miércoles, octubre 03, 2007

El tunel del ferrocarril


Aquel túnel que había sido del ferrocarril y que llevaba ya varios años de clausura, siempre había tenido para los niños (y no tan niños) de San Jorge un aura de misterio, alucinación y embrujo, que ninguna explicación de los mayores era capaz de convertir en realidad monda y lironda. Siempre aparecía alguno que había visto salir del túnel un caballo blanco y sin jinete, o, en algún empujón de viento, una sábana pálida y sin arrugas que planeaba un rato como un techo móvil y se desmoronaba luego sobre los pastizales.

En ambas bocas de la tenebrosa galería, unos sólidos cercos de hierros y maderas casi podridas impedían el acceso de curiosos y hasta de eventuales fantasmas.

Pasó el tiempo y aquellos niños fantasiosos se fueron convirtiendo en padres razonables que a su vez engendraron hijos fantasiosos. Un día llegó el rumor de que las líneas del ferrocarril serían restauradas y la gente empezó a mirar el túnel como a un familiar recuperable. Seis meses después del primer rumor fueron retirados los cercos de hierro y madera, pero todavía nadie apareció para revisar los rieles y ponerlos a punto.

¿Recuerdan ustedes a Marquitos, el hijo de don Marcos, y a Lucas junior, el hijo de don Lucas? El túnel había sido para ambos un trajinado tema de conversación y especulaciones, y aunque ahora ya habían pasado la veintena, continuaban (medio en serio, medio en broma) enganchados a la mística del túnel.

- ¿Viste que aún ahora, que está abierto, nadie se ha atrevido a meterse en ese gran hueco?

- Yo voy a atreverme –anunció Marquitos, con un gesto mas heroico del que había proyectado. A partir de ese momento, se sintió esclavo de su propio anuncio.

Menos intrépido, Lucas junior lo acompañó hasta el comienzo (e el final, vaya uno a saber cuál era la correcta viceversa) del insinuante bosque. Marquitos se despidió con una sonrisa preocupada.

A los quince o veinte metros de haber iniciado su marcha, se vio obligado a encender su potente linterna. Entre los rieles y la maleza invasora se deslizaban las ratas, algunas de las cuales se detenían un instante a examinarlo y luego seguían su ruta.

Por fin apareció una figura humana, que parecía venir a su encuentro con un farol a querosén.

- Hola –dijo Marquitos.

- Mi nombre es Servando –dijo el del farol. – Dicen que soy un delincuente y por eso escapo. Me acusan de haber castigado a una anciana cuando en realidad fue la vieja la que me pegó. Y con un palo. Mirá como me dejó este brazo.

El tipo no esperó ni reclamó respuesta y siguió caminando. Dentro de un rato, pensó Marquitos, le dará la sorpresa a Lucas junior.

El siguiente encuentro fue con una mujer abrigada con un poncho marrón.

- Soy Marisa. Mucho gusto. Mi marido, o mejor dicho mi macho, se fue con una amante y mis dos hijos. Sé que lo hizo para que yo me suicide. Pero está muy equivocado. Yo seguiré hasta el final. ¿Usted querría suicidarse? ¿O no?

- No, señora. Yo también soy de los que sigo.

Ella lo saludó con un ¡hurra! Un poco artificial y alejó cantando.

Durante un largo trayecto, como no aparecía nadie, Marquitos se limitó a seguir la línea de los rieles.

Luego llegó el perro con ojos fulgurantes, que más bien parecían de gato. Pasó a su lado, muerto de miedo, sin ladrar ni mover la cola. El amo era sin duda el personaje que lo seguía, a unos veinte metros.

- No tenga miedo del perro. Esta compacta oscuridad lo acobarda. A la luz del día sí es temible. Su nómina de mordidos llega a quince, entre ellos un niño de tres años.

- ¿Y por qué no lo pone a buen seguro?

- Lo preciso como defensa. En dos ocasiones me salvó la vida.

El recién llegado miró detenidamente a Marquitos y luego se atrevió a preguntar:

- Usted, ¿vive en el túnel?

- No. Por ahora, no.

- A usted que anda sin perro, muy campante, sólo le digo: tenga cuidado.

- ¿Ladrones?

- También ladrones.

- ¿Ratas?

- También ratas.

No dijo nada más, y sin siquiera despedirse, se alejó. El perro había retrocedido como para rescatarlo. Y lo rescató.

Marquitos permaneció un buen rato, quieto y silencioso. La muchacha casi tropezó con él. Su gritito acabó en suspiro.

- ¿Qué hace aquí? –Preguntó ella, no bien salida del primer asombro.

- Estoy nomás. ¿Y usted?

- Me metí aquí para pensar, pero no puedo. Las goteras y las ratas me distraen. Tengo miedo de quedarme dormida. Prefiero esta duermevela.

- ¿Y por qué no retrocede?

- Sería darme por vencida.

- ¿Quiere que la acompañe?

- No.

- ¿Necesita algo?

- Nada.

- Me sentiré culpable si la dejo aquí, sola, y sigo caminando.

- No se preocupe. A los solos vocacionales, como usted y yo, nunca nos pasa nada.

- ¿Puedo darle un beso de adiós?

- No, no puede.

Caminó casi una hora más sin encontrar a nadie. Se sentía agotado. Le dolían todas las bisagras y el pescuezo. También las articulaciones, como si fuera artrítico.

Cuando llegó al final, había empezado a lloviznar. Se refugió bajo un cobertizo, medio destartalado. De pronto una moto se detuvo allí y cierto conocido rostro veterano asomó por debajo de un impermeable.

Era Fernández, claro, viejo amigo de su padre. El de la moto le hizo una seña con el brazo y le gritó:

- ¡Don Marcos! ¿Qué hacés ahí, tan solitario?

- Eh, Fernández. No confunda. No soy don Marcos, soy Marquitos.

- No te hagas el infante, che. Nunca vi un Marquitos con tantas canas. ¿O te olvidás que fuimos compañeros de aula y de parranda?

- No soy don Marcos. Soy Marquitos.

- En todo caso, Marquitos con Alzheimer.

- Por favor Fernández, no se burle. Acabo de salir del túnel. Lo recorrí de cabo a rabo.

- Ese túnel vuelve locos a todos. Deberían clausurarlo para siempre.

- No soy don Marcos. Soy Marquitos. Justamente voy ahora en busca de mi viejo.

- Sos incorregible. Desde chico fuiste un payaso. Tomá, te dejo mi paraguas.

La moto arrancó y pronto se perdió tras la loma. Mientras tanto, en el cobertizo, sólo se oía una voz repetida, cada vez más cavernosa:

- ¡Soy Marquitos! ¡Soy Marquitos!

Por fin, cuando emergió del túnel un caballo blanco, sin jinete, y se paró de manos frente al cobertizo, Marquitos se llamó a silencio y no tuvo más remedio que mirarse las manos. A esa altura, le fue imposible negarlo: eran manos de viejo.



Cuento extraído de “Insomnio y duermevelas”, libro de poemas de Mario Benedetti.

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Palabras


¿Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?

Que uno sólo tiene que buscarlo y dárselo,
Que nadie establece normas salvo la vida,
Que la vida sin ciertas normas pierde forma,
Que la forma no se pierde con abrirnos,
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente,
Que no está prohibido amar,

Que también se puede odiar,
Que el odio y el amor son afectos
Que la agresión porque sí hiere mucho,
Que las heridas se cierran,
Que las puertas no deben cerrarse,
Que la mayor puerta es el afecto,
Que los afectos nos definen,
Que definirse no es remar contra la corriente,

Que no cuanto más fuerte se hace el trazo más se dibuja,
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio,
Que negar palabras implica abrir distancias,
Que encontrarse es muy hermoso,
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida,
Que la vida parte del sexo,

Que el "por qué" de los niños tiene un porque,
Que querer saber de alguien no es sólo curiosidad,
Que querer saber todo de todos es curiosidad malsana,
Que nunca está de más agradecer,
Que la autodeterminación no es hacer las cosas solo,
Que nadie quiere estar solo,
Que para no estar solo hay que dar,
Que para dar debimos recibir antes,
Que para que nos den hay que saber también cómo pedir,
Que saber pedir no es regalarse,
Que regalarse es, en definitiva, no quererse,
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos,
Que para que alguien "sea" hay que ayudarlo,
Que ayudar es poder alentar y apoyar,
Que adular no es ayudar,

Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara,
Que las cosas cara a cara son honestas,
Que nadie es honesto porque no roba,
Que el que roba no es ladrón por placer,
Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo,
Que para sentir la vida no hay que olvidarse que existe la muerte,
Que se puede estar muerto en vida,

Que se siente con el cuerpo y la mente,
Que con los oídos se escucha,
Que cuesta ser sensible y no herirse,
Que herirse no es desangrarse,
Que para no ser heridos levantamos muros,
Que quien siembra muros no recoge nada,
Que casi todos somos albañiles de muros,
Que sería mejor construir puentes,
Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve,
Que volver no implica retroceder,
Que retroceder también puede ser avanzar,
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol,

¿Cómo hacerte saber que nadie establece normas salvo la vida?

