domingo, agosto 19, 2007

Debate entre José Mª Castillo y Fernando Savater. El derecho a no creer

¿No había muerto? En las librerías, Dios ha vuelto. Tema inagotable para polemistas como el teólogo católico José María Castillo (que acaba de dimitir de la Compañía de Jesús), autor de Espiritualidad para insatisfechos (Trotta) y el filósofo no creyente Fernando Savater, que publica La vida eterna (Ariel).


PREGUNTA. Si oyen hablar de Dios, ¿qué primera imagen les viene?

FERNANDO SAVATER. Que es una institución cultural, y en ese sentido existe igual que por ejemplo el Banco Español de Crédito. Y que, más ontológicamente, no me lo imagino; la idea de un ser que a la vez tiene los atributos humanos y además es infinito, eterno, al margen de los avatares... Nietzsche decía que había conceptos que tenían definición y otros historia. Dios me parece que es un concepto que puede tener historia pero no definición.

JOSÉ MARÍA CASTILLO. A mí me provoca a botepronto respeto, porque soy creyente, y peligro. Peligro porque en su nombre se cometen las barbaridades más grandes. Esa misteriosa relación entre religión y violencia. Una relación que en el cristianismo se agrava, porque profesa su fe en un Dios que necesita el sacrificio, y por lo tanto la muerte y la sangre de su hijo, para que la gente se pueda acercar a él. Nietzsche hablaba del Dios vampiro. En lo metafísico, el concepto de Dios no tiene salida, porque se trata de armonizar la suma bondad con el sumo poder, o la infinita bondad con el infinito poder, con este mundo que tenemos, y eso es estrictamente contradictorio. No es evidente la existencia de Dios, ni puede serlo nunca, pero sí la utilidad: lo vemos ahora en España. La Iglesia y la derecha utilizan a Dios, pero desde mi punto de vista es una actitud intolerable. En España se está usando el nombre de Dios constantemente para lo que se traduce en pelotazos urbanísticos, para todo lo que se quiera.

P. ¿Sigue sirviendo Dios como consuelo ante la muerte?

F. S. Las funciones de vertebración social que cumplen las constituciones u otras leyes laicas, las cumplían antaño las religiones. Pero a partir del XVII la religión ha ido pasando a un plano más íntimo, más privado, con el cual también tuvo que ver desde el principio, y eso, más que el miedo a la muerte, es el rechazo a la idea de perdición, que es el gran enigma y la gran espina de la condición humana: sabernos mortales es lo que nos lleva a pensar. La idea de la muerte es inasimilable, ya decía La Rochefoucauld que: "Ni al sol ni a la muerte se les puede mirar de frente". Pues uno de los cristales ahumados para mirar a la muerte es la idea de Dios y de salvación, de alguien que se ocupará de nosotros, aunque sea castigándonos; que no estaremos perdidos del todo. Eso sigue funcionando de un modo o de otro, porque negociar nuestra relación con la muerte nunca ha sido fácil.

J. M. C. Ante el sufrimiento la religión sigue cumpliendo un papel positivo para mucha gente, para hacerle más soportable la enfermedad, la vejez, la pérdida de un ser querido. Ahora bien, ofrecer una evidencia y una seguridad, no puede, porque no hay evidencia ninguna. Y esta esperanza en la otra vida que a algunas gentes les ayuda, en otras puede ser un verdadero peligro: el terrorista que se inmola pensando en...

F. S. En las huríes.

J. M. C. Claro, en ese caso la esperanza en la otra vida es un auténtico peligro. O eso otro tan terrible, la resignación, el aguante y el silencio ante injusticias que no se deberían de tolerar. Siempre recuerdo la afirmación del gran defensor de los derechos humanos de los negros en Estados Unidos, Martin Luther King: "Cuando se recuerden las grandes atrocidades que han ocurrido en el siglo XX, se verá que lo peor no han sido las fechorías de los malvados, sino el silencio de las buenas personas". Y eso es terrible. Y a eso está llevando de hecho la religión.

F. S. Bueno, la idea de Marx de la religión como el opio del pueblo, como un adormecedor. .. Hoy la religión puede ser efectivamente el opio para algunos, porque les da resignación y les hace que soporten los males naturales y el poder establecido como si fueran parte de la voluntad divina; pero en otros casos no funciona como el opio, sino como la cocaína, porque para el terrorista más bien la religión para él es un terrible excitante. Aquello que decía don Pío Baroja de que el requeté era un animal que, una vez confesado y comulgado, atacaba al hombre. La religión no funciona como el opio, todo lo contrario.

J. M. C. Los casos actuales de terrorismo están ahí, pero recordemos que por ejemplo San Bernardo, en el siglo XII, escribió un tratado, Exhortatio ad milites Templi, para los cruzados, y empieza: "Donde se demuestra que matar al infiel no es pecado".

F. S. Lo curioso es que es una exclusiva del monoteísmo. El Antiguo Testamento es una recomendación al genocidio cada cuatro páginas. El Corán, se lea como se lea, está lleno de incitaciones al exterminio del infiel y a extender una tierra dominada por los creyentes y tal. E incluso la figura de Cristo, que es el más manso de los profetas: también dijo que venía a traer la espada y la división.

P. Ha habido o hay otras religiones no monoteístas. ¿Qué se ganó y se perdió con la victoria del monoteísmo sobre el paganismo? Y ahí está el budismo, sin Dios.

F. S. De hecho, la propia expresión de religión no existe en todas partes: hay muchos pueblos que tienen culto, pero no saben que ellos tienen una religión. En el paganismo las tradiciones religiosas estaban ligadas a cosas, instituciones, lugares, árboles, fuentes, a la familia... a cosas concretas que tenían como una dimensión simbólica. La religión, por ejemplo, de los romanos, que era de tipo cívico, un refuerzo espiritual de las instituciones. Los emperadores que perseguían el cristianismo lo hacían escandalizados porque los cristianos, en vez de limitarse a tener un Dios como todo el mundo, y a no dar la lata, negaban los dioses de los demás, y sobre todo los aspectos divinos de las instituciones, y eso era lo intolerable. El gran mérito, por decirlo así, del cristianismo fue separar definitivamente el mundo de lo objetivo, de lo cívico, del mundo de lo espiritual y lo religioso. De ahí que uno no entienda muy bien cuando hoy en la UE hay algunos que en la Constitución quieren mencionar las raíces cristianas de Europa... Es que precisamente las raíces cristianas de Europa son la desaparición de la religión del espacio público: ése fue el mérito del cristianismo. Reintroducir la religión como justificación del espacio público sería paganizar el cristianismo.

