfecho. Haz que se cumpla la posibilidad que surgió el día que naciste, en el momento en que tomaste tu primer aliento.

Prem Rawat

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miércoles, octubre 24, 2007

The Shock Doctrine

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martes, octubre 23, 2007

Vota responsablemente

por Rock and Pop

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Ausencia

"Dejó los platos sin lavar...


Se despidió con un beso sin hablar. La vio cruzar la calle tras el vidrio. Correr para alcanzar el colectivo. Mientras él hacía miguitas con el pan y alargaba los recuerdos con un vino.

Cerró los ojos y la vio... linda, como cuando la conoció hace tanto en el Parque Retiro, riendo con toda la juventud, apretando el pochoclo y el rubor y un 'si' para la cita del domingo.

La vio ponerse para él toda la ternura que atesora una mujer; esa eterna y sensitiva flor que aroma los desiertos y la fe que asombra de luz y sencillez.

Y conoció el milagro del amor.

La vio tejer un escarpín más grande que el que muestra el figurín. La vio reírse y destejer. La vio agobiarse con su redondez. Parir. Y hasta la oyó cantar después al hijo que acababa de nacer.

La vio las noches sin dormir, si respira o no respira el chiquilín, o cuando tuvo la tos o el sarampión. La intuyó rezando alguna vez, siempre apuntalando su niñez, dando siempre por él, el corazón.

La vio esperarlo a la llegada del baile, su primer trasnochar y tenerse que rendir en los brazos fuertes de aquel muchachón que, con una burla y un beso le robaba el perdón y después, amorosa, arroparlo al dormir.

La vio celosa combatir cuando él trajo un beso diferente a los demás.

Y no quiso enterarse del nombre y del rostro de aquella mujer que, a menudo llamaba preguntando por él.

Cuántas noches... cuántas la sintió llorar... Y después la resignación.

Ella le dio un nieto y la llamó 'mamá'...

La vida es casi siempre así...

La vio arrinconarse sin mostrar dolor.

La vio resignarse con tanto valor con tal de que él fuera feliz...

El colectivo ya se va, como todos los jueves hace años ya... desde que de ellos no supieron más...

Con aquella foto linda donde están los tres... va a la Plaza de Mayo con aquél cartel que dice: 'Donde están mis hijos, Donde están...!'"


Rafael Amor
(cantaautor argentino,
hijo de un cantor de la orquesta de Canaro y
de una de las artesanas del bordado más cotizadas de América).

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lunes, octubre 22, 2007

Acuérdate


Acuérdate de lo bueno
Cuando el cielo esté gris:
Acuérdate cuando lo viste profundamente azul.
Cuando sientas frío:
Piensa en un sol radiante que ya te ha calentado.
Cuando sufras una derrota:
Acuérdate de tus triunfos y de tus logros.
Cuando necesites amor:
Revive tus experiencias de afecto y ternura.
Acuérdate de lo que has vivido
y de lo que has dado con alegría
Recuerda los regalos que te han hecho,
los besos que te han dado,
los paisajes que has disfrutado
y las risas que de ti han emanado.
Si esto has tenido
Lo podrás volver a tener
y lo que has logrado,
lo podrás volver a ganar.
Alégrate por lo bueno que tienes
y por lo de los demás;
desecha los recuerdos tristes y dolorosos,
no te lastimes más.
Piensa en lo bueno, en lo amable,
en lo bello y en la verdad.
Recorre tu vida y detente en donde haya
bellos recuerdos y emociones sanas y vívelas otra vez.
Visualiza aquel atardecer que te emocionó.
Revive esa caricia espontánea que se te dio
Disfruta nuevamente de la paz que ya has conocido,
piensa y vive el bien.
Allá en tu mente están guardadas todas las imágenes
Y solo tú decides cuáles has de volver a mirar...

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miércoles, octubre 17, 2007

Por qué todavía no me compré un DVD

por Marciano Duran


Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!

Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.

¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.

Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

¡Nos están fastidiando! ¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de xx años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon.

La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.

De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo' pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.

Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo)

Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita.

¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.

Y guardábamos. ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!!

¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.

Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.

Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.

Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.

Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.

¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables.

¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'este es un 4 de bastos'.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa (broches) y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

Ya sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.

Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se tansformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.

¡Ah¡ No lo voy a hacer!

Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.

No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.

De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.

Hasta aquí.

Marciano Duran

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martes, octubre 16, 2007

El Diario a Diario

Un señor toma el tranvía después de comprar el diario y ponérselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo.

Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de plaza. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que un muchacho lo ve, lo lee y lo deja convertido en un montón de hojas impresas.

Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego se lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis.


JULIO CORTAZAR

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sábado, octubre 13, 2007

12 de octubre, el "descubrimiento" de América y la historia oficial...


¿Cristóbal Colón descubrió América en 1492? ¿O antes que él la descubrieron los vikingos? ¿Y antes que los vikingos? Los que allí vivían, ¿no existían?

Caras y caretas
por Eduardo Galeano*

Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?

¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?

Nos han dicho, y nos siguen diciendo, que los peregrinos del Mayflower fueron a poblar América. ¿América estaba vacía?

Como Colón no entendía lo que decían, creyó que no sabían hablar. Como andaban desnudos, eran mansos y daban todo a cambio de nada, creyó que no eran gentes de razón. Y como estaba seguro de haber entrado al Oriente por la puerta de atrás, creyó que eran indios de la India.