Mario Benedetti.

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lunes, octubre 01, 2007

La ventana

Dos hombres, seriamente enfermos, ocupaban la misma habitación en el hospital. A uno de ellos se le permitía estar sentado una hora todas las tardes para que los pulmones drenaran sus fluidos. Su cama daba a la única ventana de la habitación.

El otro hombre tenía que estar tumbado todo el tiempo. Los dos se hablaban mucho. De sus mujeres y familiares, de sus casas, trabajos, el servicio militar, dónde habían estado de vacaciones.

Y todas las tardes el hombre que se podía sentar frente a la ventana, se pasaba el tiempo describiendo a su compañero lo qué veía por la ventana. Éste, solamente vivía para esos momentos donde su mundo se expandía por toda la actividad y color del mundo exterior.

La ventana daba a un parque con un bonito lago. Patos y cisnes jugaban en el agua mientras los niños capitaneaban sus barcos teledirigidos. Jóvenes amantes andaban cogidos de la mano entre flores de cada color del arco iris. Grandes y ancestros árboles embellecían el paisaje, y una fina línea del cielo sobre la ciudad se podía ver en la lejanía.

Mientras el hombre de la ventana describía todo esto con exquisito detalle, el hombre al otro lado de la habitación cerraba sus ojos e imaginaba la pictórica escena.

Una cálida tarde el hombre de la ventana describió un desfile en la calle. Aunque el otro hombre no podía oír la banda de música- se la imaginaba conforme el otro le iba narrando todo con pelos y señales. Los días y las semanas pasaron.

Una mañana, la enfermera entró para encontrase el cuerpo sin vida del hombre al lado de la ventana, el cual había muerto tranquilamente mientras dormía. Se puso muy triste y llamó al doctor para que se llevaran el cuerpo. Tan pronto como consideró apropiado, el otro hombre preguntó si se podía trasladar al lado de la ventana. La enfermera aceptó gustosamente, y después de asegurarse de que el hombre estaba cómodo, le dejó solo.

Lentamente, dolorosamente, se apoyó sobre un codo para echar su primer vistazo fuera de la ventana. Finalmente tendría la posibilidad de verlo todo con sus propios ojos.

Se retorció lentamente para mirar fuera de la ventana que estaba al lado de la cama. Daba a un enorme muro blanco. El hombre preguntó a la enfermera qué había pretendido el difunto compañero contándole aquel
maravilloso mundo exterior.

Y ella dijo: - Quizás sólo quería animarle.

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Conmigo mismo

Nadie me da nada,
YO SOY LA FUENTE.
Recibo lo que doy.

Doy quien estoy siendo,
pues esto me estoy dando.

Lo que estoy dando,
es lo que estoy siendo.

Lo que estoy recibiendo,
es lo que estoy dando.

¿A quién me estoy dando?
¿A quién estoy recibiendo?
¿A quién estoy experimentando?

El ser que decido manifestar,
es lo que la vida me dará.

Solo yo ingreso a mi mundo interior.

Lo que soy en relación a los otros,
eso serán conmigo.

La ilusión me hace creer que me relaciono con otros.
Pero eso no es posible.
Me relaciono conmigo mismo en presencia de otros.

No importa con quienes me relacione,
mía será la experiencia.

En todo momento estoy eligiendo:
manifestar, crear y experimentar,
algún aspecto de mi ser.

Y son mis aparentes relaciones con los demás,
las que me permiten conocerme a mi mismo,
en mi propia experiencia.

Sólo existe una relación...
La relación conmigo mismo.

Autor desconocido

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sábado, septiembre 29, 2007

El anillo del sabio

Dicen que el rey Salomón tenía el hábito de sacarse el anillo y mirarlo pensativamente mientras meditaba sobre los conflictos que le traían para que los juzgara.

Y dicen también que, cuando murió, hubo mucha discusión sobre si debían sacarle el anillo o no.

Hubo también temor, porque sospechaban que su poder mágico pudiera hacerles daño.

Pero finalmente la curiosidad pudo más y le sacaron el anillo y con gran temor y expectativa miraron en su interior.

Había una palabra escrita. "Pasará"

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viernes, septiembre 28, 2007

Amo a mi goldo


Carta publicada el 15 de Septiembre, 2007 en leergratis.com

Amo a mi Goldo. No lo digo mal, no te equivoques. Son cosillas de amor entre nosotros, tú entiendes, la erre nos sobra, la trastocamos a gusto y disgusto de otros, jugamos con ella. Lenguaje íntimo de enamorados antiguos.

Él de vez en cuando me dice –mi goldaaaaaa– pero no le sale bien, como que se avergüenza de la palabra. Es tan bueno (como el pan con mantequilla, calentito) que teme herirme. Su cabeza medio calva con rizos que le besan la nuca, no comprende que ya no estoy para esos remilgos. Si la grasa abunda y los dedos se hunden en la carne, pues a gozar con sus vaivenes, sus ondulaciones. No se da cuenta que alucino cuando me monto sobre él a horcajadas, y tiendo la mitad de mi cuerpo sobre su barriga de sol hambrienta de caricias. Cuando estoy ahí, muy quieta, lo rodeo con mis brazos, lo pellizco, le doy mordiscos –jajaja, se le enrojece la piel — le retuerzo las tetillas y siento cómo su sexo se conmueve y alerta rozando mi pubis.


Vamos, vamos tranquila amiga, no voy a narrarte cómo nos hacemos el amor y valga la aclaración, hacemos el amor, no el sexo. Ya pasamos hace tiempo la etapa de jipis y de la chingadera por el mero disfrute. Nos amamos sin límite. Cómo quinceañeros curiosos, ansiosos. Nos rebuscamos los escondrijos, nos medimos cada nueva línea en el cuerpo, la vemos alargarse, según nos pasan los días. Contamos nuestros mutuos lunares, uno, dos, tres, cuatro, cinco… –éste de hoy… no me gusta cómo se ve, mi Goldo,– le digo.

–No te preocupes, es la edad, hasta los lunares envejecen,– murmura sin mirarme. Entonces yo, destapo el tubo de antibiótico, pongo un poco en la yema de mi dedo índice y le unto amor, así, en giros suaves, concéntricos. –Veremos qué aspecto tiene mañana, mi Goldo–. Él asienta mientras sigue bebiéndome con su mirada.

Pero algo está cambiando. Hace unas semanas mi Goldo dejó de mirarme a los ojos. Se le escapan hacia un horizonte que no es el mío y aquí quedo yo apagada, mustia, –como me dice no tú, que me tratas poco, sino, otra amiga, una de verdad–. Si lo vieras… ahora se mira y se alisa las arrugas, sume la panza y busca sus años idos atrapados en el espejo. Yo observo. Joder. Duele, duele, duele. Me pregunto –¿hasta cuándo?–. Te digo que he comenzado a llenar una página de mi diario con rayitas, –una, dos, tres, cuatro– una diagonal cerrando el cinco, como los presos. Sonrío, pienso en su felicidad. Si es feliz yo lo soy. ¡Mentira! ¡Mentira! No seré feliz sin él. ¡Qué burla! Amargo sonsonete cabalístico para enfrentar la verdad. Para cuadrar el alma llena de penas. Para salir airosa ante todos, ante él, ante ti.