J. M. C. Lo que pasa es que el cristianismo nació con esa originalidad sorprendente, hasta el punto de que la gran acusación contra los cristianos en el siglo II y III es que eran ateos. Porque no se atenían a lo que se consideraba como creencia en Dios o religión. Si adoraban a un crucificado, era la blasfemia más fuerte.

F. S. Y descartaban a todos los demás dioses. Eran ateos de todos los demás dioses menos de uno, el suyo propio.

J. M. C. Lo más peligroso que tienen los monoteísmos es que creen en dioses excluyentes: mi Dios es el único, y por tanto los demás están fuera de la legalidad, de la verdad, y del camino de salvación. Porque ya es una violencia decirle a alguien que está en un error, o que está en camino de perdición. Eso ya es una forma de humillarle

... Y también quiero añadir, por intentar ser muy honesto desde mis creencias, que la mayor aportación del cristianismo fue presentar un Dios encarnado. El Evangelio de Juan dice que Dios se ha hecho carne, Logos sarx egenito, la Palabra se hizo carne, y eso en aquella cultura era debilidad, el trastorno más fabuloso en la historia de las tradiciones religiosas. El cristianismo nació con esa originalidad, que duró hasta el siglo IV. A partir del invento de que Constantino vio la cruz y se dijo: "Con este signo vencerás", se hizo la peor perversión de la cruz. Y a partir del edicto de Teodosio, en el 381, cuando declaró al cristianismo como la única religión verdadera, todas las demás pasaron a la clandestinidad. Y eso explica que el continente más cristiano, Europa, sea el más violento.

F. S. Amamos lo perecedero precisamente porque va a perecer; no amamos lo eterno, lo invulnerable, nadie ama el universo, todos sabemos que el universo se pasa muy bien sin nuestros cariños. Amamos a aquellas personas que quisiéramos perpetuar y no podemos; es su fragilidad lo que suscita nuestro amor. Y claro, Dios es lo contrario: la idea de amor a Dios, por ejemplo en el planteamiento tan hermoso de Spinoza, en su Ética, él habla del amor a Dios, que sólo puede ser un amor intelectual, no podemos esperar que Dios nos ame. Esa vinculación afectiva que introduce el cristianismo necesitaba que Dios hiciera una concesión a la carne, a la muerte, a la fragilidad, al temor, al abandono... Esa idea del Dios hecho hombre es una aportación de la religión cristiana, pero también un paso hacia la salida de la religión, porque en cuanto divinizamos la figura frágil, doliente, del hombre, estamos acercándonos a empezar a divinizar sencillamente al hombre, sin necesidad de lo sobrenatural. De ahí que algunos expertos como Marcel Roché hablen del cristianismo como de la religión para salir de la religión. Así que, para que la figura de Cristo adquiera toda su capacidad de identificació n con nosotros, suprimámosle esa otra dimensión mágica que le aleja aún de nosotros.

J. M. C. Teniendo en cuenta, además, que Jesús fue enormemente conflictivo. Pero resulta que su conflicto fue con los dirigentes de la religión y de algún modo con la religión. No hay contradicción entre el cristianismo, y por lo tanto la Iglesia, y la laicidad, sino que la Iglesia tendría que ser, y el cristianismo tendría que ser la religión que fomentara la laicidad. Porque a fin de cuentas Jesús fue un laico, un laico que entró en conflicto con el poder.

F. S. Cuando se habla de cómo los países europeos han logrado escapar, en la medida que han logrado escapar, que tampoco es del todo cierto, de la tentación teocrática que vemos en países musulmanes, que ésos sí que no han logrado separar las instituciones civiles de las religiones, ahí está la aportación del cristianismo: gracias a él se sentaron las bases; incluso cuando la Iglesia constituyó un poder terrenal, lo hizo separado de otro poder que era el civil, mientras que eso no ocurrió en países musulmanes, y eso lo lamentamos ahora todos.
P. ¿Cómo ven el estado de las relaciones entre ciencia y religión?

F. S. No hay contradicción más que si la religión pretende dar lecciones científicas. Hombre, para cualquier ser racional, la idea de que los acontecimientos naturales tienen una explicación sobrenatural es incomprensible; se pretende explicar una cosa que no entendemos con algo que entenderíamos mucho menos todavía. Einstein decía: "Yo sólo creo en el Dios de Spinoza". Quería decir que si hay un Dios es lo que llamamos el conjunto de las causas naturales. Pero ése no es el Dios de las religiones, de la salvación. Pero creo que en Europa no hay mucho enfrentamiento normalmente entre religión y ciencia, eso queda un poco para Estados Unidos.

J. M. C. El problema entre ciencia y religión se ha introducido falsamente desde el momento en que la religión ha querido meterse donde no tenía que meterse. Por otra parte, la moral de la religión se ve muchas veces amenazada por los avances científicos. En el XIX el papa Gregorio XVI prohibió las vacunas, por aquello de una ley natural: hay una ley natural y según ese principio yo me debería de quitar las gafas y tirarlas porque esto contradice la ley natural, porque lo natural es que yo tenga la vista cansada.

F. S. Y el islamismo prohibió la imprenta. En buena medida el retraso en la aparición del pensamiento crítico en el mundo musulmán se debe a que hasta muy avanzado el XVIII no autorizó la impresión de ningún libro. He tratado de proponer en mi libro que, lejos de ser la religión la que funda la ética, más bien parece que son las éticas las que justifican las religiones. Si hoy elegimos entre una religión y otra, y nos parece que la Madre Teresa de Calcuta es preferible a Osama Bin Laden, es por razones éticas.