Después, durante su segundo viaje, el almirante dictó un acta estableciendo que Cuba era parte del Asia. El documento del 14 de junio de 1494 dejó constancia de que los tripulantes de sus tres naves lo reconocían así; y a quien dijera lo contrario se le darían cien azotes, se le cobraría una pena de diez mil maravedíes y se le cortaría la lengua.

El notario, Hernán Pérez de Luna, dio fe. Y al pie firmaron los marinos que sabían firmar. Los conquistadores exigían que América fuera lo que no era. No veían lo que veían, sino lo que querían ver: la fuente de la juventud, la ciudad del oro, el reino de las esmeraldas, el país de la canela. Y retrataron a los americanos tal como antes habían imaginado a los paganos de Oriente.
Cristóbal Colón vio en las costas de Cuba sirenas con caras de hombre y plumas de gallo, y supo que no lejos de allí los hombres y las mujeres tenían rabos.

En la Guayana, según sir Walter Raleigh, había gente con los ojos en los hombros y la boca en el pecho. En Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de orejas tan grandes que las arrastraban por los suelos. En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los nativos tenían los pies al revés, con los talones adelante y los dedos atrás, y según Pedro Martín de Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el mejor disparo de sus flechas.

Anglería, que escribió la primera historia de América pero nunca estuvo allí, afirmó también que en el Nuevo Mundo había gente con rabos, como había contado Colón, y sus rabos eran tan largos que sólo podían sentarse en asientos con agujeros. El Código Negro prohibía la tortura de los esclavos en las colonias francesas. Pero no era por torturar, sino por educar, que los amos azotaban a sus negros y cuando huían les cortaban los tendones.

Eran conmovedoras las leyes de Indias, que protegían a los indios en las colonias españolas. Pero más conmovedoras eran la picota y la horca clavadas en el centro de cada Plaza Mayor.
Muy convincente resultaba la lectura del Requerimiento, que en vísperas del asalto a cada aldea explicaba a los indios que Dios había venido al mundo y que había dejado en su lugar a San Pedro y que San Pedro tenía por sucesor al Santo Padre y que el Santo Padre había hecho merced a la reina de Castilla de toda esta tierra y que por eso debían irse de aquí o pagar tributo en oro y que en caso de negativa o demora se les haría la guerra y ellos serían convertidos en esclavos y también sus mujeres y sus hijos. Pero este Requerimiento de obediencia se leía en el monte, en plena noche, en lengua castellana y sin intérprete, en presencia del notario y de ningún indio, porque los indios dormían, a algunas leguas de distancia, y no tenían la menor idea de lo que se les venía encima.

Hasta no hace mucho, el 12 de octubre era el Día de la Raza.

Pero, ¿acaso existe semejante cosa? ¿Qué es la raza, además de una mentira útil para exprimir y exterminar al prójimo? En el año 1942, cuando Estados Unidos entró en la guerra mundial, la Cruz Roja de ese país decidió que la sangre negra no sería admitida en sus bancos de plasma. Así se evitaba que la mezcla de razas, prohibida en la cama, se hiciera por inyección. ¿Alguien ha visto, alguna vez, sangre negra?

Después, el Día de la Raza pasó a ser el Día del Encuentro.

¿Son encuentros las invasiones coloniales? ¿Las de ayer, y las de hoy, encuentros? ¿No habría que llamarlas, más bien, violaciones? Quizás el episodio más revelador de la historia de América ocurrió en el año 1563, en Chile. El fortín de Arauco estaba sitiado por los indios, sin agua ni comida, pero el capitán Lorenzo Bernal se negó a rendirse. Desde la empalizada, gritó:

— ¡Nosotros seremos cada vez más!

— ¿Con qué mujeres? –preguntó el jefe indio.

— Con las vuestras. Nosotros les haremos hijos que serán vuestros amos.

Los invasores llamaron caníbales a los antiguos americanos, pero más caníbal era el Cerro Rico de Potosí, cuyas bocas comían carne de indios para alimentar el desarrollo capitalista de Europa.
Y los llamaron idólatras, porque creían que la naturaleza es sagrada y que somos hermanos de todo lo que tiene piernas, patas, alas o raíces.

Y los llamaron salvajes. En eso, al menos, no se equivocaron. Tan brutos eran los indios que ignoraban que debían exigir visa, certificado de buena conducta y permiso de trabajo a Colón, Cabral, Cortés, Alvarado, Pizarro y los peregrinos del Mayflower.

Brecha

Eduardo Galeano
Periodista y escritor uruguayo, autor de
Las Venas Abiertas de América Latina,
La canción de nosotros,
Días y noches de amor y de guerra,
Las palabras andantes,
El libro de los abrazos, entre otros

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jueves, octubre 11, 2007

Aprender a volar

Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:

-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.

-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.

-Ven – dijo el padre.

Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.

-Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás...

El hijo dudó.

-¿Y si me caigo?

-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida.

Los más pequeños de mente dijeron:

-¿Estás loco?

-¿Para qué?

-Tu padre está delirando...

-¿Qué vas a buscar volando?

-¿Por qué no te dejas de pavadas?

-Y además, ¿quién necesita volar?

Los más lúcidos también sentían miedo:

-¿Será cierto?

-¿No será peligroso?

-¿Por qué no empiezas despacio?

-En todo casa, prueba tirarte desde una escalera.

-...O desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?

El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.

Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó...

Desplegó sus alas.

Las agitó en el aire con todas sus fuerzas... pero igual... se precipitó a tierra...

Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:

-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di!. No soy como tú. Mis alas son de adorno... – lloriqueó.

-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen.

Es como tirarse en un paracaídas... necesitas cierta altura antes de saltar.

Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo.

Si uno no quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como siempre.

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COMO EMBELLECER TU ALMA



El limpiador de tu alma es el perdón.
Deberás usarlo todo el tiempo, apenas veas una impureza, aplícalo. No
te acuestes nunca sin haber pedido perdón y sin haber perdonado.

El resultado será que en paz te acostaras y asimismo dormirás y tu
sueño te sustentará.


La hidratante de tu alma es la oración.
Si no hidratas la piel de tu rostro, se marchita.
Así, si no oras, tu alma se reseca. Pero a medida que confías en
Dios , el afán y la ansiedad desaparecen, y aprendes a reposar y
esperar en el Señor.


La tonificante de tu alma es la alabanza.
Cuando alabas a Dios y vuelves a El tus pensamientos, cuando te
olvidas de ti mismo, sin egoísmo en tu corazón,
quedas libre para que Dios ponga en tí su gozo.


La nutritiva de tu alma es la Palabra.
Así como en lo físico no puedes vivir sin alimentos, tu alma necesita
el alimento de la Palabra de Dios.

Cuando te alimentas con la Palabra, la debilidad y la confusión
desaparecen.
Serás como árbol plantado junto a corrientes de agua.


El protector de tu alma es la coraza de la Fe.
Con la Fe te protegerás de las inclemencias de la vida, mirarás por
encima de las circunstancias y pasarás victoriosa en medio de las
pruebas.

A través de tí, Dios moverá montañas y alcanzarás a otros para gloria
de Dios.


Si usas a diario estos productos de belleza,
tu alma se mantendrá limpia y tu corazón será puro.
Te saciarás de bien, de modo que te rejuvenezcas como el águila.


El que alguien toque mi vida es un privilegio,
Tocar la vida de alguien es un honor, Pero el ayudar a que otros
toquen sus propias vidas.
Es un placer indescriptible!

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miércoles, octubre 10, 2007

Aceptación

Aceptación significa que puedes encontrar en tu corazón la serenidad que te libere del pasado con sus errores y pesares, te transporte hacia el futuro con una perspectiva nueva, y te haga apreciar la oportunidad de una nueva vida.

Aceptación significa que cuando haya momentos difíciles en tu vida, sabrás hallar el amparo y el consuelo para aliviar tus pesares. Hallarás nuevas aspiraciones y esperanzas, e indulgencia en tu corazón.

Aceptación no significa perfección para siempre. Solo significa que te sobrepondrás a la imperfección.
Aceptación es la senda hacia la paz, para liberarte de lo peor, conservar lo mejor, y hallar en tu alma la esperanza que te acompañe toda la vida.

Aceptación es la mejor defensa del corazón, el mayor bien del amor, y la manera más fácil de seguir creyendo en tí y en los demás...

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Milagro !!!!






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Las personas son regalos

Las personas son regalos que la vida me ha dado.
Y como todos los regalos, llegan envueltas.
Algunas vienen envueltas en forma muy bella,
otras de una manera menos atractiva,
y otras cerradas con gran rigidez.
Algunas llegan maltratadas, pero otras llegan como "Entrega Especial".

Pero la envoltura no es el regalo y es importante
darse cuenta de esto, ya que es muy fácil equivocarse
y juzgar el contenido por el estuche.
A veces el regalo se abre con facilidad;
otras veces se necesita la ayuda de otras personas.

Tal vez porque tienen miedo, quizá antes fueron
heridas y no quieren ser lastimadas de nuevo.
Pudo ser que alguna vez se abrieron y fueron desechadas.
Quizás ahora se sienten más bien como "cosas",
que como seres humanos.
Yo soy una persona. Como todas las demás personas,
también soy un regalo.
Poseo una bondad que es sólo mía, y sin embargo,
algunas veces tengo miedo de mirar dentro de mi envoltura.

Tal vez temo decepcionarme, quizás no confío en lo que llevo dentro, o puede ser que en realidad nunca he aceptado el regalo que soy.
Cada encuentro y comunicación entre personas
es un intercambio de regalos.
Mi regalo soy yo, tú eres tu regalo.
Somos obsequios de Dios, unos para otros.
Es difícil pensar que aquel que me ha lastimado,
es también un regalo de Dios. Pero si vemos la ofensa como una envoltura maltratada y no nos quedamos con ella, seguramente encontraremos un hermoso regalo, pues de cada suceso Dios nos tiene una enseñanza para crecer en su AMOR y en nuestra fe.
Nosotros mismos podemos tener una envoltura maltratada por el tiempo o las circunstancias, pero lo que llevamos dentro siempre será hermoso, pues quien lo puso ahí es nuestro Creador.

Sólo tenemos que ver hacia adentro y estar listos para darnos.
Descubre en tu interior todos los dones con los que El Señor te conformó
y sé el digno regalo para los que te necesitamos. ..

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martes, octubre 09, 2007

El buscador

(Jorge Bucay)

Esta es la historia de un hombre que yo definiría como un buscador... Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debería ir a la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de si mismo, de modo que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó a lo lejos la ciudad de Kammir.

Un poco antes de llegar al pueblo una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores bellas. La rodeaba por completo una especie de valla de madera lustrada... Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.