Amo a mi Goldo, pero mi Goldo se va…, ya ves, no todo es color de rosa y magnífico que no lo sea porque detesto ese color. Tantos años de amor se están yendo por la cloaca.

–¿Qué por qué te cuento esto?–, me preguntas.

–Porque es a ti a quien ama y quiero que sea feliz. Amo a mi Goldo, cuida sus lunares…

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jueves, septiembre 27, 2007

La bailarina

Una joven había tomado clases de ballet durante toda su infancia, y había llegado el momento en que se sentía lista para entregarse a la disciplina que la ayudaría a convertir su afición en profesión.

Deseaba llegar a ser la primera bailarina y quería comprobar si poseía las dotes necesarias, de manera que cuando llegó a su ciudad una gran compañía de ballet, fue a los camerinos luego de una función, y habló con el director.

- Quisiera llegar a ser una gran bailarina, - le dijo - pero no se si tengo el talento necesario o que me hace falta.


- Dame una demostración - le dijo el maestro.
Transcurrido apenas 5 minutos, la interrumpió, moviendo la cabeza en señal de desaprobación.

- No, no tiene usted condiciones.

La joven llegó a su casa con el corazón desgarrado, arrojó las zapatillas de baile en un armario y no volvió a calzarlas nunca más, se casó, tuvo hijos y cuando se hicieron un poco mayores,

tomó un empleo de cajera en un supermercado.

Años después asistió a una función de ballet, y a la salida se topó con el viejo director que ya era octogenario, ella le recordó la charla que habían tenido años antes, le mostró fotografías de sus hijos y le comentó de su trabajo en el supermercado, luego agregó:



- Hay algo que nunca he terminado de entender. ¿Cómo pudo usted saber tan rápido que yo no tenía condiciones de bailarina?

- Ahhh, apenas la miré cuando Ud. bailó delante de mi, le dije lo que siempre le digo a todas - le contestó.
- Pero eso es imperdonable! - Exclamó ella - arruinó mi vida, pude haber llegado a ser primera bailarina!

- No lo creo - repuso el viejo maestro - Si hubieras tenido las dotes necesarias, y una verdadera vocación para bailar, no habrías prestado ninguna atención a lo que yo dije. Sin duda, si te crees perdido, estás perdido y si crees que no puedes, pues no podrás. Si quieres hacer algo pero lo crees imposible, no creo que triunfes jamás.



En la vida no solo el valiente o el veloz triunfa, tarde o temprano el que siempre vence es el que cree que es posible.

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Una joven había tomado clases de ballet durante toda su infancia, y había llegado el momento en que se sentía lista para entregarse a la disciplina que la ayudaría a convertir su afición en profesión.

Deseaba llegar a ser la primera bailarina y quería comprobar si poseía las dotes necesarias, de manera que cuando llegó a su ciudad una gran compañía de ballet, fue a los camerinos luego de una función, y habló con el director.

- Quisiera llegar a ser una gran bailarina, - le dijo - pero no se si tengo el talento necesario o que me hace falta.


- Dame una demostración - le dijo el maestro.
Transcurrido apenas 5 minutos, la interrumpió, moviendo la cabeza en señal de desaprobación.

- No, no tiene usted condiciones.

La joven llegó a su casa con el corazón desgarrado, arrojó las zapatillas de baile en un armario y no volvió a calzarlas nunca más, se casó, tuvo hijos y cuando se hicieron un poco mayores,

tomó un empleo de cajera en un supermercado.

Años después asistió a una función de ballet, y a la salida se topó con el viejo director que ya era octogenario, ella le recordó la charla que habían tenido años antes, le mostró fotografías de sus hijos y le comentó de su trabajo en el supermercado, luego agregó:



- Hay algo que nunca he terminado de entender. ¿Cómo pudo usted saber tan rápido que yo no tenía condiciones de bailarina?

- Ahhh, apenas la miré cuando Ud. bailó delante de mi, le dije lo que siempre le digo a todas - le contestó.
- Pero eso es imperdonable! - Exclamó ella - arruinó mi vida, pude haber llegado a ser primera bailarina!

- No lo creo - repuso el viejo maestro - Si hubieras tenido las dotes necesarias, y una verdadera vocación para bailar, no habrías prestado ninguna atención a lo que yo dije. Sin duda, si te crees perdido, estás perdido y si crees que no puedes, pues no podrás. Si quieres hacer algo pero lo crees imposible, no creo que triunfes jamás.



En la vida no solo el valiente o el veloz triunfa, tarde o temprano el que siempre vence es el que cree que es posible.

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Autoestima

Una joven había tomado clases de ballet durante toda su infancia, y había llegado el momento en que se sentía lista para entregarse a la disciplina que la ayudaría a convertir su afición en profesión.

Deseaba llegar a ser la primera bailarina y quería comprobar si poseía las dotes necesarias, de manera que cuando llegó a su ciudad una gran compañía de ballet, fue a los camerinos luego de una función, y habló con el director.

- Quisiera llegar a ser una gran bailarina, - le dijo - pero no se si tengo el talento necesario o que me hace falta.


- Dame una demostración - le dijo el maestro.
Transcurrido apenas 5 minutos, la interrumpió, moviendo la cabeza en señal de desaprobación.

- No, no tiene usted condiciones.

La joven llegó a su casa con el corazón desgarrado, arrojó las zapatillas de baile en un armario y no volvió a calzarlas nunca más, se casó, tuvo hijos y cuando se hicieron un poco mayores,

tomó un empleo de cajera en un supermercado.

Años después asistió a una función de ballet, y a la salida se topó con el viejo director que ya era octogenario, ella le recordó la charla que habían tenido años antes, le mostró fotografías de sus hijos y le comentó de su trabajo en el supermercado, luego agregó:



- Hay algo que nunca he terminado de entender. ¿Cómo pudo usted saber tan rápido que yo no tenía condiciones de bailarina?

- Ahhh, apenas la miré cuando Ud. bailó delante de mi, le dije lo que siempre le digo a todas - le contestó.
- Pero eso es imperdonable! - Exclamó ella - arruinó mi vida, pude haber llegado a ser primera bailarina!

- No lo creo - repuso el viejo maestro - Si hubieras tenido las dotes necesarias, y una verdadera vocación para bailar, no habrías prestado ninguna atención a lo que yo dije. Sin duda, si te crees perdido, estás perdido y si crees que no puedes, pues no podrás. Si quieres hacer algo pero lo crees imposible, no creo que triunfes jamás.



En la vida no solo el valiente o el veloz triunfa, tarde o temprano el que siempre vence es el que cree que es posible.

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¿Es usted rico?

Era domingo, serían las dos de la tarde, hacía mucho frío y estaba lloviznando, ya no venía nadie al comercio. Entonces con mi señora decidimos cerrar, así ella terminaba el estofado que estaba haciendo. Lo que pasa es que con el almacén siempre los domingos comemos tarde. Yo me fui al comedor y me senté al lado del ventanal que llega hasta el suelo, me puse a sacar cuenta para ver cómo hacía para pagar la cuota del banco que es en dólares. De repente los vi junto al ventanal, dos niños de 7 y 8 años aproximadamente con abrigos gastados y rotos.

- Señor, ¿no tiene algunos diarios viejos para vender?

Yo estaba tan ocupado y hacía rato que rezongaba con los números que les iba a decir que no, y además porque no tengo, pero los miré más detenidamente. Calzaban unas sandalias con medias mojadas y con barro.

- Pasen, les voy a preparar una taza de chocolate con leche caliente.

No hubo ninguna conversación. Las zapatillas mojadas dejaron las marcas en la pequeña alfombra que está a la entrada del ventanal. Con mi señora les preparamos el chocolate con pan con dulce. Luego yo volví al comedor y ella a arreglar las camas. Pasaron unos veinte minutos; me llamó la atención el silencio que había en la cocina. Me asomé despacio. La niña tenía la taza vacía en la mano y la estaba observando, el niño preguntó con voz tímida:

- Señor, ¿es usted rico?