J. M. C. Hablando de religión y violencia, hay una violencia que a mí me parece de lo más peligroso, la violencia del silencio. El silencio es de los factores más terribles que ha habido en el siglo XX. Si quienes debieron hablar hubieran dicho lo que sabían por ejemplo de los campos de concentración nazi, o en España de las atrocidades cometidas no sólo en la guerra, sino en años inmediatamente posteriores. ..

F. S. Y en el País Vasco, también se ha guardado silencio por parte de la Iglesia.

J. M. C. Sería muy importante una campaña para que la gente que, sabiendo lo que pasa, se lo calla, comprendiese que comete violencia.
Inquisiciones acorraladas

FERNANDO SAVATER. El inquisidor no tolera la disidencia porque no puede vivir con la duda de los que no creen como él. Una persona que vive verdaderamente su fe no tendrá inconveniente en vivir con personas que no creen.

JOSÉ MARÍA CASTILLO. Lo inquisitorial, lo fundamentalista. Anthony Giddens define el fundamentalismo como "tradición acorralada". Por eso en Estados Unidos o en países de tradición religiosa como Italia o España los movimientos fundamentalistas proliferan, y con agresividad.

F. S. En cuanto al terrorismo musulmán, su principal objetivo no es la guerra al infiel, sino mantener la intimidación sobre los musulmanes. En esos países están quienes más objeciones harían contra el fundamentalismo si pudieran. Los que más padecen ese fanatismo no somos nosotros, sino quienes viven allí.

J. M. C. Y no olvidemos nunca que el poder religioso tiene una particularidad que no tiene otro, y es que toca en una intimidad de la persona donde nadie más puede tocar.

F. S. La Inquisición inventa algo: antes se agarraba a alguien, se le quemaba, pero nadie pretendía entrar en él. Eso empieza con la Inquisición y luego vienen todos los gulags.

J. M. C. Y hay otras violencias íntimas, que rompen, como la violencia que se puede ejercer por ejemplo en un confesionario.

F. S. Lo importante es crear instituciones que fomenten el derecho a las creencias personales y a la exteriorizació n pública, siempre a título privado, de las creencias. Hay que crear una enseñanza laica, que prive a los fanatismos de sustancia, y unas instituciones que digan que la religión es un derecho de cada cual, pero no un deber de nadie, y sobre todo no de la sociedad. Uno no puede curar a todas las almas y a todos los fanáticos, pero sí crear situaciones que bloqueen la posibilidad del fanatismo.


Fuente: Suplemento Babelia de El País del día 02/06/07

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sábado, agosto 18, 2007

Regalos

"Conocí entonces lo que ellos consideran un regalo. Según mis compañeros de la tribu, un regalo sólo es un regalo cuando le das a una persona lo que ella desea, y deja de serlo cuando das lo que tú deseas que tenga.

Un regalo no obliga a nada. Se da sin condiciones. Las personas que lo reciben tienen derecho a hacer con él lo que quieran: usarlo, destruirlo, regalarlo, lo que sea. Es suyo, sin condiciones, y el que lo da no espera nada a cambio. Si no se corresponde con estos criterios, no es un regalo y debería clasificarse de alguna otra manera.

Tuve que admitir que los regalos del gobierno, y desgraciadamente la mayoría de las cosas que en mi sociedad se considerarían regalos, se verían de un modo diferente en la tribu.

Pero también recordaba a algunas personas de mi país que hacían regalos constantemente y ni siquiera eran conscientes de ello. Son personas que te ofrecen palabras de aliento, que comparten sus anécdotas contigo, que ofrecen a los demás un hombro en el que apoyarse o que, simplemente, son amigos que no te fallan jamás.

La sabiduría de mis compañeros de viaje era una fuente constante de asombro para mi. De ser ellos los dirigentes del mundo, qué diferentes serian nuestras relaciones.. ."

(M. Morgan, 'Las voces del desierto')

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El piano

Cuando la ciudad de Tarija estaba habitada por catorce mil novecientos cincuenta mandados y cincuenta mandones, la única mandona que no tenía piano era doña Beatriz Arce de Baldiviezo.


Un tío preocupado le envió, desde París, un Steinway de gran cola, para que ella recuperara su color y su respiración y se dejara de vivir roja de envidia y ahogada en suspiros.

Metido en un inmenso cajón, el piano viajó en barco, en tren, y después en hombros. Fue cargado a pulso, Bolivia adentro: cuarenta peones se abrieron paso a través de las serranías, inventando puentes, escaleras y caminos, con aquella mole encima. Cinco meses llevó el atroz subibaja por barrancos y quebradas, hasta que por fin el regalo llegó, sin un rasguño, a la casa de doña Beatriz.

No era un piano cualquiera. Aquel Steinway, bautizado por las manos de Franz Liszt, lucía los premios que le habían otorgado varios reinos de Europa.

Pasaron los años y las gentes. Con el tiempo, Tarija creció y cambió.

Y un día, doña María Nidi Baldiviezo, que había recibido el piano en herencia, salió del consultorio médico con diagnóstico de cáncer.

De la fortuna familiar ya sólo quedaban el piano y la nostalgia, y doña María puso el piano en venta, para pagarse el viaje y el tratamiento en Houston.

Recibió la primera oferta desde Japón. Ella se negó. La segunda propuesta vino desde los Estados Unidos, y ella no la aceptó. El tercer comprador llamó desde Alemania, y ella no hizo caso. Y lo mismo ocurrió con los interesados que acudieron desde Buenos Aires, La Paz y Santa Cruz. La vendedora decía no a los precios bajos y a los precios altos y a los del medio también.

Desde su lecho de enferma, doña María reunió a los musiqueros, los teatreros, los imagineros y demás eros de Tarija, y les propuso:

–Denme lo que tengan, y se quedan con el Steinway. Doña María murió sin viaje y sin tratamiento.

El piano no quería irse de Tarija. Allí había encontrado querencia, y allí continúa prestando sus invalorables servicios en las veladas culturales, en las efemérides patrias y en todos los actos cívicos de la localidad.