De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y caminó lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió sobre una de las piedras, aquella inscripción: "Aquí yace Abdul Tareg. Vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días". Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estuviera enterrado en ese lugar.

Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado tenía también una inscripción. Se acercó a leerla y decía: "Aquí yace Yamir Kalib. Vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas". El buscador se sintió terriblemente abatido.

Ese hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una leyó las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que más lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años. Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio, que pasaba por ahí, se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. -No, ningún familiar- dijo el buscador.

¿Qué pasa con este pueblo?

¿Qué cosa terrible hay en esta ciudad?

¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?

¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente?

¿Qué los ha obligado a construir un cementerio de niños?

El anciano respondió: Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que sucede es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré...

Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta como ésta que tengo aquí colgando del cuello. Y es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado... a la derecha, cuanto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media? Y después... la emoción del primer beso, el placer maravilloso de la primera noche, ¿cuanto duró el minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana? ¿Y el casamiento de sus amigos?

¿Y el viaje más deseado? ¿Y el encuentro con quien vuelve de un país lejano? ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de esas sensaciones? ¿Horas? ¿Días?... así... vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos.

Cuando alguien muere es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque es, amigo caminante, el único y verdadero tiempo VIVIDO.

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Tu hijo


Autora: Zenaida Bacardí de Argamasilla
Libro: Ramillete de Estrellas

Cuando te pida que no le cortes el paso, déjalo seguir.

Cuando te pida que no lo asedies a preguntas, déjalo reposar...

Cuando te pida que quiere estar solo, déjalo en paz...

Cuando se aferre, déjalo tropezar...

Cuando no razone, déjalo que experimente.

Cuando crea que sabe mas que tu, déjalo fracasar...
Porque tu hijo esta creciendo.


Cuando se empeñe en abrir alas, déjalo volar

Cuando insista en grabar su pisada, déjalo caminar.

Cuando presione para fabricar su mundo, déjalo construir.
Porque tu hijo se esta haciendo fuerte.


Cuando quiera llevar el timón, suéltale las manos.

Cuando quiera decidir por si solo, ábrele el horizonte.

Cuando sepa por si mismo trazar su trayectoria, conducir su destino y acatar la ley de Dios...

Ya puedes dar gracias... Porque tu hijo se hizo un hombre.

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lunes, octubre 08, 2007

BREVE MEDITACIÓN SOBRE UN RETRATO DE CHE GUEVARA


Che Guevara, si tal se puede decir, ya existía antes de haber nacido, Che Guevara, si tal se puede afirmar, continuó existiendo después de haber muerto. Porque Che Guevara es sólo el otro nombre de lo que hay de más justo y digno en el espíritu humano.
José Saramago | Lisboa

No importa qué retrato. Uno cualquiera: serio, sonriendo, arma en mano, con Fidel o sin Fidel, diciendo un discurso en las Naciones Unidas, o muerto, con el torso desnudo y ojos entreabiertos, como si del otro lado de la vida todavía quisiera acompañar el rastro del mundo que tuvo que dejar, como si no se resignase a ignorar para siempre los caminos de las infinitas criaturas que estaban por nacer. Sobre cada una de estas imágenes se podría reflexionar profusamente, de un modo lírico o de un modo dramático, con la objetividad prosaica del historiador o simplemente como quien se dispone a hablar del amigo que descubre haber perdido porque no lo llegó a conocer...


Al Portugal infeliz y amordazado de Salazar y de Caetano llegó un día el retrato clandestino de Ernesto Che Guevara, el más célebre de todos, aquel hecho con manchas fuertes de negro y rojo, que se convirtió en la imagen universal de los sueños revolucionarios del mundo, promesas de victorias a tal punto fértiles que nunca habrían de degenerar en rutinas ni en escepticismos, antes darían lugar a otros muchos triunfos, el del bien sobre el mal, el de lo justo sobre lo inicuo, el de la libertad sobre la necesidad.

Enmarcado o fijo a la pared por medios precarios, ese retrato estuvo presente en debates políticos apasionados en la tierra portuguesa, exaltó argumentos, atenuó desánimos, arrulló esperanzas. Fue visto como un Cristo que hubiese descendido de la cruz para descrucificar a la humanidad, como un ser dotado de poderes absolutos que fuera capaz de extraer de una piedra el agua con que se mataría toda la sed, y de transformar esa misma agua en el vino con que se bebería el esplendor de la vida. Y todo esto era cierto porque el retrato de Che Guevara fue, a los ojos de millones de personas, el retrato de la dignidad suprema del ser humano.

Pero fue también usado como adorno incongruente en muchas casas de la pequeña y de la media burguesía intelectual portuguesa, para cuyos integrantes las ideologías políticas de afirmación socialista no pasaban de un mero capricho coyuntural, forma supuestamente arriesgada de ocupar ocios mentales, frivolidad mundana que no pudo resistir al primer choque de la realidad, cuando los hechos vinieron a exigir el cumplimiento de las palabras.

Entonces, el retrato del Che Guevara, testimonio, primero, de tantos inflamados anuncios de compromiso y de acción futura, juez, ahora del miedo encubierto, de la renuncia cobarde o de la traición abierta, fue retirado de las paredes, escondido, en la mejor hipótesis, en el fondo de un armario, o radicalmente destruido, como se quisiera hacer con algo que hubiese sido motivo de vergüenza.