- ¿Qué si soy rico? ¡No, por favor! -exclamé, mientras echaba un vistazo a la puerta del fondo que le faltan los pestillos, a los muebles que le faltan algunas manijas, al desabrido piso que es de cemento Pórtland, y recordé que la pileta del baño está partida.

- Pero sus tazas hacen juego con los platillos -dijo el niño.

Su voz sonaba a un hambre que ya no estaba en el estómago. Luego se fueron, apretando unas revistas contra el cuerpo para protegerse del viento. No nos dieron las gracias, no hacía falta, nos habían dado mucho más que eso, sencillas tazas azules pero con platillos que hacían juego.

Mientras mi señora fue al comedor, yo probé las papas y revolví el estofado… Estofado con papas, un techo que me protege, una frazada para taparme, un abrigo para cubrirme, un trabajo seguro, todas esas cosas también hacían juego. Fui al comedor y cuando mi señora iba a limpiar la alfombra donde estaban las huellas con barro de esas pequeñas sandalias le dije:

- No… Déjala así… No la limpies.

- ¿Por qué? -preguntó.

- Porque quiero verlas.

- ¿Para qué?

- Por si algún día me olvido de lo rico que soy.



¿Y de qué te sirve poseer las estrellas? -me sirve para ser rico-
¿y de qué te sirve ser rico? -me sirve para comprar más estrellas-.

(Antoine De Saint Exupery
)


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miércoles, septiembre 26, 2007

¿Por qué gritamos?


Un día Meher Baba preguntó a sus mandalíes lo siguiente:

- ¿Por qué las personas se gritan cuando están enojadas?

- Porque perdemos la calma - dijo uno. Por eso gritamos.

- Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? - preguntó Baba. ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?

Los hombres le fueron dando otras respuestas, pero ninguna satisfacía a Baba. Finalmente él explicó:

- Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.

Luego Baba preguntó:

- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ya no se gritan, sino que se hablan suavemente ¿Por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.

Baba continuó: - Cuando se enamoran más aún ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y están aun más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.

Luego Baba dijo:

- Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.

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La Llave de la Felicidad

El Divino se sentía solo y quería hallarse acompañado. Entonces decidió crear unos seres que pudieran hacerle compañía. Pero cierto día, estos seres encontraron la llave de la felicidad, siguieron el camino hacia el Divino y se reabsorbieron a Él.

Dios se quedó triste, nuevamente solo. Reflexionó. Pensó que había llegado el momento de crear al ser humano, pero temió que éste pudiera descubrir la llave de la felicidad, encontrar el camino hacia Él y volver a quedarse solo. Siguió reflexionando y se preguntó dónde podría ocultar la llave de la felicidad para que el hombre no diese con ella. Tenía, desde luego, que esconderla en un lugar recóndito donde el hombre no pudiese hallarla.

Primero pensó en ocultarla en el fondo del mar; luego, en una caverna de los Himalayas; después, en un remotísimo confín del espacio sideral. Pero no se sintió satisfecho con estos lugares. Pasó toda la noche en vela, preguntándose cual sería el lugar seguro para ocultar la llave de la felicidad. Pensó que el hombre terminaría descendiendo a lo más abismal de los océanos y que allí la llave no estaría segura. Tampoco lo estaría en una gruta de los Himalayas, porque antes o después hallaría esas tierras. Ni siquiera estaría bien oculta en los vastos espacios siderales, porque un día el hombre exploraría todo el universo. “?Dónde ocultarla?”, continuaba preguntándose al amanecer.

Y cuando el sol comenzaba a disipar la bruma matutina, al Divino se le ocurrió de súbito el único lugar en el que el hombre no buscaría la llave de la felicidad: dentro del hombre mismo. Creó al ser humano y en su interior colocó la llave de la felicidad.

Cuento Clasico de la India

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Autentico


Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es.


(Jean Paul Sartre)

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domingo, septiembre 23, 2007

EL TAPIZ

Un hombre recibió una carta de su mejor amigo anunciándole que le haría llegar un hermoso tapiz, tejido con sus propias manos para ofrecerle el esfuerzo de su amistad; le decía que estaba bordado en oro, que representaba preciosas escenas de cacería, y tenía unos colores preciosos... que simbolizaban la luminosidad de la amistad que les unía a pesar de la distancia.

Al recibir el paquete, días más tarde, lo abrió de prisa y lleno de nervios por la carga emocional que para él significaba aquel detalle. Pero inmediatamente, la decepción inundó cada uno de sus poros... Era un montón de hilos mal tejidos y nudos mal distribuidos por todas partes. Las preciosas escenas de cacería había más que verlas, imaginarlas; las hilaturas de oro sólo se adivinaban, y los colores eran un insulto al arte. Aún así, era un regalo de su mejor amigo, e intentaba valorar el esfuerzo latente en aquel símil de ¿alfombra extravagante?

Le resultaba muy difícil verlo con buenos ojos.

De repente, sin darse cuenta, dio la vuelta al tapiz, posiblemente para evitar el sufrimiento a sus pensamientos. Y entonces quedo admirado por el derroche de belleza.... Lo había estado mirando al revés. Ahora aparecieron los riquísimos matices de colores, las bellísimas escenas de cacería, los espléndidos encajes bordados en oro, y al mismo tiempo, el brillo de la amistad. Su amigo se había quedado corto con sus elogios.... Y él con su confianza.

A veces hay que saber mirar para poder ver. No siempre debemos fiarnos de nuestros ojos porque puede haber ante nosotros un cristal, que aunque transparente, desfigure la verdadera realidad.

Desconozco el autor

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sábado, septiembre 22, 2007

El angel

Cada vez que muere un niño bueno, baja del cielo un ángel de Dios Nuestro Señor, toma en brazos el cuerpecito muerto y, extendiendo sus grandes alas blancas, emprende el vuelo por encima de todos los lugares que el pequeñuelo amó, recogiendo a la vez un ramo de flores para ofrecerlas a Dios, con objeto de que luzcan allá arriba más hermosas aún que en el suelo. Nuestro Señor se aprieta contra el corazón todas aquellas flores, pero a la que más le gusta le da un beso, con lo cual ella adquiere voz y puede ya cantar en el coro de los bienaventurados.

He aquí lo que contaba un ángel de Dios Nuestro Señor mientras se llevaba al cielo a un niño muerto; y el niño lo escuchaba como en sueños. Volaron por encima de los diferentes lugares donde el pequeño había jugado, y pasaron por jardines de flores espléndidas.

-¿Cuál nos llevaremos para plantarla en el cielo? -preguntó el ángel.

Crecía allí un magnífico y esbelto rosal, pero una mano perversa había tronchado el tronco, por lo que todas las ramas, cuajadas de grandes capullos semiabiertos, colgaban secas en todas direcciones.

-¡Pobre rosal! -exclamó el niño-. Llévatelo; junto a Dios florecerá.

Y el ángel lo cogió, dando un beso al niño por sus palabras; y el pequeñuelo entreabrió los ojos.

Recogieron luego muchas flores magníficas, pero también humildes ranúnculos y violetas silvestres.

-Ya tenemos un buen ramillete -dijo el niño; y el ángel asintió con la cabeza, pero no emprendió enseguida el vuelo hacia Dios. Era de noche, y reinaba un silencio absoluto; ambos se quedaron en la gran ciudad, flotando en el aire por uno de sus angostos callejones, donde yacían montones de paja y cenizas; había habido mudanza: se veían cascos de loza, pedazos de yeso, trapos y viejos sombreros, todo ello de aspecto muy poco atractivo.

Entre todos aquellos desperdicios, el ángel señaló los trozos de un tiesto roto; de éste se había desprendido un terrón, con las raíces, de una gran flor silvestre ya seca, que por eso alguien había arrojado a la calleja.

-Vamos a llevárnosla -dijo el ángel-. Mientras volamos te contaré por qué.