"Bocas del Tiempo"

Eduardo Galeano

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La noche de los feos

Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.

Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.

Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.

Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con, una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.

Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca, bien formada. Era la oreja de su lado normal.

Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión, la reservo para mi rostro, y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.

La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.

La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculo mayor, poco menos que coordinado; algo qué se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.

Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.

« ¿Qué está pensando?», pregunté.

Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma.

«Un lugar común», dijo. «Tal para cual. »

Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.

«Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?»

«Sí», dijo, todavía mirándome.

«Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida.»

«Sí.»

Por primera vez no pudo sostener mi mirada.

«Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo.»

«¿Algo como qué?»

«Como , querernos, caramba. O simplemente congeniar.

Llámele como quiera, pero hay una posibilidad. »

Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas. «Prométame no tomarme por un chiflado.» «Prometo.

«La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?»

«No.»

«¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía? »

Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.

«Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca.»

Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.

«Vamos», dijo.

2

Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba, de mi marca siniestra.

Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.

No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.

Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.

En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.

Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad, mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.



"El Cesped y Otros Relatos"

Mario Benedetti

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miércoles, agosto 15, 2007

El cumpleaños

Cara de hormiga sonriente, ancas de rana, patas de pollo: Sally cumplía su primer año de vida en el mundo.


El acontecimiento fue celebrado en grande. La madre, Beatriz Monegal, tendió en el piso un enorme mantel de flores bordadas, de origen inconfesable, y encendió la velita en el mástil de la torta que había comprado, a pagar nunca, en El Emporio de los Sandwiches.

En un santiamén desapareció la torta y se desató el bailongo, mientras la homenajeada dormía profundamente, envuelta en ropa limpia y almidonada, dentro de una canasta de verdulería.

A las tres menos cuarto de la madrugada, cuando ya no quedaba ni una gota de vino en las damajuanas, Beatriz tomó sus últimas fotografías, apagó la radio, echó a la gente y recogió de apuro todas sus pertenencias.

A las tres en punto, sonó la sirena policial. Beatriz había invadido aquella casona hacía un par de meses, junto a sus muchos hijos y a su más reciente amor, que era fornido y bueno para abrir casas a patadas. Cuando entraron los policías, con orden de desalojo, ya Beatriz había iniciado su nueva peregrinación.

Ella iba por el medio de la calle, tirando de las varas de un carro lleno de niños y de trapos, seguida por su hombre y sus hijos mayores. Iba en busca de otra casa para invadir, y su risa rompía el silencio de la noche de Montevideo.


"Bocas del Tiempo"

Eduardo Galeano

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La recompenza

Sin casa y sin rumbo, sin donde ni adonde, José Antonio Gutierrez vivió y creció en las calles de Guatemala. Para esquivar el hambre, robaba. Para esquivar la soledad aspiraba pegamento y entonces se convertía en estrella de Hollywood.


Un día, se fue. Se fue lejos, al norte, al Paraíso. Esquivando a la policia, colandose en catorce trenes y caminando mil y una noches, consiguio llegar a California. Y alli se metió y se quedó.

Seis años despues, en el barrio mas miserable de la Capital guatemalteca, los golpes en la puerta despertaron a Engracia Gutierrez. Unos señores de uniforme venia a notificarle que su hermano Jose Antonio, enrolado en el Cuerpo de Marines, habia muerto en Irak.

Aquel niño de la calle habia sido la primera baja de las fuerzas invasoras en la guerra del año 2003.

Las autoridades envolvieron su ataúd en la bandera de las barras y las estrellas y le rindieron honores militares. Y lo hicieron ciudadano de los Estados Unidos, que era el premio que le habian prometido.

La television, que transmitio en vivo y en directo la ceremonia, exaltó el heroismo del valiente soldado que habia caído combatiendo contra las tropas iraquíes.
Despues se supo que lo habia matado el fuego amigo, como se llaman las balas que se equivocan de enemigo.

Extraído del suplemento dominical Viva del Diario Clarin

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Nacimiento

El hospital publico, ubicado en el barrio mas copetudo de Rio de Janeiro, atendía a mil pacientes por día. Eran, casi todos, pobres o pobrísimos.

Un médico de guardia contó a Juan Bedoian:

-La semana pasada, tuve que elegir entre dos nenas recien nacidas. Aqui hay un solo respirador artificial. Ellas llegaron al mismo tiempo, ya moribundas, y yo tuve que decidir cual iba a vivir.

Yo no soy quien, - pensó el medico - que decida Dios.

Pero Dios no dijo nada.

Eligiera a quien eligiera, el médico iba a cometer un crimen.

Si no hacía nada, cometía dos.

No habia tiempo para la duda. Las nenas estaban en las últimas, ya yendose de este mundo.
El médico cerro los ojos. Una fue condenada a morir, y la otra fue condenada a vivir.


Extraído del suplemento dominical "Viva" del diario Clarin

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sábado, agosto 11, 2007

Queriendo ser dos

Hace unos cuatro mil quinientos millones de años, año mas, año menos, una estrella enana escupió un planeta, que actualmente responde al nombre de Tierra.

Hace unos cuatro mil doscientos millones de años, la primera célula bebió el caldo del mar, y le gustó, y se duplicó para tener a quien convidar el trago.

Hace unos cuatro millones y pico de años, la mujer y el hombre, casi monos todavia, se alzaron sobre sus patas y se abrazaron, y por primera vez tuvieron la alegría y el pánico de verse, cara a cara, mientras estaban en "eso".

Hace unos cuatrocientos cincuenta mil años, la mujer y el hombre frotaron dos piedras y encendieron el primer fuego que los ayudo a pelear contra el miedo y el frio.

Hace unos trescientos mil años, la mujer y el hombre, se dijeron las primeras palabras y creyeron que podian entenderse.

Y en eso estamos, todavia: queriendo ser dos, muertos de miedo, muertos de frio, buscando palabras.

Extraido del suplemento dominical "Viva" del diario Clarin

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viernes, agosto 10, 2007

La memoria

Peleo, fue herido, cayó preso. Ya lo habían dejado bastante muerto en las cámaras de tortura, cuando un tribunal militar lo condenó a morir del todo.