Una de las lecciones políticas más instructivas, en los tiempos de hoy, sería saber lo que piensan de sí mismos esos millares y millares de hombres y mujeres que en todo el mundo tuvieron algún día el retrato de Che Guevara en la cabecera de la cama, o en frente de la mesa de trabajo, o en la sala donde recibían a los amigos, y que ahora sonríen por haber creído o fingido creer.

Algunos dirían que la vida cambió, que Che Guevara, al perder su guerra, nos hizo perder la nuestra, y por tanto era inútil echarse a llorar, como un niño a quien se le ha derramado la leche. Otros confesarían que se dejaron envolver por una moda del tiempo, la misma que hizo crecer barbas y alargar las melenas, como si la revolución fuera una cuestión de peluqueros. Los más honestos reconocerían que el corazón les duele, que sienten en él el movimiento perpetuo de un remordimiento, como si su verdadera vida hubiese suspendido el curso y ahora les preguntase, obsesivamente, adónde piensan ir sin ideales ni esperanzas, sin una idea de futuro que dé algún sentido al presente.

Che Guevara, si tal se puede decir, ya existía antes de haber nacido, Che Guevara, si tal se puede afirmar, continuó existiendo después de haber muerto. Porque Che Guevara es sólo el otro nombre de lo que hay de más justo y digno en el espíritu humano. Lo que tantas veces vive adormecido dentro de nosotros. Lo que debemos despertar para conocer y conocernos, para agregar el paso humilde de cada uno al camino de todos.


Traducción del portugués por Dominica Diez
Tomado de Casa de las Américas

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CHE - 1997

Mario Benedetti | Uruguay

Lo han cubierto de afiches/ de pancartas
de voces en los muros
de agravios retroactivos
de honores a destiempo

lo han transformado en pieza de consumo
en memoria trivial
en ayer sin retorno
en rabia embalsamada

han decidido usarlo como epílogo
como última thule de la inocencia vana
como añejo arquetipo de santo o satanás

y quizás han resuelto que la única forma
de desprenderse de él
o dejarlo al garete
es vaciarlo de lumbre
convertirlo en un héroe
de mármol o de yeso
y por lo tanto inmóvil
o mejor como mito
o silueta o fantasma
del pasado pisado

sin embargo los ojos incerrables del che
miran como si no pudieran no mirar
asombrados tal vez de que el mundo no entienda
que treinta años después sigue bregando
dulce y tenaz por la dicha del hombre.

Tomado de Casa de las Américas

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viernes, octubre 05, 2007

La piedra de hacer sopa


En un pequeño pueblo una mujer se llevó una gran sorpresa al ver que llamaba a su puerta un extraño correctamente vestido que le pedía algo de comer.

- Lo siento -dijo ella-, pero ahora mismo no tengo nada en casa.

- No se preocupe -dijo amablemente el extraño-, tengo una piedra de sopa en mi cartera. Si usted me permitiera echarla en una olla de agua hirviendo, yo haría la sopa más exquisita del mundo.

Presa de la curiosidad, la mujer consiguió una olla y la puso al fuego. Luego les fue a contar el secreto a sus vecinas, que acudieron enseguida para ver a aquel extraño y su piedra de sopa. El extraño dejó caer la piedra en el agua, luego probó una cucharada con verdadera delectación y exclamó:

- ¡Deliciosa! Lo único que necesita es unas cuantas papas...

- Yo tengo unas papas en mi cocina -gritó una mujer.

Y en pocos minutos estaba de regreso con una gran fuente de papas peladas que fueron derecho a la sopa. El extraño volvió a probar el brebaje.

- Excelente -dijo, y añadió pensativamente- : si tuviéramos un poco de carne, haríamos un cocido más apetitoso.

Otra ama de casa salió a la disparada y regresó con un pedazo de carne que el extraño, tras aceptarlo cortésmente, introdujo en el puchero. Cuando volvió a probar el caldo, puso los ojos en blanco y dijo:

- ¡Ah, qué sabroso! Si tuviéramos unas cuantas verduras, sería perfecto, absolutamente perfecto...

Una de las vecinas fue corriendo hasta su casa y volvió con una cesta llena de cebollas y zanahorias. Después de introducir las verduras en el puchero, el extraño probó nuevamente la sopa y con tono autoritario, dijo:

- La sal.

- Aquí la tiene - le dijo la dueña de casa.

A continuación dio la orden: - Platos para todo el mundo.

La gente se apresuró a ir a sus casas en busca de platos. Algunos regresaron trayendo incluso pan y frutas. Luego, se sentaron a disfrutar de la espléndida comida, mientras el extraño repartía abundantes raciones de su increíble sopa.

Todos se sentían extrañamente felices mientras reían, charlaban y compartían por primera vez su comida. En medio del alborozo, el extraño se escabulló silenciosamente, dejando tras de sí la milagrosa piedra de sopa, que ellos podrían usar siempre que quisieran hacer la más deliciosa sopa del mundo...

Mensajes para el Camino...

Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad.

(
Pearl S. Buck)

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Acerca de ir envejeciendo.

Los puntos de vista de George Carlin acerca de ir envejeciendo:

¿Te das cuenta de que la única vez en la vida en la que nos gusta envejecer es cuando somos niños? Si tienes menos de 10 años de edad, te sientes tan ansioso por "ganar años" que piensas en fracciones. "¿Cuántos años tienes?" "Tengo cuatro años y medio!" Uno nunca tiene treinta y seis y medio. Tienes cuatro y medio, camino a los cinco! Ese es la clave.