Remontaron el vuelo, y el ángel dio principio a su relato:

-En aquel angosto callejón, en una baja bodega, vivía un pobre niño enfermo. Desde el día de su nacimiento estuvo en la mayor miseria; todo lo que pudo hacer en su vida fue cruzar su diminuto cuartucho sostenido en dos muletas; su felicidad no pasó de aquí. Algunos días de verano, unos rayos de sol entraban hasta la bodega, nada más que media horita, y entonces el pequeño se calentaba al sol y miraba cómo se transparentaba la sangre en sus flacos dedos, que mantenía levantados delante el rostro, diciendo: «Sí, hoy he podido salir». Sabía del bosque y de sus bellísimos verdores primaverales, sólo porque el hijo del vecino le traía la primera rama de haya. Se la ponía sobre la cabeza y soñaba que se encontraba debajo del árbol, en cuya copa brillaba el sol y cantaban los pájaros.

Un día de primavera, su vecinito le trajo también flores del campo, y, entre ellas venía casualmente una con la raíz; por eso la plantaron en una maceta, que colocaron junto a la cama, al lado de la ventana. Había plantado aquella flor una mano afortunada, pues, creció, sacó nuevas ramas y floreció cada año; para el muchacho enfermo fue el jardín más espléndido, su pequeño tesoro aquí en la Tierra. La regaba y cuidaba, preocupándose de que recibiese hasta el último de los rayos de sol que penetraban por la ventanuca; la propia flor formaba parte de sus sueños, pues para él florecía, para él esparcía su aroma y alegraba la vista; a ella se volvió en el momento de la muerte, cuando el Señor lo llamó a su seno. Lleva ya un año junto a Dios, y durante todo el año la plantita ha seguido en la ventana, olvidada y seca; por eso, cuando la mudanza, la arrojaron a la basura de la calle. Y ésta es la flor, la pobre florecilla marchita que hemos puesto en nuestro ramillete, pues ha proporcionado más alegría que la más bella del jardín de una reina.

-Pero, ¿cómo sabes todo esto? -preguntó el niño que el ángel llevaba al cielo.

-Lo sé -respondió el ángel-, porque yo fui aquel pobre niño enfermo que se sostenía sobre muletas. ¡Y bien conozco mi flor!

El pequeño abrió de par en par los ojos y clavó la mirada en el rostro esplendoroso del ángel; y en el mismo momento se encontraron en el Cielo de Nuestro Señor, donde reina la alegría y la bienaventuranza. Dios apretó al niño muerto contra su corazón, y al instante le salieron a éste alas como a los demás ángeles, y con ellos se echó a volar, cogido de las manos. Nuestro Señor apretó también contra su pecho todas las flores, pero a la marchita silvestre la besó, infundiéndole voz, y ella rompió a cantar con el coro de angelitos que rodean al Altísimo, algunos muy de cerca otros formando círculos en torno a los primeros, círculos que se extienden hasta el infinito, pero todos rebosantes de felicidad. Y todos cantaban, grandes y chicos, junto con el buen chiquillo bienaventurado y la pobre flor silvestre que había estado abandonada, entre la basura de la calleja estrecha y oscura, el día de la mudanza.



Hans Christian Andersen

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viernes, septiembre 21, 2007

Avioncitos de papel


Cuando yo era pequeño, a mi clase venía una niña que era muy bonita. A mí me gustaba mucho.

Y creo que yo a ella también, ya que un día cuando entré en clase, encima de la mesa me había dejado un avioncito de papel, al siguiente día, tenía dos, al otro, tres, hasta que llegó un día que tenía todo el pupitre lleno de avioncitos de papel.

Y aunque era muy timido, ya no pude aguantarme más y le pregunté

- ¿Por qué me dejas tantos avioncitos de papel?.

Y ella me contestó:

- Porque tú eres mi cielo.

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jueves, septiembre 20, 2007

Abuelita

Abuelita es muy vieja, tiene muchas arrugas y el pelo completamente blanco, pero sus ojos brillan como estrellas, sólo que mucho más hermosos, pues su expresión es dulce, y da gusto mirarlos. También sabe cuentos maravillosos y tiene un vestido de flores grandes, grandes, de una seda tan tupida que cruje cuando anda. Abuelita sabe muchas, muchísimas cosas, pues vivía ya mucho antes que papá y mamá, esto nadie lo duda.

Tiene un libro de cánticos con recias cantoneras de plata; lo lee con gran frecuencia. En medio del libro hay una rosa, comprimida y seca, y, sin embargo, la mira con una sonrisa de arrobamiento, y le asoman lágrimas a los ojos. ¿Por qué abuelita mirará así la marchita rosa de su devocionario? ¿No lo sabes? Cada vez que las lágrimas de la abuelita caen sobre la flor, los colores cobran vida, la rosa se hincha y toda la sala se impregna de su aroma; se esfuman las paredes cual si fuesen pura niebla, y en derredor se levanta el bosque, espléndido y verde, con los rayos del sol filtrándose entre el follaje, y abuelita vuelve a ser joven, una bella muchacha de rubias trenzas y redondas mejillas coloradas, elegante y graciosa; no hay rosa más lozana, pero sus ojos, sus ojos dulces y cuajados de dicha, siguen siendo los ojos de abuelita.

Sentado junto a ella hay un hombre, joven, vigoroso, apuesto. Huele la rosa y ella sonríe - ¡pero ya no es la sonrisa de abuelita! - sí, y vuelve a sonreír. Ahora se ha marchado él, y por la mente de ella desfilan muchos pensamientos y muchas figuras; el hombre gallardo ya no está, la rosa yace en el libro de cánticos, y... abuelita vuelve a ser la anciana que contempla la rosa marchita guardada en el libro.

Ahora abuelita se ha muerto. Sentada en su silla de brazos, estaba contando una larga y maravillosa historia.

-Se ha terminado -dijo- y yo estoy muy cansada; dejadme echar un sueñito.

Se recostó respirando suavemente, y quedó dormida; pero el silencio se volvía más y más profundo, y en su rostro se reflejaban la felicidad y la paz; se habría dicho que lo bañaba el sol... y entonces dijeron que estaba muerta.

La pusieron en el negro ataúd, envuelta en lienzos blancos. ¡Estaba tan hermosa, a pesar de tener cerrados los ojos! Pero todas las arrugas habían desaparecido, y en su boca se dibujaba una sonrisa. El cabello era blanco como plata y venerable, y no daba miedo mirar a la muerta. Era siempre la abuelita, tan buena y tan querida. Colocaron el libro de cánticos bajo su cabeza, pues ella lo había pedido así, con la rosa entre las páginas. Y así enterraron a abuelita.

En la sepultura, junto a la pared del cementerio, plantaron un rosal que floreció espléndidamente, y los ruiseñores acudían a cantar allí, y desde la iglesia el órgano desgranaba las bellas canciones que estaban escritas en el libro colocado bajo la cabeza de la difunta. La luna enviaba sus rayos a la tumba, pero la muerta no estaba allí; los niños podían ir por la noche sin temor a coger una rosa de la tapia del cementerio. Los muertos saben mucho más de cuanto sabemos todos los vivos; saben el miedo, el miedo horrible que nos causarían si volviesen. Pero son mejores que todos nosotros, y por eso no vuelven.

Hay tierra sobre el féretro, y tierra dentro de él. El libro de cánticos, con todas sus hojas, es polvo, y la rosa, con todos sus recuerdos, se ha convertido en polvo también. Pero encima siguen floreciendo nuevas rosas y cantando los ruiseñores, y enviando el órgano sus melodías. Y uno piensa muy a menudo en la abuelita, y la ve con sus ojos dulces, eternamente jóvenes. Los ojos no mueren nunca. Los nuestros verán a abuelita, joven y hermosa como antaño, cuando besó por vez primera la rosa, roja y lozana, que yace ahora en la tumba convertida en polvo.


Hans Christian Andersen

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miércoles, septiembre 19, 2007

Las mil canicas

Sintonicé mi equipo de radio a la porción telefónica de mi banda para entrar en una red de intercambio de sábado en la mañana. Después de un rato, me topé con un compañero que sonaba un tanto mayor, con buena señal y voz. Pueden imaginarse al tipo, sonaba como si estuviese en el negocio de las comunicaciones. Él le estaba diciendo a quien estuviese conversando con él algo acerca de "unas mil canicas".