Supo que estaba solo. Lo que quedaba de él había sido olvidado por sus compañeros. Dejado de todos, esperaba que la muerte concluyera su trabajo. En la soledad del calabozo, hablaba con la pared.

Pero antes que la muerte llego el fin de la guerra; y fue liberado. Y en las calles de la ciudad de San Salvador, siguio conversando con las paredes, y le pegaba puñetazos y cabezazos porque no le contestaban.

Fue a parar al manicomio. Allí lo tenían atado a la cama. Ya ni con las paredes hablaba.

Norma, que años atras habia sido su amiga, fue a visitarlo.
Lo desataron. Ella le dio una manzana. Sin decir palabra, él se quedo mirando la manzana entre sus manos, ese mundo rojo y luminoso, y al rato despedazó la manzana con los dientes y se levantó y repartió los trocitos cama por cama, entre todos los demás.

Así, Norma supo:

- Luis esta loco, pero sigue siendo Luis.

Extraído del suplemento dominical "Viva" del diario Clarin

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El saquito roto: ¿dia del niño?

Se llamaba María Isabel, pero le decían Nacha, no sabía por qué, y tampoco le importaba. Como tampoco le importaba que los chicos del caserío le gritaran "Nacha-cucaracha" o el almacenero le pidiera la plata antes de darle la botella de vino.

Lo único que verdaderamente le importaba era salir de la casilla de madera y chapa, tan oscura, tan húmeda, con esa sola ventanita demasiado alta que le impedía mirar hacia afuera.

Salir de la casilla y buscar piedras redondas y flores amarillas en el yuyal junto a las vías del ferrocarril.

Allí estaba enterrado Panchito, el caracol: "¡Sacá esa inmundicia de aquí!" le había gritado la abuela cuando ella lo puso sobre la mesa, y su padre de un manotazo lo dejó triturado, tan lindo que era con sus cuernitos mojados y su casa lisa, como de cáscara de huevo.

Casi todos los días Nacha ponía las flores silvestres sobre la diminuta tumba marcada con una madera.

Después se iba a mirar cómo trabajaban los hombres que construían el puente que uniría su ciudad con otra ciudad, para eliminar la barrera. Los hombres tenían cascos amarillos y brazos musculosos, almorzaban asado, y muchos mediodías le daban un pedazo de carne sobre un trozo de pan.

-Tomá, para que te terminen de crecer los dientes y no parezcas una vieja desdentada- bromeaban. Y Nacha se reía, se reía, encogiendo sus hombritos flacos.

Como garuaba, se puso el saquito roto, no fuera a ser que se le arruinara el pulóver que le había dejado la visitadora social. Siempre le había quedado grande y, aunque hacía tiempo que lo tenía, todavía le llegaba hasta el borde de la pollera. Un chalequito gris con agujeros en los codos y manchas que no salían a pesar de los fregados.

Se limpió los mocos con una manga y salió, escabulléndose de la abuela, que mateaba mientras sus ojos, distraídos, perseguían un sueño o quizá nada.

En los charcos formados durante la noche se mojó las zapatillas. Sintió un escalofrío en todo el cuerpo, el mismo escalofrío que la sacudía cuando regresaba de su vagabundeo y estaba su madre esperándola con los brazos en jarras y los ojos furiosos.

-¡Mocosa callejera! ¡En vez de quedarse para ayudar a la abuela! ¡Y mírese la pinta, roñosa! ¡Me mato trabajando para que sea gente y lo único que sabe es escaparse! En cinco casas lavé y planché hoy. Cinco casas...para que el vago de su padre se lo tome en tinto y la vaga de mi hija ande por ahí como un perro perdido. Yo, a los siete años, prendía el fuego, cocinaba, bombeaba el agua, cuidaba a mis hermanos más chicos.

Y ahí nomás le llovían los golpes en las mejillas, en la cabeza, en el traste.

-Hasta que me canse y me mande a mudar. Porquerías todos.

La abuela se la sacaba de las manos "¡Basta, basta, te ensañas con la chica!"

-Es que estoy cansada..., tan cansada... Esta vaga..., igualita que el padre.

-Tené paciencia, la Nacha no es mala... Hace cosas de chicos... El Juan no tiene suerte, ya va a encontrar algún trabajo en firme...Yo te entiendo, claro que te entiendo... Si no tuviera las piernas enfermas te ayudaría, pero qué se le va a hacer.

Nacha se paró junto a las vías. Los trenes pasaban despacito por la cuestión del puente. A veces se quedaban parados un rato allí y ella miraba las caras de la gente a través de los vidrios de las ventanillas. Casi nadie reparaba en su presencia.

Pero esa mañana sí, una señorita muy linda se asomó, le hizo señas y le tendió un billete.

-Tomá, para que te compres caramelos. Un hombre de corbata, un poco más atrás, le alcanzó unas monedas. Nacha se puso a caminar a lo largo del vagón y muchos otros le entregaron dinero.

Era la primera vez que le ocurría. Qué buena gente, pensó.

Cuando el tren echó a andar y se perdió a lo lejos, Nacha reía, saltaba en dos pies, en un pie, daba vueltas como una marioneta.

Apretó las monedas y los billetes en sus manitas amoratadas por el frío y corrió hasta su casilla.

-Mirá, abuela, me lo dieron en el tren...

Mirá...-seguía riendo, mojada, desdentada, mientras se quitaba las zapatillas y la abuela contaba el tesoro.

-Trescientos pesos, Nacha ¡Qué bien!

Otras veces paró el tren y no dieron nada... ¿vos pediste?

-No, no pedí. Miré nomás.

-Vení para acá. Dejame ver..., dejame ver... Pero claro, si es ese saquito, el saquito roto. Desde mañana te lo vas a poner todos los días y te vas a quedar junto a la vía esperando que pare algún tren. Mirálos bien a los de adentro, ¿sabés?, y si no sueltan nada, vos estirá la mano para que se den cuenta. ¿Entendiste? Así tu madre se pone contenta y no dice más que somos una carga. Así tu madre... se pone contenta... y no te pega más... ni piensa en irse y dejarnos solos... ¿me entendiste?