Llegas a la adolescencia; ahora no te puedes contener. Saltas al número que sigue, o a algunos más adelante. "¿Qué edad tienes?" "Voy a cumplir 16!" Tal vez tengas 13, pero oye, vas a tener 16! Y el día más grande de tu vida... cumples 21. Aun las palabras suenan como una ceremonia.
¡¡¡HAS LLEGADO A LOS 21, SIIII !!!!!

Pero entonces llegas a los 30. Oh,oh! ¿qué sucede ahí? ¡Suena como si fuera leche agria! El LLEGÓ; tenemos que dejarlo de lado. Ahora no hay diversión, uno es una masa estropeada. ¿Qué sucedió? ¿Qué ha cambiado? ALCANZAS LOS 21, LLEGAS a los 30, entonces empiezas a EMPUJAR hacia los 40. ¡Caray! Pone los frenos, te vas deslizando. Antes de que te des cuenta YA TIENES 50 y tus sueños se han ido.

¡¡Pero espera!!! LOGRAS llegar a los 60. No pensabas que eso sucedería! Has ido ganando velocidad y que LOGRAS llegar a los 70! Después de eso es un asunto de día a día; LOGRAS llegar al miércoles!

Entras en los 80 y cada día es un ciclo completo; LLEGAS al almuerzo; ALCANZAS las 4:30 de la tarde; LLEGAS a la hora de acostarte. Y no termina ahí. A los 90, comienzas a ir para atrás: "Si yo SÓLO tenía 92."

Entonces sucede algo extraño. Si llegas hasta los 100, te vuelves un niñito. "Tengo 100 años y medio!" Que todos ustedes lleguen a unos 100 años y medio llenos de salud!!

COMO MANTENERSE JOVEN :

1. Despréndete de los números no esenciales. Esto incluye edad, peso, y estatura. Deja que los médicos se preocupen de ellos. Para eso les pagamos.

2. Conserva sólo amigos alegres. Los rezongones te "bajonean".

3. Sigue aprendiendo. Aprende más en cuanto a la computadora, artesanías, jardinería, lo que quieras. Nunca dejes que la mente se vuelva perezosa.
"La mente perezosa es el taller del diablo". Y el nombre del diablo es Alzheimer.

4. Goza de las cosas sencillas.

5. Ríe a menudo, mucho y fuerte. Ríe hasta que te atores por falta de aliento.

6. Las lágrimas aparecen. Persevera, conduélete y sigue adelante. La única persona, que está con nosotros la vida entera, es nosotros mismos.
Mantente VIVO mientras estés vivo.

7. Rodéate con lo que ames, sea la familia, mascotas, recuerdos de familia, música, plantas, pasatiempos, lo que sea. Tu hogar es tu refugio.

8. Atesora tu salud: Si es buena, consérvala. Si es inestable, mejórala. Si está más allá de lo que puedes mejorar, busca ayuda.

9 No viajes a la culpa. Viaja al mercado, o a un país vecino; a un país extranjero pero NO donde esté la culpa.

10. Dile a la gente que la amas, en toda oportunidad que se te presente.
Y SIEMPRE RECUERDA: La vida no se mide por el número de veces que respiramos, sino por los momentos que nos quitan el aliento.

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La fabula del tonto

Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y recibiendo limosnas.

Diariamente, algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 centavos y otra de menor tamaño, pero de 1 peso.


Él siempre agarraba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió:
- Lo sé, no soy tan tonto..., vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el jueguito se acaba y no voy a ganar más mi moneda.

Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:

La primera: Quien parece tonto, no siempre lo es.

La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos tontos de la historia?

La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos

La cuarta: Y la más interesante, podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.


MORALEJA:

"El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser tonto delante de un tonto que aparenta ser inteligente"

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jueves, octubre 04, 2007

El Amor: ni esconderse ni huir

Existe entre los bosquimanos, -un pacífico pueblo del desierto de Kalahari-, una curiosa costumbre: dado que cíclicamente pasan temporadas en las que es difícil obtener alimentos, sus cuerpos tienen una reserva de grasa para esos tiempos difíciles.

¿Dónde?

En las nalgas, que sobresalen de modo notable. Así, cuando un joven se enamora de una chica, cuenta, para hacérselo saber, con un diminuto arco y una pequeñita flecha, la cual disparará en algún momento... en la nalga de ella. Si ella le corresponde en el sentir, se acercará a él y se la devolverá. Si no, lo mirará de frente y partirá la flecha en dos. Sin saberlo, esta tribu encarna en cada vínculo el mito griego de Cupido. ¿Quién de nosotros no ha sido herido por esa flecha?

Un vínculo profundo implica, siempre, algún tipo de herida, pues cada vínculo, breve o prolongado, nos esculpe por dentro.
Borges lo dijo así:

" He ejecutado un acto irreparable: he establecido un vínculo."

Pareciera ser que la Vida, al crear a los humanos, nos instaló un mecanismo automático para propiciar nuestra evolución: la necesidad de vincularnos; como las plantas, nos polinizamos recíprocamente en cada relación (y de cada uno dependerá qué fruto dé ese intercambio).

Por eso es natural tener miedo a abrirse íntimamente: no sólo tememos al rechazo o al abandono, sino también a la transformación interna que un vínculo pueda dejar en nosotros; ya no seremos los mismos. (Y es que de eso se trata la Vida!...)

¿Cuál es el riesgo mayor ante ese miedo?

Cerrarse .