Quedé intrigado y me detuve para escuchar lo que tenía que decir. "Bueno, Tom, de veras que parece que estás ocupado con tu trabajo. Estoy seguro de que te pagan bien pero es una lástima que tengas que estar fuera de casa y lejos de tu familia tanto tiempo. Es difícil imaginar que un hombre joven tenga que trabajar sesenta o setenta horas a la semana para sobrevivir. Qué triste que te perdieras la presentación teatral de tu hija". Continuó: "Déjame decirte algo, Tom, algo que me ha ayudado a mantener una buena perspectiva sobre mis propias prioridades" . Y entonces fue cuando comenzó a explicar su teoría sobre unas "mil canicas".

"Ves, me senté un día e hice algo de aritmética. La persona promedio vive unos setenta y cinco años. Yo sé, algunos viven más y otros menos, pero en promedio, la gente vive unos setenta y cinco años". "Entonces, multipliqué 75 por 52 y obtuve 3.900 que es el número de sábados que la persona promedio habrá de tener en toda su vida. Mantente conmigo, Tom, que voy a la parte importante".

"Me tomó hasta que casi tenía cincuenta y cinco años pensar todo esto en detalle", continuó, "y para ese entonces ya había vivido más de dos mil ochocientos sábados. Me puse a pensar que si llegaba a los setenta y cinco, sólo me quedarían unos mil más que disfrutar": "Así que fui a una tienda de juguetes y compré cada canica que tenían. Tuve que visitar tres tiendas para obtener 1.000 canicas. Las llevé a casa y las puse dentro de un gran envase plástico claro junto a mi equipo de radioaficionado. Cada sábado a partir de entonces, he tomado una canica y la he botado".

"Descubrí que al observar cómo disminuían las canicas, enfocaba más sobre las cosas verdaderamente importantes en la vida. No hay nada como ver cómo se te agota tu tiempo en la tierra para llevarte a ajustar tus prioridades" .

"Ahora déjame decirte una última cosa antes que nos desconectemos y lleve a mi bella esposa a desayunar. Esta mañana, saqué la última canica del envase. Me di cuenta que si vivo hasta el próximo sábado, entonces me habrá sido dado un poquito de tiempo adicional. Y si hay algo que todos podemos usar es un poco más de tiempo".

"Me gustó conversar contigo, Tom, espero que puedas estar más tiempo con tu familia y espero volver a encontrarnos aquí en la banda, el hombre de 75 años, este es K9NZQ, cambio y fuera, ¡buen día!"

Uno pudiera haber oído un alfiler caer en la banda cuando este amigo se desconectó. Creo que nos dio a todos bastante sobre lo que pensar. Había planeado trabajar en la antena aquella mañana, y luego iba a reunirme con unos cuantos radioaficionados para preparar la nueva circular del club. En vez de aquello, subí las escaleras y desperté a mi esposa con un beso.

"Vamos, querida, te quiero llevar a ti y los muchachos a desayunar fuera".

"¿Qué mosca te picó?" Preguntó sonriendo. "Oh, nada; es que no hemos pasado un sábado juntos con los muchachos en mucho tiempo. Ah, ¿pudiésemos parar en la tienda de juguetes mientras estamos fuera? Necesito comprar algunas canicas".

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martes, septiembre 18, 2007

Señor Amor Timido

Archivaldo era muy pero muy tímido. Tanto que se pedía permiso para mirarse en el espejo. Estaba enamorado de una chica que viajaba en el mismo colectivo que él, de lunes a viernes, a la ida y vuelta del trabajo. Linda y de ojos tristones, se sentaba siempre hacia la ventana, en la séptima fila, de la Línea 60.

Él jamás le habló o la miró de frente. Fue todo un logro animarse a ocupar el asiento del pasillo junto a ella en cada viaje, de lunes a viernes de ida y vuelta del trabajo, en los últimos cinco años.
Una vez carraspeó la garganta para llamar su atención. Pero la chica ni lo escuchó. Siempre leía el diario, de ida y vuelta, de lunes a viernes, durante los últimos cinco años. Otra vez, Archivaldo quiso ofrecerle una pastilla, pero se puso tan nervioso que en una frenada las mentitas rodaron por todo el colectivo. Ella, leía. Ni lo notó.

Un día, el tímido enamorado sacó coraje y puso este aviso en la página 3 del diario:

A la chica de ojos tristones que de lunes a viernes viaja en el 60, de ida y vuelta, en el asiento de la ventana de la 7º fila

¿Tiene novio?
Firma: Señor Amor Tímido

La mañana siguiente, en el colectivo, esperó alguna reacción de su amada. Nada. Pero al otro día, Archivaldo encontró este aviso en la página 3 del diario:

Al Señor Amor Tímido:
No
Firma: La chica de ojos tristones que de lunes a viernes viaja en el 60, de ida y vuelta, en el asiento de la ventana de la 7º fila.

¡Qué feliz se puso! Tanto que sopó el diario en el café con leche, se metió una medialuna bajo al brazo y así salió a la calle. El viaje fue como siempre: él en silencio, ella pegada a la lectura.
Al otro día, apareció este anuncio:

A la chica de ojos tristones que de lunes a viernes viaja en el 60, de ida y vuelta, en el asiento de la ventana de la 7º fila:
¿Cómo se llama?
Señor Amor Tímido

Nuevamente, en el desayuno Archivaldo se desayunó con que se llamaba Margarita. Fue y publico esto:

¡Qué lindo! Como la flor
Señor Amor Tímido.

En la página 3 del diario del día siguiente, el tímido leyó:

Al señor Amor Tímido:
Si, ¿vio?

Aviso va, aviso viene, comenzaron a conocerse. En letras de molde se contaron cosas como la música que escuchaban, las películas que preferían, lo que habían comido ayer y cenarían hoy, el gusto compartido por los animales y los enanos de jardín, sus coincidencias sobre política, geografía o sabores de helados; también sus diferencias respecto a literatura, modelos de zapatos o si la ch es o no una letra.

Un lunes, tras ver de reojo que ella acariciaba el anuncio de aquel día, Archivaldo se animó. Le dijo como al pasar:

-¡Qué loco, no!
-¡Ajá! Loco, pero lindo.

Los avisos siguieron apareciendo, generando un efecto dominó inesperado. De pronto todas las chicas de ojos tristones de la ciudad creyeron ser la que de lunes a viernes viajaba en el 60, de ida y vuelta, contra la ventana de la 7º fila. Y cada vergonzoso solitario pensó que era el Señor Amor Tímido. Así, los que como Archivaldo gustaban de alguien se animaron y confesaron su amor. Las personas de ojos tristones estuvieron atentas a ver quién podía ser su amor tímido y descubrieron que siempre, alguien, las quería en secreto pero tenía vergüenza de decírselo.

Se formaron parejas. Los titulares anunciaban el crecimiento del índice de enamorados y el descenso del de tímidos y el de ojos tristones. En la página 3, seguían los avisos.

A esa altura, Archivaldo y Margarita ya conversaban en sus viajes. Ella le leía las noticias y él le daba su opinión. También hablaban de los anuncios. Que, ¿quiénes serían el Señor Amor Tímido y la chica de ojos tristones que de lunes a viernes viaja en el 60, de ida y vuelta, hacia la ventana de la 7º fila? ¿Dónde vivirán? ¿Serán rubios, morochos, pelados, altos, bajos, gordos, flacos? ¿Se conocerían alguna vez?

Así, él ganó confianza y a ella, su habitual compañero de viaje comenzó a gustarle. Por eso, un día Archivaldo (y toda la ciudad), leyó el siguiente anuncio:

Al estimado Señor Amor Tímido:
Le ruego me disculpe, pero no puedo seguir con esto. Hay alguien que me gusta y no sería correcto avivar su ilusión. Espero me entienda. Suya
La chica que ya no tiene ojos tristones que de lunes a viernes viaja en el 60, de ida y vuelta, en el asiento de la ventana de la 7º fila.

La ciudad entera esperó con ansias hasta el otro día. En parques, bares, oficinas, esquinas y colectivos, se leyó:

A la querida chica que ya no tiene ojos tristones que de lunes a viernes viaja en el 60, de ida y vuelta, en el asiento de la ventana de la 7º fila:
La entiendo. No tiene por qué disculparse. Espero que ese alguien que le gusta, la haga muy feliz. Hasta la vista.
Señor Amor Tímido

Los avisos dejaron de aparecer. Pero afortunadamente, los porcentajes de tímidos y ojos tristones se mantuvieron en el piso. Los de enamorados, estables.