Nacha no tiene tiempo de juntar flores amarillas para la tumba de Panchito. Tampoco tiene tiempo de hacer los deberes que le dan en la escuela -la visitadora social dijo que si no la mandaban a la escuela podrían ir presos-. Ni bien se quita el guardapolvo dudosamente blanco que le dio la cooperadora, la abuela le pone el saquito roto y la manda a las vías, a esperar los trenes que paran...

Hasta que anochece, Nacha se queda allí, estirando la mano, poniéndose en puntas de pie para golpear con sus nudillos los vidrios bajos de las ventanillas y avisarle a la gente que ahí está ella. Se aburre, se cansa mucho y le duelen las piernitas flacas. "Hay que aprovechar ahora, porque pronto van a terminar el puente y los trenes no se detendrán más", dijo su padre.

Nacha sueña de noche con trenes veloces que la persiguen, con trenes larguísimos que pasan junto a ella sin detenerse, y se despierta con la frente mojada de sudor.

Pero lo peor no es eso. Lo peor es que su madre ya no se pone contenta con lo que lleva, le parece poco, le grita igual que antes, le pega igual que antes y no quiere que se saque de encima ese saquito roto por cuyos agujeros le entra todo el frío del invierno y se le escapa toda la maravilla de la infancia.

Poldy Bird, 'Cuentos para leer sin rimmel', edición 66ª

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miércoles, agosto 08, 2007

Algunas verdades

Recibirás un Cuerpo

Puede gustarte o no, pero será tuyo durante todo el tiempo que estés aquí. Cuídalo. Tu cuerpo será tu vehículo durante el tiempo que dure tu permanencia en esta escuela.

Aprenderás Lecciones

Estás inscripto en una escuela informal de tiempo completo llamada Vida. En esa escuela cada día tendrás más oportunidad de aprender cosas. Es posible que las lecciones te gusten o que te parezcan irrelevantes y tontas.

No Hay Errores, Sólo Lecciones

El crecimiento es un proceso de prueba y error: es una experimentación. Los experimentos fallidos forman parte del proceso en igual medida que el experimento que funciona bien.

Una Lección se Repite Hasta aprenderla

Una lección se presenta de varias maneras hasta que la aprendas. Una vez que la hayas aprendido, puedes pasar a la siguiente.

Las Lecciones no Tienen fin

No hay nada en la vida que no contenga sus lecciones. Si estás vivo, siempre tendrás algo para aprender.

"Allí" no es Mejor que "Aquí"

Cuando tu "allí" se convierte en un "aquí", simplemente tendrás otro "allí" que de nuevo parecerá mejor.

Los Otros no son más que tus espejos

No puedes amar u odiar algo en otra persona a menos que refleje algo que amas u odias en ti mismo.

Lo que haces de tu vida depende de ti

Tienes todas las herramientas y los recursos que necesitas. Lo que hagas con ellos depende de ti. La decisión es tuya.

Tus respuestas están dentro de ti

Las respuestas a los interrogantes de la Vida están en tu interior. Todo lo que debes hacer es mirar, escuchar y confiar.

Olvidarás todo esto

Mas siempre que quieras, podrás recordarlo.

Y finalmente...

Recuerda que no somos humanos haciendo una experiencia espiritual. Somos espíritus haciendo una experiencia humana.

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martes, agosto 07, 2007

Como las semillas

Si una semilla ha sido plantada en suelo fértil y recibe suficiente agua y sol, no tiene que tratar de germinar.

No necesita confianza en sí misma, ni autodisciplina, ni perseverancia. Simplemente germina. En realidad, no puede evitar germinar.

Si una semilla tiene que crecer debajo de una roca, o en la sombra o sin agua suficiente, no se convertirá nunca en una planta floreciente de tamaño natural.

Lo intentará , con todas sus fuerzas, porque el instinto de convertirse en lo que se está destinado a ser es increíblemente poderoso.

Pero a lo sumo llegara a ser una especie de sombra de lo que pudo ser: algo pálido, pequeño y lánguido.


En cierta forma, eso es la mayoría de nosotros.

Extraído de "La Magia del Deseo"
Barbara Sher y Annie Gottlieb

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sábado, agosto 04, 2007

A las puertas de la Gloria

Un hombre llega a la puerta que conduce a la Gloria e implora del que la guarda que lo deje pasar. El portero le dice que por el momento no puede admitirlo. Aunque la puerta que lleva a la Gloria permanece abierta, el hombre decide que mejor debe esperar hasta obtener el permiso para entrar.

En consecuencia, toma asiento y espera ahí durante días y años.
Repetidamente pregunta si ya lo dejaran pasar, pero siempre le responden que todavía no puede hacerlo.

A lo largo de todos estos años, el hombre estudia al portero casi sin interrupción y aprende a conocer todo sobre él, incluso las pulgas de su cuello de piel. Finalmente esta viejo y próximo a la muerte. Y, entonces, por vez primera pregunta:


- ¿Como es que en todos estos largos años nadie mas que yo ha venido a pedir que lo dejen entrar?


A lo que el portero contesta: - Nadie sino Usted pudo ganar esta puerta, dado que a Usted estaba destinada. Ahora voy a cerrarla.-


El anciano esta demasiado viejo para comprender, aunque tal vez tampoco hubiera comprendido de haber sido mas joven.


Los burócratas tienen aquí la ultima palabra; a la negativa de ellos, él no podía pasar. Pero si hubiera tenido algo mas que esta pasiva y expectante esperanza, él habría entrado y su valor para hacer caso omiso de los burócratas habría constituido el acto liberador que lo habría conducido al reluciente palacio.


Muchos individuos son como el anciano. Conciben esperanzas, pero no les es dado actuar de acuerdo con el impulso de su corazón y mientras los burócratas no les permiten el paso, ellos esperan y esperan.


Extraído de "La Revolución de la Esperanza"
Erich From

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viernes, agosto 03, 2007

¡Despierta!