Porque cerrarse a las relaciones transformadoras, hace que uno se encoja dentro de sí, se en-ferme (etimológicamente: "en ferme" = cerrado).

Crecer vincularmente afrontando esos miedos , es lo único que puede curar el temor. Porque... ¿cuál es, si no, la otra opción? ¿Esperar a, "alg ún día", ya no tener miedo para por fin entonces animarse a establecer vínculos? Resultará triste elegir lo que el mismo Borges enunció así:

" Es el Amor: tendré que esconderme, o huir".

Salga bien o salga mal, un vínculo puede ser un espejo donde verse a sí mismo: un Camino de autoconocimiento.

Sólo ese proceso nos lleva desde el amor con minúsculas, a algo mucho más hondo: al Amor, con mayúsculas.

Falta aclarar algo: no es fácil. Pero quizás nada de lo que valga la pena lo sea...

Un antiguo relato Zen nos lo dice de este modo:

El aprendiz de la vida tenía una duda en el corazón. No se trataba de una pregunta filosófica, nacida de su intelecto, sino de un cuestionamiento que le surgía desde su propio dolor. (Ésas son las preguntas que verdaderamente valen la pena...)

Fue entonces hasta el recinto donde estaba su instructor, y, con el corazón abierto, le preguntó:

- Maestro... ¿qué es el Amor?.
Su respuesta fue muy breve:
- La ausencia de miedo.

Luego meditar en silencio, el aprendiz volvió a preguntar:
- ¿Y qué es aquello a lo que le tenemos miedo?
Y el maestro contestó:
- A lo que tenemos miedo es al Amor.


Virginia Gawel & Eduardo Sosa
CENTRO TRANSPERSONAL DE BUENOS AIRES

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miércoles, octubre 03, 2007

Lo que cada uno posee


Una persona perversa resuelve hacer un presente a una persona pobre por su aniversario e irónicamente manda preparar una bandeja llena de basura y desperdicios.

En presencia de todos, manda entregar el presente, que es recibido con alegría por el agasajado.

Gentilmente, el agasajado agradece y pide que lo espere un instante, ya que le gustaría poder retribuir la gentileza.

Tira la basura, lava la bandeja, la cubre de flores, y la devuelve con un papel, donde dice:

“Cada uno da lo que posee”.

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Los comentarios


Había una vez un matrimonio con un hijo de doce años y un burro. Decidieron viajar, trabajar y conocer el mundo. Así, se fueron los tres con su burro.



Al pasar por el primer pueblo, la gente comentaba: “Mira ese chico mal educado; él arriba del burro y los pobres padres, ya grandes, llevándolo de las riendas”. Entonces, la mujer le dijo a su esposo: "No permitamos que la gente hable mal del niño". El esposo lo bajó y se subió él.



Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuraba: “Mira qué sinvergüenza ese tipo; deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima”. Entonces, tomaron la decisión de subirla a ella al burro, mientras padre e hijo tiraban de las riendas.



Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba: “Pobre Hombre… Después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro! y pobre hijo ¡qué le espera con esa madre!” Se pusieron de acuerdo y decidieron subir los tres al burro para comenzar nuevamente su peregrinaje.



Al llegar al pueblo siguiente, escucharon que los pobladores decían: “Son unas bestias, más bestias que el burro que los lleva, van a partirle la columna!” Por último, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro.



Pero al pasar por el pueblo siguiente no podían creer lo que las voces decían sonrientes: “Mira a esos tres idiotas: caminan, cuando tienen un burro que podría llevarlos”.



Conclusión...



Siempre te criticarán, hablarán mal de ti y será difícil que encuentres alguien a quien le conformen tus actitudes.


Afronta tu camino con coraje, no tengas miedo de las críticas de los demás. Y, sobre todo, no te dejes paralizar por tus propias críticas.

(Paulo Coelho
)


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El tunel del ferrocarril


Aquel túnel que había sido del ferrocarril y que llevaba ya varios años de clausura, siempre había tenido para los niños (y no tan niños) de San Jorge un aura de misterio, alucinación y embrujo, que ninguna explicación de los mayores era capaz de convertir en realidad monda y lironda. Siempre aparecía alguno que había visto salir del túnel un caballo blanco y sin jinete, o, en algún empujón de viento, una sábana pálida y sin arrugas que planeaba un rato como un techo móvil y se desmoronaba luego sobre los pastizales.

En ambas bocas de la tenebrosa galería, unos sólidos cercos de hierros y maderas casi podridas impedían el acceso de curiosos y hasta de eventuales fantasmas.

Pasó el tiempo y aquellos niños fantasiosos se fueron convirtiendo en padres razonables que a su vez engendraron hijos fantasiosos. Un día llegó el rumor de que las líneas del ferrocarril serían restauradas y la gente empezó a mirar el túnel como a un familiar recuperable. Seis meses después del primer rumor fueron retirados los cercos de hierro y madera, pero todavía nadie apareció para revisar los rieles y ponerlos a punto.

¿Recuerdan ustedes a Marquitos, el hijo de don Marcos, y a Lucas junior, el hijo de don Lucas? El túnel había sido para ambos un trajinado tema de conversación y especulaciones, y aunque ahora ya habían pasado la veintena, continuaban (medio en serio, medio en broma) enganchados a la mística del túnel.

- ¿Viste que aún ahora, que está abierto, nadie se ha atrevido a meterse en ese gran hueco?