Archivaldo ya no viajó en silencio. Margarita no se pegaba al diario. Iban y venían, de lunes a viernes, sentados en cualquier parte del colectivo o parados, pero tomados de la mano.

Sábados y domingos disfrutaban de su amor. Sin timidez.

Fabian Sevilla

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lunes, septiembre 17, 2007

La pareja emocionalmente ecológica


Citas del libro



"JUNTOS PERO NO ATADOS" La pareja emocionalmente ecológica



de Jaume Soler y Mercè Conangla




Capítulo 1: El amor esencial

1-El amor romántico es la utopía de pareja que "se nos ha vendido" y que nosotros hemos comprado.

2-Solo partiendo de nuestra libertad interior seremos capaces de dar un amor que libere y crear vínculos que unan, en lugar de cadenas que aprisionen.

3-El amor es un punto de llegada y no un punto de partida.

4-Decidir amar es decidir vivir.

5-Para amar de verdad debemos atravesar el umbral del miedo, ser creativos, correr riesgos y dejar que el corazón vaya a su paso.

6-Para ser amados es necesario hacernos amables.

7-El amor ni existe ni se encuentra. Se construye a fuerza de amar y esta construcción, una vez iniciada, nunca puede darse por finalizada.

8-Amar es un arte y un acto de creación.

9-Enamorarse es algo involuntario y fácil, pero construir el amor es algo voluntario y difícil, como todo arte.

10-No es lo mismo "necesitar amar a fin de sentirnos bien", que "elegir amar porque nos sentimos bien".

11-Es maravilloso poder compartir libremente con alguien nuestras emociones, ideas o actividades, pero es muy peligroso que, sin su presencia, nos sintamos infelices y que no podamos prescindir de él.

12-El sacrificio es una forma de deterioro del amor.

13-El amor no es un derecho sino una conquista, una construcción y un logro.

14-No es posible limitar al amor, no es posible ponerle puertas ni vallas.

15-El amor real se mueve en un contexto condicional aunque generoso. No debe ser, en ningún caso, una relación mercantil en la que siempre debamos quedar a la par, pero sì que debe ser una relación justa para ambos.

16-El amor pide valor, capacidad de asumir riesgos y, sobretodo, trabajo y esfuerzo diario para mantener el misterio, la creatividad y la comunicación.

17-Tenemos miedo a amar. Quizás tenemos menos miedo al amor, porque amar supone acción y realización mientras que el amor es algo que podemos o no actualizar y convertir en realidad.

18-Amar es un viaje en el que es necesario estar dispuesto a perderse para reencontrarse; aprender a soltar para recuperar, y a irse para no asfixiar.

19-Muchas personas optan por no iniciar el camino del amor para no enfrentarse a algo que temen más que a la propia ausencia de éste: perderlo.

20-Para conseguir un buen amor es esencial escuchar a nuestro corazón y ser valientes y generosos.

21-Amor y pasividad son conceptos incompatibles.

Capítulo 2: Del Yo...

22-Tenemos el deber individual de crecer, de mejorar y poner los medios necesarios para conseguir desplegar nuestro mejor potencial.

23-La pareja no debería ser una finalidad por sì misma. Es sólo una posibilidad más, entre muchas otras, de desarrollarnos como personas.

24-Ser uno mismo supone tener conciencia de los propios límites y voluntad de transformación.

25-Para ser autónomos será necesario diferenciarnos y construir una vida, con suficiente contenido e intensidad como para que no necesitemos " colgarnos de otro" o "vampirizar" su vida.

26-Nos podemos amar porque somos diferentes y nos podemos distinguir.

27- Estar atento a uno mismo es el mejor camino para mantenerse a salvo de la enfermedad, del desequilibrio, de la explotación y de la división interna, y la premisa esencial para poder dar atención y amor a otro ser humano.

28-Para compartir nuestro camino, será necesario tener un camino para compartir.

29-El proyecto individual debería ser un "proyecto de desarrollo y crecimiento personal abierto y flexible"

30-El proyecto de crecimiento personal pide que estemos abiertos de sentidos, mente y corazón a cada momento, a cada persona, a cada posibilidad y a cada interrogante que nos llegue. Significa estar dispuestos a dar a la vida nuestra mejor respuesta, la más coherente, humanizada y generosa.

31-El contenido del proyecto es nuestra historia diaria, abierta a lo inesperado, construida con respuestas pequeñas a los grandes retos cotidianos, siempre desde la coherencia personal, concientes de que cada pequeña pieza que colocamos consolida la pieza futura o la deja sin base.

32-Partir de un "YO íntegro" es el primer paso para conseguir un "nosotros" creativo y amoroso.

33-Sin un "yo íntegro" seremos incapaces de dar sentido a nuestra existencia y tendremos muchas posibilidades de encontrar a otro ser desesperado con el que sumar desespero y miedo.

34-La soledad y su vivencia en equilibrio y aceptación es un requisito necesario para relacionarnos con otro ser humano, en libertad.

35-El mejor encuentro no garantiza nada. Aunque a partir del mismo tenemos la posibilidad de tender puentes de comunicación que nos permitirán acceder al otro, deberemos estar dispuestos a emprender la tarea de construirlos y cruzarlos.

36-El enamoramiento es un estado emocional alterado, una especie de trastorno de la atención. Es involuntario e ilógico.

37-Somos nuestra relación. En lo que se refiere a nuestra pareja, tenemos lo que nos hemos elegido, por no decir lo que "nos merecemos".

38-Tenemos el derecho y la obligación de dejar a nuestra pareja si la relación nos bloquea, nos repliega o es destructiva para nosotros.

39-La pareja solo se justifica si constituye un espacio de desarrollo personal y conjunto. De no ser así, será tan solo fuente de mayor soledad y sufrimiento.

40-Se nos ha dicho que debemos encontrar la persona adecuada, en lugar de recordarnos que nuestra tarea es convertirnos en la persona adecuada.

41-Las metáforas de las "medias naranjas" y las "almas gemelas" nos lanzan la idea distorsionada de que solo existe una persona en el mundo que nos corresponde y que esta destinada a hacernos felices.

42-En la vida no ocurre como en el final de los cuentos: "Y asì vivieron felices para siempre y comieron perdices". Porque es precisamente al final del cuento cuando empieza la verdadera historia real.

43-Prometemos amarnos toda la vida. Pero la realidad es que no es posible prometer sentimientos ya que estos no son actos de voluntad. Podemos, en cambio, prometer conductas amorosas encaminadas al cuidado del amor.

44-El deseo de plenitud amorosa es universal, pero es una falacia pretender que el otro llene todo nuestro mundo, a no ser que sea un mundo muy pequeño.

45-Nadie tiene el poder de cambiar a otro. De hecho, intentarlo, suele ser un desastre.

46-Muchas personas viven enamoradas de su concepto de amor pero no saben amar a su pareja real.

47-Cuando nos enamoramos, somos capaces de reducir la totalidad del otro a unos ojos, a un movimiento, a una voz o a una parte de su ser que nos seduce.

48-La pareja forma parte de la familia elegida. No es una obligación, sino una elección fruto de nuestra libertad.

49-No somos los mismos que hubiéramos sido de haber elegido otra pareja. Tal vez ni mejores ni peores, pero, en todo caso, distintos.

50-La ignorancia de que nuestra construcción personal va a estar influida en gran parte por la pareja que nos acompaña, unida al desconocimiento de nosotros mismos, puede movernos a buscar una persona que llene nuestro vacío y refuerce nuestras zonas de inseguridad.

51-La pareja, conjuntamente con los amigos, es una de nuestras más importantes elecciones afectivas.

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domingo, septiembre 16, 2007

El noble castigo

En la Edad Media, a lo largo de toda Europa, era usual, cuando un hombre de estirpe noble cometía un delito que mereciese pena corporal, aplicar ese castigo a su sombra.