(Desconozco el autor)


Despierta, sacúdete el polvo, espabílate. La humanidad nos necesita.

Salte de esa zona de comodidad donde te mueves, eso no es lo único que existe.

Deja todo lo que sabes y todo lo que crees. Tus valores, tus miedos y tus limitaciones. Tu pasado y tu historia. Deja todo lo conocido, cotidiano y fácil. Deja tu confort, ese lugar y modo de vivir.

Ten grandes proyectos, busca resultados extraordinarios, nuevas oportunidades, disponte a correr riesgos.

Atrévete a transitar caminos difíciles o incómodos.

Aprende a caminar en la cuerda floja.

Levanta la vara que mide tu potencialidad.

Ten seguridad en ti mismo para permanecer solo, coraje para tomar las decisiones más difíciles, audacia para transitar hacia lo nuevo con pasión, y ternura suficiente para escuchar a los demás.

Se un líder por la calidad de tus acciones y la integridad de tus intentos.

Se como las águilas que no vuelan en bandadas, y surca los aires volando solo...

Nadie vendrá a rescatarte.

Nadie cortará la rama.

Tu eres el gran mago de tu vida.

El futuro está en tus manos.

Solo necesitas comenzar... AHORA.

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Intereses



Cuando eramos pequeñas, a mis hermanas y a mi nos gustaba ir de compras a la tienda con Mamá. Mientras ella se formaba para pagar, nos montábamos en el caballo mecánico de color marrón, frente al mostrador. Como no podíamos darnos el lujo de gastar una moneda para hacerlo funcionar, nos contentábamos con montar el caballo una vez por semana e imaginar que cabalgábamos.

Pero un día sucedió algo extraño: el siempre inmóvil corcel se puso en acción.

Un hombre nos sonreía. Parecía granjero; era delgado y llevaba un sombrero vaquero de paja. Sin duda, en su vida había tenido menos tiempo para la frivolidad que nosotras.

Un galope en caballo mecánico no dura mucho; lo sabíamos, y por eso lo gozábamos al máximo. Después de tantos años, he tratado de vivir siguiendo el ejemplo de discreción de aquel hombre que echó la moneda.

Muchas veces he deseado tener la oportunidad de hacer saber a ese hombre lo mucho que significo aquel singular acto de bondad; pero me imagino que, probablemente, ya haya ido por su recompensa desde hace mucho. Espero que su premio sea grande; su moneda, desde entonces, ha ganado intereses.


Extraído de Reader´s Digest Selecciones
Febrero 1991

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jueves, agosto 02, 2007

¿Te hace feliz tu pareja?

(Desconozco el autor)


En cierta ocasión, durante un seminario para matrimonios, le preguntaron a una mujer: ¿Te hace feliz tu esposo?... ¿Realmente te hace feliz?

En ese momento, el esposo levantó ligeramente el cuello, en señal de seguridad. Sabía que su esposa diría que sí, pues ella jamás se había quejado durante su matrimonio.

Sin embargo la esposa respondió con un rotundo ¡No!... ¡No me hace feliz!

Y ante el asombro del marido... continuó: No me hace feliz... ¡YO SOY FELIZ!...


El que yo sea feliz o no, eso no depende de él, sino de mí.


Yo soy la única persona de quien depende mi felicidad.


Yo decido ser feliz en cada situación y en cada momento de mi vida, pues si mi felicidad dependiera de alguna persona, cosa ó circunstancia sobre la faz de esta tierra, yo estaría en serios problemas.


Todo lo que existe en esta vida, cambia continuamente... El ser humano, las riquezas, mi cuerpo, el amor placeres, etc. y así podría hacer una lista interminable.


A través de toda mi vida, he aprendido algo: decido ser feliz y lo demás lo llamo... Experiencias, amar, perdonar, ayudar, comprender, aceptar, escuchar, consolar.


Hay gente que dice:


No puedo ser feliz... porque tengo esta enfermedad, porque no tengo dinero, porque hace mucho calor, porque alguien me insultó, porque alguien ha dejado de amarme, porque alguien no me valoró...


Pero... lo que no sabes es que... PUEDES SER FELIZ... aunque tengas una enfermedad, aunque haga calor, aunque no tengas dinero, aunque alguien te haya insultado, aunque alguien no te amó, o no te haya valorado.


SER FELIZ ES UNA ACTITUD ANTE LA VIDA, QUE CADA QUIEN DECIDE!!!



De que seas feliz, se lo debes a Dios; de que continúes siéndolo, te lo debes a ti mismo.

(J. Melton)

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miércoles, agosto 01, 2007

¿Cómo hacer lo que no se puede hacer?

(Jack Riemer, Houston Chronicle, 10/02/2001)

El 18 de noviembre de 1994, el violinista Itzhak Perlman entró al escenario para dar un concierto en el Avery Fisher Hall, del Lincoln Center de Nueva York. Si alguna vez ustedes estuvieron en un concierto de Perlman, sabrán que llegar al escenario no es un pequeño logro para él. Tuvo polio de niño, y por eso tiene abrazaderas en ambas piernas y camina con la ayuda de dos muletas.

Verlo cruzar por el escenario dando un paso por vez, costosa y lentamente es una visión asombrosa. Camina penosa pero majestuosamente hasta llegar a su silla. Se sienta lentamente, pone sus muletas en el suelo, afloja los sujetadores de sus piernas, toma un pie hacia atrás y extiende el otro hacia adelante, luego se inclina y levanta el violín, lo pone bajo su mejilla, hace una señal al director y comienza a tocar.

El público ya está acostumbrado a este ritual. Los espectadores permanecen sentados mientras él hace su trayecto hasta su silla. Mantienen un reverente silencio mientras él afloja las abrazaderas de sus piernas y esperan hasta que está listo para tocar. Pero esta vez algo anduvo mal.