- Yo voy a atreverme –anunció Marquitos, con un gesto mas heroico del que había proyectado. A partir de ese momento, se sintió esclavo de su propio anuncio.

Menos intrépido, Lucas junior lo acompañó hasta el comienzo (e el final, vaya uno a saber cuál era la correcta viceversa) del insinuante bosque. Marquitos se despidió con una sonrisa preocupada.

A los quince o veinte metros de haber iniciado su marcha, se vio obligado a encender su potente linterna. Entre los rieles y la maleza invasora se deslizaban las ratas, algunas de las cuales se detenían un instante a examinarlo y luego seguían su ruta.

Por fin apareció una figura humana, que parecía venir a su encuentro con un farol a querosén.

- Hola –dijo Marquitos.

- Mi nombre es Servando –dijo el del farol. – Dicen que soy un delincuente y por eso escapo. Me acusan de haber castigado a una anciana cuando en realidad fue la vieja la que me pegó. Y con un palo. Mirá como me dejó este brazo.

El tipo no esperó ni reclamó respuesta y siguió caminando. Dentro de un rato, pensó Marquitos, le dará la sorpresa a Lucas junior.

El siguiente encuentro fue con una mujer abrigada con un poncho marrón.

- Soy Marisa. Mucho gusto. Mi marido, o mejor dicho mi macho, se fue con una amante y mis dos hijos. Sé que lo hizo para que yo me suicide. Pero está muy equivocado. Yo seguiré hasta el final. ¿Usted querría suicidarse? ¿O no?

- No, señora. Yo también soy de los que sigo.

Ella lo saludó con un ¡hurra! Un poco artificial y alejó cantando.

Durante un largo trayecto, como no aparecía nadie, Marquitos se limitó a seguir la línea de los rieles.

Luego llegó el perro con ojos fulgurantes, que más bien parecían de gato. Pasó a su lado, muerto de miedo, sin ladrar ni mover la cola. El amo era sin duda el personaje que lo seguía, a unos veinte metros.

- No tenga miedo del perro. Esta compacta oscuridad lo acobarda. A la luz del día sí es temible. Su nómina de mordidos llega a quince, entre ellos un niño de tres años.

- ¿Y por qué no lo pone a buen seguro?

- Lo preciso como defensa. En dos ocasiones me salvó la vida.

El recién llegado miró detenidamente a Marquitos y luego se atrevió a preguntar:

- Usted, ¿vive en el túnel?

- No. Por ahora, no.

- A usted que anda sin perro, muy campante, sólo le digo: tenga cuidado.

- ¿Ladrones?

- También ladrones.

- ¿Ratas?

- También ratas.

No dijo nada más, y sin siquiera despedirse, se alejó. El perro había retrocedido como para rescatarlo. Y lo rescató.

Marquitos permaneció un buen rato, quieto y silencioso. La muchacha casi tropezó con él. Su gritito acabó en suspiro.

- ¿Qué hace aquí? –Preguntó ella, no bien salida del primer asombro.

- Estoy nomás. ¿Y usted?

- Me metí aquí para pensar, pero no puedo. Las goteras y las ratas me distraen. Tengo miedo de quedarme dormida. Prefiero esta duermevela.

- ¿Y por qué no retrocede?

- Sería darme por vencida.

- ¿Quiere que la acompañe?

- No.

- ¿Necesita algo?

- Nada.

- Me sentiré culpable si la dejo aquí, sola, y sigo caminando.

- No se preocupe. A los solos vocacionales, como usted y yo, nunca nos pasa nada.

- ¿Puedo darle un beso de adiós?

- No, no puede.

Caminó casi una hora más sin encontrar a nadie. Se sentía agotado. Le dolían todas las bisagras y el pescuezo. También las articulaciones, como si fuera artrítico.

Cuando llegó al final, había empezado a lloviznar. Se refugió bajo un cobertizo, medio destartalado. De pronto una moto se detuvo allí y cierto conocido rostro veterano asomó por debajo de un impermeable.

Era Fernández, claro, viejo amigo de su padre. El de la moto le hizo una seña con el brazo y le gritó:

- ¡Don Marcos! ¿Qué hacés ahí, tan solitario?

- Eh, Fernández. No confunda. No soy don Marcos, soy Marquitos.

- No te hagas el infante, che. Nunca vi un Marquitos con tantas canas. ¿O te olvidás que fuimos compañeros de aula y de parranda?

- No soy don Marcos. Soy Marquitos.

- En todo caso, Marquitos con Alzheimer.

- Por favor Fernández, no se burle. Acabo de salir del túnel. Lo recorrí de cabo a rabo.

- Ese túnel vuelve locos a todos. Deberían clausurarlo para siempre.

- No soy don Marcos. Soy Marquitos. Justamente voy ahora en busca de mi viejo.

- Sos incorregible. Desde chico fuiste un payaso. Tomá, te dejo mi paraguas.

La moto arrancó y pronto se perdió tras la loma. Mientras tanto, en el cobertizo, sólo se oía una voz repetida, cada vez más cavernosa:

- ¡Soy Marquitos! ¡Soy Marquitos!

Por fin, cuando emergió del túnel un caballo blanco, sin jinete, y se paró de manos frente al cobertizo, Marquitos se llamó a silencio y no tuvo más remedio que mirarse las manos. A esa altura, le fue imposible negarlo: eran manos de viejo.



Cuento extraído de “Insomnio y duermevelas”, libro de poemas de Mario Benedetti.

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