Pero se cuenta que en el sur de Francia, un barón feudal cometió un monstruoso crimen contra las gentes de un pueblecillo de sus dominios, las doncellas del cual fueron todas hechas prisioneras y entregadas a la ferocidad de las gentes del barón, que volvían de la Cruzada.

Las gentes del pueblo resolvieron vengar la afrenta y castigar a los culpables, y en una emboscada capturaron al barón, a sus tres tenientes y los sometieron a juicio.

La pena decidida fue la decapitación.

El barón, en nombre de los tres, manifestó que por su noble cuna estaban amparados por el privilegio de que la pena corporal se aplicase no a sus personas físicas, sino a sus sombras.

El Consejo del Pueblo aceptó y dispuso que así se hiciese.

Y por eso dispuso también —como en efecto se hizo— que la decapitación tuviese lugar en la plaza del pueblo, a la hora del mediodía.



Pedro Gómez Valderrama, Sortilegios.

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La Fruta Prohibida

Nadie, en los tiempos de Edén, fue capaz de despejar el velo del tiempo y descubrir el efecto de un simple acto. Andaba todo ser desnudo, de la manera más natural y cómoda, por más la única manera conocida de andar.

Lechuzas, basiliscos, dromedarios, cunaguaros, centauros, babas, medusas y seres ahora desconocidos o prácticamente olvidados como los krolls, mandrax, hipnocéfalos y leucotaurus vivían plácidamente reunidos y haciendo el amor y alimentando la zoofilia de los favoritos de Yavé: varón y varona.

Varón conocía de memoria todos los orificios de los distintos seres que allí habitaban y que pudiesen satisfacer sus necesida­des, y diariamente trataba de evitar que los orificios de él satisficieran los deseos de cualquiera de ellos, aún cuando no siempre lo conseguía.

Varón parecía sentir predilección por la hembra de cebaño, especie de equino de poca alzada, mientras que varona prefería el miembro prensil de un simio cuyo nombre se perdió en la historia y el miembro ambulacral de un extraño equinodermo terrestre. Los otros seres también copulaban intraespecíficamente , sin la necesidad de la instructiva presen­cia de los humanos, en bacanales priápicas y vaginales.

Cuando estaban todos agotados, se sentaban a mascar hojas de coca, o de canabis, y flores de amapola y a conversar trivialidades en un idioma musical y universal.

Cuenta la leyenda que había un fruto prohibido en Edén, la única restricción del paradisíaco lugar: una fruta roja y carno­sa, propiedad exclusiva de Yavé, la cual le daba la facultad de tener orgasmos más fuertes y duraderos que los normales.

Cierto día retozaba varona con la serpiente, deslizándose ésta por todo el cuerpo de varona y penetrando ofídicamente hasta lugares recónditos, manejando tan majestuosamente su bífida lengua, que el placer de varona rayaba en el dolor: ésta para acallar un grito atrapó el objeto más cercano y lo introdujo en su boca.

Tiempo de diáspora. El objeto tomado fue, por mala suerte, el fruto prohibido. Yavé, con su diapreado humor más negro que nunca, expulsó a su favorita de Edén, y su pareja se fue con ella. Al cruzar la frontera.

Yavé los llamó otra vez a su regazo, pero solo para darles un souvenir, una cesta llena de frutas prohibidas. Cuál no sería la decepción de éstos al descu­brir, poco tiempo después, que las frutas estaban adulteradas, perdiendo para siempre su mágico poder.


Carlos F. Lira G.
"Cuentos para Merendar"

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EL JARRON, LA ROSA Y LA VIDA


Cierto día en un monasterio Budista, se encontraron con la muerte de uno de sus guardianes y fue preciso encontrar un substituto.

El Gran Maestro convoco a todos los discípulos para determinar quien seria el nuevo centinela.
El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, dijo:

-"Asumirá el puesto el primer monje que resuelva el problema que voy a presentar."

Entonces coloco una magnifica mesita en el centro de la enorme sala en que estaban reunidos y encima de esta, coloco un jarrón de porcelana muy raro con una rosa de extraordinaria belleza en el y dijo así:
-"!Aquí esta el problema! "

Todos quedaron asombrados mirando aquella escena; un jarrón de extremo valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro. ¿Que representaría?, ¿Que hacer?, ¿Cual es el enigma?

En ese instante, uno de los discípulos saco una espada, miro al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y ... ZAZ!!! ... destruyo todo de un solo golpe.
Tan pronto el discípulo retorno a su lugar, el Gran Maestro dijo:
-"Usted será el nuevo guardián del Castillo".

Moraleja de la Historia:

No importa cual sea el problema, ni que sea algo lindísimo, si ves un problema, precisa ser eliminado, terminado, concluido.
Un problema es un problema, no importa que se trate de una mujer sensacional, o de un hombre maravilloso o de un gran amor que se acabo, por más lindo que sea o haya sido, si no existiera mas sentido para el en tu vida, tiene que ser suprimido porque corres el riesgo de permanecer con el, el resto de tu vida.

Muchas personas cargan la vida entera el peso de cosas que fueron importantes en el pasado, y que hoy solamente ocupan un espacio inútil en sus corazones y mentes, espacio que es indispensable para recrear la vida, sobre todo si el problema es algún sentimiento de rencor o reproche, que aunque en algún momento de tu vida te haya hecho mucho daño, eso solo forma parte de un pasado.

Existe un proverbio Chino que dice:

"Para poder beber vino, es necesario primero tirar el te".

Limpia tu vida, comienza por las gavetas, armarios, hasta llegar a eso que ya no hacen mas sentido y que están ocupando espacio y que muchas veces lejos de ayudarte te hiere y te impide tomar un curso diferente en tu vida.

El pasado sirve como lección, como experiencia, como referencia. El pasado sirve para ser recordado y no para ser revivido.

¡Usa las experiencias del pasado en el presente para construir tu nuevo Hoy, y n
ecesariamente en este orden!

Desconozco el autor

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jueves, septiembre 13, 2007

La resurreción de la rosa

Un hombre tenía una rosa; era una rosa que le había brotado del corazón. ¡Imagínese usted si la vería como un tesoro, si la cuidaría con afecto, si sería para él adorable y valiosa la tierna y querida flor! ¡Prodigios de Dios! La rosa era también como un pájaro; garlaba dulcemente, y en veces, su perfume era tan inefable y conmovedor, como si fuese la emanación mágica y dulce de una estrella que tuviera aroma.

Un día, el ángel Azrael pasó por la casa del hombre feliz, y fijó sus pupilas en la flor. La pobrecita tembló, y comenzó a palidecer y estar triste, porque el ángel Azrael es el pálido e implacable mensajero de la muerte. La flor desfalleciente, ya casi sin aliento y sin vida, llenó de angustia al que en ella miraba su dicha. El hombre se volvió hacia el buen Dios y le dijo:

—Señor ¿para qué me quieres quitar la flor que me diste?

Y brilló en sus ojos una lágrima.

Conmovióse el bondadoso Padre, por virtud de la lágrima paternal, y dijo estas palabras:

—Azrael, deja vivir esa rosa. Toma, si quieres, cualquiera de las de mi jardín azul.

La rosa recobró el encanto de la vida. Y ese día, un astrónomo vio desde su observatorio que se apagaba una estrella en el cielo.


Rubén Darío, Cuentos completos.

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miércoles, septiembre 12, 2007

Historia de un Joven Celoso

Había una vez un hombre joven que estaba muy celoso de una joven muchacha bastante voluble.

Un día le dijo: "Tus ojos miran a todo el mundo". Entonces, le arrancó los ojos.


Después dijo: "Con tus maños puedes hacer gestos de invitación". Y le cortó las maños.


"Todavía puede hablar con otros", pensó. Y le extirpó la lengua.


Luego, para impedirle sonreír a los eventuales admiradores, le arrancó todos los dientes.


Por último, le cortó las pierias, "De este modo —se dijo— estaré más tranquilo".


Solamente entonces pudo dejar sin vigilancia a la joven muchacha que amaba. "Ella es fea —pensaba—, pero al menos, será mía hasta la muerte".


Un día volvió a la casa y no encontró a la joven muchacha: ella había desaparecido, raptada por un exhibidor de fenómenos.


Henri Fierre Cami, Comique.

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