Justo cuando terminaba sus primeras estrofas, una de las cuerdas de su violín se rompió. Pudimos escuchar el ruido, como un tiro atravesando el salón. No había equivocación sobre lo que ese sonido significaba. No había tampoco dudas sobre lo que él tendría que hacer. Los que estábamos allí esa noche, pensamos: "tendrá que levantarse, ajustarse las abrazaderas otra vez, levantar las muletas y arrastrarse fuera del escenario ya sea para encontrar otro violín, o encontrar otra cuerda para el suyo".

Pero él no lo hizo. En su lugar, esperó un momento, cerró los ojos e hizo la señal al director de comenzar nuevamente. La orquesta comenzó, y él tocó desde el punto en el que se había detenido. Y tocó con tanta pasión, tanto poder y tanta pureza como nosotros nunca lo habíamos escuchado antes. Por supuesto todo el mundo sabía que es imposible interpretar una obra sinfónica con solo tres cuerdas. Yo sé eso, y seguramente muchos de ustedes también. Pero esa noche Itzhak Perlman rehusó saberlo.

Uno podía observar cómo modulaba, cambiaba y recomponía la pieza en su cabeza. En un punto, eso sonó como si estuviera sacando el sonido de la cuerda que se había roto y consiguiendo nuevos sonidos que ellas nunca antes habían producido.

Cuando terminó, hubo un impresionante silencio en el sala, la gente se levantó y lo aclamó. Hubo una explosión de aplausos desde cada rincón del auditorio. Estábamos todos de pie gritando y aclamando, haciendo todo lo que podíamos para demostrar cuánto apreciábamos lo que él acababa de hacer.

Perlman sonrió, se secó el sudor de sus cejas, alzó su arco para callarnos, y dijo, en un tono tranquilo, pensativo y reverente: "Ustedes saben,... algunas veces... la tarea del artista es descubrir cuánta música uno puede hacer con lo que aún le queda".

Que maravillosa frase ésta. Ha permanecido en mi mente desde que la escuché. Y ¿quién sabe?, tal vez es la definición de la Vida, no sólo para los artistas sino para todos nosotros. He aquí un hombre que se ha preparado toda su vida para hacer música con un violín de cuatro cuerdas, pero repentinamente, en medio de un concierto, se encuentra con sólo tres cuerdas, y entonces hizo música con tres. Y la música que hizo esa noche fue más hermosa, sagrada, y memorable que ninguna que haya hecho jamás, cuando él contaba con un violín de cuatro cuerdas.

Así que, tal vez, nuestra tarea en este mundo que vivimos, confuso, inestable y que cambia velozmente sea hacer música, al principio con todo lo que tenemos, y luego, cuando eso no es más posible, hacerlo con lo que nos quede.


El hombre que soporta con lamentos la adversidad se causa a sí mismo mayor pena.
(Franz Schubert)

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martes, julio 31, 2007

El cielo y el infierno

(Sergio Valdivia)


Es de conocimiento general que muchas personas no logran controlar ciertas emociones intensas. Es fácil reaccionar de manera desproporcionada. Un incidente relativamente sin importancia puede provocar un fuerte descontrol emocional. La ira puede llegar y perdurar por algún acontecimiento que objetivamente no es tan fundamental. Mucha gente se arrepiente posteriormente de haberse comportado agresiva, pero el mal ya está hecho.

Determinantes decisiones son tomadas a veces llevados por la emoción, comprometiendo a una persona su propio futuro: trabajo, estudios, pareja, etc.

Quien no logra dominar sus emociones vive un verdadero infierno. Tengo una amiga que es "víctima" frecuente de la envidia de una mujer, familiar cercano. Sin embargo, quien más sufre es quien tiene la envidia. El rencor, el resentimiento, la envidia y otros sentimientos similares, destruyen a quien las posee, enfermándole y acortándole la vida. O, en el mejor de los casos, deteriorando mucho su calidad de vida. No hay que molestarse con una persona así, hay que tenerle compasión.

Una manera de comenzar a tener un dominio, es ser capaz de observar con imparcialidad y objetividad los sentimientos que se tienen. Hay que intentar "desdoblarse". Una parte del ser contempla las emociones y comportamientos del otro. Cuando seas capaz de decir: "eso que tengo se llama ira, eso otro se llama envidia", entonces estarás comenzando a serenarte y controlar tus emociones desmedidas.

Daniel Goleman cita la siguiente historia.

El anciano monje estaba sentado a la vera del camino con los ojos cerrados, las piernas cruzadas y las manos en el regazo, sumido en profunda meditación.

De pronto, la voz áspera y exigente de un guerrero samurai interrumpió su paz.

-¡Tú, anciano! ¡Enséñame qué son el cielo y el infierno!

Al principio, el monje no dio señales de respuesta, como si no hubiera oído.

Pero poco a poco fue abriendo los ojos; un leve dejo de sonrisa jugaba en las comisuras de su boca. Mientras tanto, el samurai aguardaba con impaciencia, agitándose más y más con cada segundo transcurrido.

-¿Deseas conocer los secretos del cielo y el infierno? -dijo el monje, por fin-. Tú, que estás tan desaliñado. Tú que tienes las manos y los pies cubiertos de polvo. Tú, que vas despeinado y con mal aliento. Tú, que cargas una espada herrumbrosa y descuidada. Tú, tan feo, vestido por tu madre de esa manera tan ridícula, ¿tú me preguntas por el cielo y el infierno?.

El samurai pronunció una vil maldición y, desenvainando la espada, la elevó por encima de su cabeza. Se había puesto color carmesí; las venas se le marcaban en el cuello en nítido relieve, en tanto se disponía a degollar al monje.

-Eso es el infierno -dijo suavemente el anciano monje, en el momento en que la espada iniciaba su descenso-. Esta espada, esta ira, este ego, te abren la puerta.

En esa fracción de segundo, el samurai quedó sobrecogido de asombro, respeto religioso, comprensión y amor hacia ese gentil ser que había osado arriesgar la vida misma para transmitirle su enseñanza. La espada se detuvo en plena trayectoria y los ojos se le colmaron de lágrimas agradecidas.

-Y eso -dijo el monje- es el cielo.

Si eres paciente en un momento de ira, escaparás a cien días de tristeza.

(Proverbio chino)

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